Criar hoy, según Paula Mayorga: límites, pantallas, frustraciones y tiempo pleno
Psicóloga y coordinadora del Equipo de Psicoterapia, Paula Mayorga analiza los principales desafíos de la crianza actual: los límites, los riesgos de la hiperconexión, las agendas sobrecargadas y la implementación de la ESI. Cómo repensar el rol de los adultos para acompañar con presencia y equilibrio.
- septiembre 9, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Una charla con padres y madres en el aula de un jardín. La suspensión del tiempo. La atención sostenida. La pausa para escuchar y repensar. O, en sus propias palabras, parar y reparar. Decenas de dudas. Paula Mayorga, psicóloga, docente de diversos posgrados de Psicoterapia Psicoanalítica. Así la conocí. Y había más preguntas. Por eso esta charla en la que aborda los principales desafíos de la crianza contemporánea: desde la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) y el uso de tecnologías hasta los límites y la prevención del suicidio.
En cuanto a la crianza actual, advierte: “No toda frustración es un trauma. Antes el lema era hacerlos fuertes; ahora es no romperlos, pero el hogar es el primer entrenamiento para la vida”. Y dice: “Creo en el reto: comprender al niño no significa justificar sus acciones”.
También se refiere al derecho de los niños a tener una vida en el mundo real, más allá de las pantallas: “Me preocupa el dispositivo en un chico que no tiene otra oferta que venga del hogar: oferta para hablar, divertirse o invitar amigos. Me preocupa un chico arrojado a una pantalla para que no moleste o porque está solo mucho tiempo”.
Mayorga cuestiona las agendas sobrecargadas que privan a los niños de lo que ella denomina tiempo pleno. “No se cree en el espacio ocioso ni en el silencio, cuando la creatividad surge del aburrimiento. Pensar que a un chico acelerado hay que cansarlo más es un error; los chicos funcionan como una batería: cuanto más la hacés andar, más acelerada va”, dice.
Hay muchos prejuicios todavía en torno a la ESI, ¿cómo se baja la educación sexual integral a niños de tres, cuatro o cinco años?
A los niñitos, más que bajarles información, lo que uno les baja es tolerancia, no prejuicio, inclusión, no limitar los talleres de bloques o cocina por género. Algo que seguramente algunos colegios ya no hacen. Pero en realidad la ESI tiene que estar en la cabeza de los maestros. O en conversaciones cotidianas con los chicos. Lo que me gusta más es si se lo dan como en formatos de taller, de reflexión, donde uno puede aportar algo de información, pero también escuchar lo que se animan a compartir ellos. Por ejemplo, en adolescentes, ¿qué pasa si a mí me gusta alguien del mismo sexo? Ahora ya no, pero antes había que aclarar que no era patológico. La Organización Mundial de la Salud no dice que la homosexualidad sea una enfermedad. No es un trastorno. Uno en un secundario sí puede enseñar. Es otra elección de género de enamoramiento del convencional, pero no es una enfermedad. De hecho, una puede aprovechar para mechar qué es un intersexo, estas personas que nacen genéticamente con características sexuales biológicas por ejemplo, cromosomas, genitales, u hormonas, que no encajan completamente en las categorías típicas de “masculino” o “femenino”. Eso es conocimiento. Me sirvió muchísimo verlo como un conocimiento de algo errado de lo biológico. A la vez, no es necesario tener una falla biológica para que a veces no coincida mi sensación de género o de pertenencia con mi género biológico. También es importante saber que lo que temen los padres es a qué haya una estimulación. Una cosa es un intento prejuicioso de represión, o inhibir y dejar en soledad a alguien que siente algo en relación al estereotipo que le pide una sociedad y cómo se siente él y otra cosa es una estimulación. Por eso algunos padres le tienen tanto miedo a la ESI, como si fuera a despertar desde afuera algo. En realidad, está hecha para que aprendan y les den un marco de lo que pudiera sucederles a ese nivel. Va a ser bien recibido, va a ser pensado e interpelado. En la adolescencia y con el crecimiento combinado con algunas dificultades en relación a familias, épocas, etc., puede ser que ocurran una cantidad de dismorfias o dificultades en la propia identidad. Por eso hay que ser cauteloso. Saber que es un proceso. Que se va a afirmar, se va a estabilizar o no. Es muy importante no andar etiquetando cuando una persona está en proceso de crecimiento, porque quiere decir proceso de cambio. Si lo etiquetamos o lo categorizamos, sonamos.
