Argentina / 14 febrero 2026

temperature icon 19°C
Edit Template
El analista en su salsa: subjetividad y época

Durante la pandemia, miles de analistas y psicólogos escucharon a pacientes hablar frente a una pantalla. No porque faltara alguien del otro lado, sino porque algo del lazo ya estaba dañado antes. La escena condensó una transformación más amplia: subjetividades saturadas de estímulos, atravesadas por la técnica y el mercado, pero cada vez más solas. No fue un paréntesis sanitario. Fue una escena inaugural. En diálogo con los debates abiertos por Nora Merlin en 4Palabras, esta nota se inscribe en esa tensión donde la técnica acelera, el mercado promete alivio inmediato y la palabra pierde espesor. ¿Qué ocurre con el deseo cuando el malestar se gestiona como consumo y el lazo se vuelve residual?

Compartir:

Compartir:

Con nota de Albanese

Habitar la época actual supone moverse en un exceso de comunicación y de información que, lejos de garantizar el encuentro, muchas veces lo vuelve imposible. Vivimos una era donde las nociones del tiempo y del espacio común han cambiado. En este escenario sentar las bases para un diálogo se vuelve una tarea titánica. 

El ruido informativo erosiona la discusión y deja subjetividades fragmentadas, cansadas. En ese escenario, el psicoanálisis no queda afuera: trabaja ahí mismo. La inteligencia artificial representa una alteridad que debe sostenerse en el debate público, y en la clínica, en pos de una subjetividad de época distinta a la del algoritmo.

Volver a Freud resulta inevitable para pensar una época en la que lo masivo, paradójicamente, se vive en soledad. Tiempo y espacio: para la ciencia física son conceptos relativos entre sí. No existe uno sin el otro. Para lo social hoy representan un cambio de época difícil de asimilar.

Imposible suponer un analista que no participe en su época. Desde la Viena victoriana de Freud, pasando por la efervescencia intelectual parisina de Lacan, hasta la compleja Argentina de ayer y de hoy, el psicoanálisis sostiene su vigencia en una alteridad fundante: el sujeto del deseo.

Lo hace resistiendo a detractores y rivales, y mostrando que aún permite leer una escena social saturada de estímulos que prometen satisfacción inmediata y empujan al goce solitario. Incluso el concepto de masa exige ser revisitado. Volver a Freud resulta inevitable para pensar una época en la que lo masivo, paradójicamente, se vive en soledad. Tiempo y espacio: para la ciencia física son conceptos relativos entre sí. No existe uno sin el otro. Para lo social hoy representan un cambio de época difícil de asimilar.

La clínica en movimiento: del cuerpo a la voz

Nuestra práctica se liga al sufrimiento actual, y las modalidades de trabajo han tenido que mutar. La pandemia aceleró una apertura: del consultorio físico a la video llamada y el celular. ¿Es posible acaso sustraerse de estas herramientas para la clínica hoy en día? El caso de H, un joven abogado de menos de 30 años, ilustra este pasaje.

Tras algunas primeras entrevistas presenciales, el tratamiento se desplazó hacia una modalidad virtual. La falta de tiempo y la lógica de la optimización impusieron el cambio. El cuerpo quedó fuera de escena: pasé a ser, simplemente, una voz al teléfono. La demanda de época se recortó ahí, entre el hábito y el grito.

H plantea una demanda que resuena como imperativo contemporáneo:“tenes que ayudarme con mis hábitos”. No habla de deseos, sino de conductas de consumo “para gozar lo que en esta vida miserable a diario me hace sufrir”. Economía desorganizada, gastos excesivos, hábitos que lo dejan vacío, “con panza y solo”. Demanda de época por excelencia: el pedido de un manual de instrucciones para regular el exceso.

Sin embargo, el núcleo de su padecer se reveló en la distancia que permite el teléfono. H relata un posible encuentro con alguien que viene hablando, quien dice tener HIV positivo indetectable. Normalmente esto sería un obstáculo, pero decide ir con una disposición distinta, “fuera de la lógica de consumo”, dice con complicidad. Piensa ir y hablar, en tanto en la sesión asocia su ser a-dicto con su dificultad para hablar.

Finalmente ante mi señalamiento de que, por el contrario, posee una gran fluidez verbal, él arroja una verdad tajante: reconoce su facilidad de palabra, pero advierte que cada vez que consume, fuma o come, lo hace siempre a solas y en silencio.

 

Francisco Albanese es Licenciado en Psicología UBA. Psicoanalista y docente universitario

 

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Temas relacionados

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado

Publicidades

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: