Argentina / 8 febrero 2026

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Claudia Piñeiro y la serie El tiempo de las moscas: “Los escritores detectamos los procesos que ya están en el aire”

La escritora habló con 4Palabras acerca del salto a la pantalla de su emblemático personaje Inés en la nueva serie de Netflix. Los desafíos de la industria audiovisual argentina, la vigencia del feminismo y las fallas del sistema de salud. También reflexiona sobre por qué sus historias suelen anticipar los climas sociales de la época.

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El universo literario de Claudia Piñeiro ha demostrado, una vez más, su capacidad para capturar el clima de época de la Argentina. Con el estreno en Netflix de El tiempo de las moscas, dirigida por Ana Katz y Benjamín Naishtat, la historia de Inés —protagonista de las novelas Tuya (2005) y el libro que le da título a la serie (2022)— saltó a las pantallas y logró encabezar los rankings de la plataforma.

Protagonizada por Carla Peterson y Nancy Dupláa, la serie pone sobre la mesa debates urgentes: la reinvención personal tras la cárcel, el feminismo como red de supervivencia y las deudas de un sistema de salud quebrado.

En diálogo con 4Palabras, la autora desanda el camino de esta adaptación (en la que incluso se permite un “cameo”), analiza el peso de las asambleas feministas como espacios democráticos y explica por qué, a veces, la ficción parece tener dotes de oráculo para entender lo que sucede.

 

¿Cómo interpretás el éxito de la serie en este momento delicado para las producciones nacionales?

Cuando se nos pregunta cuál es el valor de la cultura, del arte, cuesta decir cuál es ese valor. Y cuando se dan estos procesos en los cuales tanta gente comenta algo y la pasa bien y se disparan pensamientos a partir de lo que estás exponiendo como un producto artístico, me parece que esa es la respuesta. En estos tiempos, es importante porque en general se mide todo muy económicamente, ¿no? Cuánta plata genera algo, cuánta plata no genera. Esta serie está hecha por Netflix, que es una empresa extranjera, pero también hay una productora local que es Haddock de Vanessa Ragone y hay un montón de personas, desde los directores hasta los actores, las actrices, el personal técnico, etcétera, que es todo talento argentino puesto a hacer esa serie. Todo eso es importante para valorar lo que tenemos acá como talento. Netflix puede hacer una, dos, tres, cuatro, cinco series por año. Necesitamos también que ese talento siga trabajando en otras producciones y que se sigan contando historias que son nuestras, porque no es lo mismo contar esa historia acá que contar una parecida en otro lugar. Por otra parte, esta historia viaja a otros países y también estamos contando cómo somos nosotros.

Tenés una breve participación especial en la serie. ¿Cómo fue esa experiencia?

En todas las otras, hice alguna participación. Cada vez hablo más, en la próxima me van a dar un papel directamente. Me gusta mucho, pero realmente me doy cuenta de que es un trabajo que no sé si podría hacer. Para hacer una escena hay que repetir 200 veces lo mismo, con distintas cámaras, más allá que no te equivoques y que salga todo bien, hay que estar mucho tiempo repitiendo lo mismo. La sensación es que hay mucho tiempo muerto en los sets de filmación, que los actores lo llevan súper bien porque es su trabajo.

Varias de tus novelas ya fueron adaptadas a la pantalla. En este caso, no escribiste los guiones [son de Gabriela Larralde y Nicolás Diodovich]. ¿Cómo es ver tu escritura reinterpretada por otros? ¿Qué cosas descubrís de tu propia escritura?

Por lo pronto, yo antes de ver la serie leo los guiones. Los reviso y si hay alguna cosa que me parece que puede ser importante, lo comento. En el caso de esta experiencia que es El tiempo de las moscas y Tuya, me interesaba mucho ver cómo funcionaba eso de meter Tuya dentro de una cápsula, porque rompe con la estructura y cuenta en un solo capítulo algo que es una novela aparte. También me interesaba ver cómo funcionaba esto como audiovisual sin toda la parte del coro. Para mí, el coro de mujeres que hay en la novela es muy importante y le da mucha profundidad, otra materialidad, y eso es muy difícil de llevar al audiovisual, o por lo menos no le encontraron la vuelta. Al perderse eso, quería ver si funcionaba de todos modos y me parece que sí, porque la serie fue un éxito y la gente estaba muy contenta.

“Todo el proceso de las asambleas feministas en los tiempos que estuvimos viendo lo de la ley del aborto y otros temas, fueron un ejercicio extraordinario de democracia. Lo que replico en la novela es un coro, una asamblea donde todas las voces tienen la misma categoría, se discuten las ideas, se vota, se decide”. Claudia Piñeiro.

 

En la novela, ese coro representa una especie de asamblea en la que debaten sobre lo que pasa y votan. ¿Ves al feminismo como un resguardo de la democracia?

Todo el proceso de las asambleas feministas en los tiempos que estuvimos viendo lo de la ley del aborto y otros temas, fueron un ejercicio extraordinario de democracia. Lo que replico en la novela es un coro, una asamblea donde todas las voces tienen la misma categoría, se discuten las ideas, se vota, se decide. En el medio de esas voces aparecen Judith Butler, Rita Segato, Vivian Gornick, pero hablan con la misma categoría que el resto y la que sigue a lo mejor la contradice y votan eso y no lo que dijo Judith Butler. Es un ejercicio muy horizontal de la democracia que me parece que fue muy bueno. Yo no sé cómo están siendo esas asambleas ahora porque hace rato que no voy y me temo que, aunque deben suceder, no tienen hoy el peso que tenían porque además las feministas tenemos la culpa de todo, entonces estamos como cuidándonos de qué decimos o qué no decimos. Llueve más de la cuenta y te dicen “¿qué tienen las feministas para decir de esto?” Me imagino que esto está vivo, aunque esté cuidado, puertas adentro, esto está vivo y en cualquier momento va a volver a aparecer.

