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El sector avícola exige quita de retenciones y «zonificación» para sostener el crecimiento

El pasado jueves 2 la avicultura argentina celebró doble: fue el Día Nacional de la Avicultura y el 60° aniversario del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA). También participó de los festejos la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA).

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Durante el evento, Franco Santángelo, presidente del CEPA, y titular de Soychú, una de las empresas avícolas más importantes del país, hizo declaraciones que marcan el rumbo de esta actividad productiva: “Con el mercado interno plenamente abastecido, el crecimiento y la previsibilidad de la avicultura dependen indefectiblemente de la exportación”, sostuvo el dirigente.

Cuando Santángelo habla de “mercado interno plenamente abastecido”, hace referencia a un escenario pocas veces visto en la Argentina: durante el año pasado, el consumo de carne de pollo por habitante trepó hasta los 49,4 kilos, una cifra récord, muy similar al consumo de carne vacuna, que fue de 49,92 kilos por habitante. Asimismo, cada argentino consumió 398 huevos durante el año, siendo el país de mayor consumo per cápita del planeta. Para 2026, el consumo proyectado de carne de pollo superará por primera vez los 50 kilos por habitante por año, mientras que el de huevos alcanzará las 430 unidades por persona.

Este boom del consumo de productos avícolas se explica por diferentes factores, empezando por el precio, ya que se trata de una proteína de buen valor nutricional que encaja mucho mejor que otras carnes dentro del menguado presupuesto promedio de los consumidores. También es un logro de la cadena productiva que pudo sostener el abastecimiento sin dejar de entregar productos de buena calidad, cuestión que no siempre sucede cuando una producción se ve desbordada por la demanda. Finalmente, la versatilidad del pollo para integrarse a la dieta nacional y su disponibilidad permanente colaboran para que la curva ascendente de la demanda se sostenga en el tiempo. 

Traducido a números, el propio CEPA indica que durante 2025 la producción total fue de 2,47 millones de toneladas, lo que representa la faena de unas 750 millones de aves en establecimientos habilitados por el Senasa. “Somos la proteína más económica y accesible, y tenemos el compromiso de seguir alimentando a la población argentina”, aseveró Santangelo, sin dejar de señalar que la cadena aviar demanda anualmente unas 5 millones de toneladas de maíz y otras 2,1 millones de toneladas de soja, siendo una de las principales convertidoras de granos en proteína del país. Además, recordó que durante 2025 la actividad facturó más de 9.000 millones de dólares. Por otro lado, es para destacar que la avicultura hoy es una de las principales economías regionales del país, cubriendo una geografía que abarca las provincias del centro y el litoral, sosteniendo unos 115.000 puestos de trabajo, entre empleos directos e indirectos. En la producción de carne se desempeñan unas 80.000 personas, mientras que otras 35.000 se dedican a la producción de huevos.

Este boom del consumo de productos avícolas se explica por diferentes factores, empezando por el precio, ya que se trata de una proteína de buen valor nutricional que encaja mucho mejor que otras carnes dentro del menguado presupuesto promedio de los consumidores.

El titular del CEPA se refirió además a la exportación, otro mercado en el que la avicultura nacional últimamente ha sufrido algunos altibajos debido a los focos de Influenza Aviar detectados por el Senasa que se tradujeron en restricciones comerciales por los protocolos de la Organización Mundial de Sanidad Animal. La cadena vivió un intenso debate entre vacunar masivamente a los planteles o no hacerlo, ya que los principales países compradores no aceptan este tipo de tratamientos y podrían cambiar de rumbos para abastecerse en naciones libres de la enfermedad sin vacunación.

Sin embargo, Santángelo destacó que la Argentina finalmente pudo recuperar su status de país libre de influenza aviar luego de los dos brotes registrados durante el último año, gracias a la rápida acción conjunta del sector privado y el Senasa. Esto posibilitó mantener vigentes más de 100 habilitaciones para exportar y así se pudo enviar producción a más de 70 destinos durante 2025. De todas maneras, el dirigente advirtió que aún restan recuperar plenamente algunos mercados estratégicos.

En este sentido, el CEPA viene reclamando que se implementen por parte del Gobierno nacional los llamados esquemas de «zonificación», que permitan exportar directamente desde provincias libres del virus aunque aparezcan focos aislados en otras regiones. Asimismo, Santángelo insistió en que es necesario un mayor acompañamiento por parte del Poder Ejecutivo para destrabar el mercado chino, uno de los destinos más importantes para la avicultura nacional.

En síntesis, el presidente del CEPA explicó que para mantener un crecimiento anual cercano al 2%, la actividad requiere añadir unos 200 nuevos galpones tecnificados por año, para lo cual son necesarias grandes inversiones en infraestructura, energía y caminos rurales. Para lograr ese objetivo, Santángelo reiteró una lista de reclamos al Gobierno nacional entre los que figuran la eliminación de los derechos de exportación para la carne aviar, la devolución del saldo técnico del IVA y la reducción de la carga tributaria para la producción de huevos.

 

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