Inés tiene un interés especial por las moscas. Leyendo la novela o viendo la serie, uno se da cuenta de cuán presentes están en un montón de frases cotidianas. ¿Cómo descubriste las moscas como hilo para la narración?

Ella tiene como unas manchitas negras que te aparecen en los ojos, que las llaman “mosquitas” y que yo las tengo. Entonces apareció primero por ese lado. Y después me empezaron a aparecer las moscas. Como dice Flannery O’Connor en un ensayo, cuando aparecen esas cosas, vos las dejás y si se cargan de sentido, quedan y si no las tenés que sacar. Acá se empezó a cargar de sentido porque ella tenía que tener una profesión y me pareció que una profesión indicada era la de fumigar. Fumigar es matar insectos que están vivos y eso me permitía que ella tuviera reflexiones acerca de la muerte y acerca de matar, porque ella mató a una persona y por eso fue a la cárcel. Entonces me permitía reflexionar sobre en qué caso es válido matar a un animal, si es que en algún caso es válido. Eso te lleva a pensar sobre la guerra, sobre un montón de otras muertes donde a veces parece que hay muertes que son más importantes que otras.

En la novela es muy importante el tema del “renacimiento”. En el caso de Inés, porque está saliendo de la cárcel, pero también aparece un personaje que es un chico trans. Pareciera que hay “renacimientos” que se aceptan y otros que no.

Sí, por supuesto, siempre hay muchos prejuicios y también depende las épocas. Cuando escribí El tiempo de las moscas, había ciertos cambios que parecía que habían sido aceptados y que no iba a haber marcha atrás. Hoy empezás a ver un montón de modelos muy conservadores con respecto a muchos temas, mucha objeción sobre todo lo que tiene que ver con lo LGTB, con lo trans, con el lugar de la mujer independiente, esta aparición de las tradwife, que serían lo que era Inés en Tuya. Depende de los tiempos, los lugares y las modas, parecería que algo como la vida de cada uno de nosotros está sujeto a esas cuestiones. Es una pena, porque hay mucha gente que sufre. Hay un adolescente que decide transicionar en la novela y eso en la serie está trabajado de otro modo. En la novela, el chico se termina suicidando. En una serie que la puede ver mucha gente con distinta preparación para estos temas, supongo que decidieron un suicidio era algo complicado para el tono que había tomado la serie. Entonces eligieron otra opción que me parece que igual cuenta esta cosa del rechazo a ciertas elecciones sexuales de los demás sobre las cuales probablemente no tendríamos que opinar.

Parte del renacimiento de Inés tiene que ver con su maternidad. ¿Cómo cambió eso para ella?

En Tuya, Inés finge ser una madre perfecta. Ella finge ser lo que no es. Después de que pasa por la cárcel y reaparece en El tiempo de las moscas, ella acepta que nunca quiso ser madre, acepta que no le salía eso bien. Entonces, a partir de esa aceptación puede hacer algo, porque mientras ella fingía, ella era un desastre, porque era todo ficción. 

También en El tiempo de las moscas, como en otras novelas tuyas, hay una crítica fuerte a las fallas del sistema de salud.

Sí, yo ese tema lo vengo trabajando desde Elena sabe y acá regresa. Es un sistema de salud que tiene muchas complicaciones, mucha gente no puede tener una obra social paga y entonces termina cayendo en turnos que te dan para dentro de no sé cuántos meses, cuando a lo mejor tu dolencia es algo que necesita ser atendido rápidamente. Esto no mejoró en los últimos tiempos, sino que empeoró. Es algo muy alarmante. Es una pena porque hay ciertas cosas del país que eran para enorgullecernos, como la salud y la educación pública. Cosas que tanto tienen que ver también con nuestra identidad, bancar entre todos la salud y la educación del que lo necesita, parecería que ahora hay mucha gente a la que no le importa. Espero que con el tiempo vuelva a importar.

Se habla de Inés y “La Manca” como unas Thelma y Louise locales. ¿Era una referencia que tenías al momento de escribir?

Sí, yo las tuve en cuenta. Esa escena final en que ellas se van con la moto y terminan en ese acantilado, es un final diferente al de Thelma y Louise, porque ellas terminan en un acantilado, pero con un final dramático. Hoy, justamente a partir de esa comunidad que se armó entre las mujeres, no es necesario terminar de esa manera trágica, hay instancias anteriores para darnos la mano y apoyarnos y solucionar las cosas antes de llegar a tirarte por el acantilado. Era como dar una vuelta a esa escena.

Junto a Marcelo Piñeyro escribiste la serie El Reino. ¿Qué sentís cuando la toman como oráculo de lo que está pasando ahora? 

Antonio Tabucchi tiene un libro que se llama Autobiografías ajenas donde escribe que a los escritores muchas veces se nos dice que somos premonitorios o que vemos con anticipación las cosas; y él dice que, en realidad, lo que pasa es que son procesos que ya están en el aire. Los escritores los detectamos más rápido porque estamos con las antenas paradas y, además, tenemos la facilidad de bajarlo a palabras. En esa combinación, aparecen historias que dan la sensación de que salieron antes y, en realidad, es que ya está sucediendo, ¿no? El ejemplo es la metamorfosis de Kafka. Cuando Kafka escribe La metamorfosis, que muchos lo toman como una cosa premonitoria del nazismo, en realidad ya esas ideas estaban en la mente de muchas personas en esa sociedad y él lo empezó a detectar. Acá creo que hay algo de eso.

 

4Palabras

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