¿Te preocupa la relación de las nuevas generaciones con los dispositivos electrónicos?
Soy bastante confiada en la autorregulación si hay un ambiente facilitador de opciones. A mí lo que me preocupa es un chico arrojado a un dispositivo para que no moleste, o porque está solo mucho tiempo, o porque no está estimulado.
Me preocupa también todo lo nuevo que la tecnología puede causar en términos de scrolling, de manipulación perceptual y los efectos sobre la atención. Como entra lo extraño. Así como digo lo extraño, también digo lo diverso, y eso está bueno, porque uno también puede armar red. Pero se puede entrar en un proceso de grooming que es terrible, o cómo el bullying se puede extender hacia la casa, y ser acosado por redes también. Lo que me preocupa es el dispositivo en un chico que no tiene otra oferta que venga del hogar. Oferta para hablar, oferta para que se divierta, para que invite amiguitos. No por el dispositivo en sí solo.
Paula Mayorga: “Las agendas hipercargadas tienen lugar porque no creen en el espacio ocioso. No se cree en el silencio, ya no se apuesta a que la creatividad viene del aburrimiento. En la calma”.
La nueva generación de padres y madres siente que en algunos aspectos hacen las cosas un poco mejor de lo que las hicieron sus padres. Hay escucha, hay más atención. La contracara es que los niños se conviertan en pequeños tiranos, los amos de la casa, ¿cuál es el punto exacto del límite?
Parece que es propio de la condición humana, la historia suele avanzar pendularmente. Antes había que educarlos, civilizarlos, formarlos. Mirá las palabras. Ahora aparecen otras como acompañar, criar, estimular, etcétera. Uno es un poco, como decía Stephen Mitchell, como la metáfora del niño animal que hay que domesticar. Lo decía para otra cosa, pero me sirve mucho. Después nosotros entendimos que había que no adultomorfizar ese niñito y mirar la vida a través de sus ojos, tratar de entenderlo. ¿Cuál es el problema? Exactamente el que planteas. El confundir frustración con trauma, por ejemplo. Yo atiendo adultos, muchos tienen hijos. Entonces dicen, “lo que pasa es que no quiero decirle que no a esto, porque no quiero traumarlo”. Uy, pero ¿saben los pueblos que faltan para traumarlo? No toda frustración es un trauma. O no querer que se pongan tristes, mientras antes el lema era hacerlos fuertes. Ahora el lema es no romperlos.
Y el hogar es el primer lugar de entrenamiento para la vida. Lo que pasa es que cuando uno se pregunta cómo se hace, es una concepción filosófica. Por ejemplo, un niño puede ser egoísta o agresivo con su hermano. ¿Hay que comprender lo que le pasa por los celos? ¡Sí! Pero también uno lo puede retar, puede intervenir con firmeza. Lo puede comprender, pero eso no significa justificar sus acciones.
¿Cuáles son las consecuencias de las agendas sobrecargadas de los niños? Cada vez se parecen cada vez más a las de los adultos…
Hay un FOMO de estimulación. Ya no dejamos que los chicos tengan lo que llamo tiempo pleno. Odiaba cuando en el jardín de infantes en sala de cuatro empezaban con un cuaderno y en cinco con la lectoescritura y uno preguntaba, ¿pero por qué? La respuesta era “para que se prepare para primer grado”. Mi sensación era: ¿Por qué le tienen que sacar lo lúdico, lo imaginativo, que casi está reservado solo al jardín, para prepararse para primer grado? Les robamos el tiempo pleno. Porque en jardín, en vez de estar en jardín, ya estamos pensando en primer grado. Y en primaria pensando en secundaria. Ni hablar en secundaria preparándonos para “triunfar en la vida”. Además, en el fondo, filosóficamente siento que es pensar que ese niño se construirá con cosas que le metemos desde afuera. En vez de dejar apaciblemente que esa mezcla que es él vaya saliendo y buscando dónde apoyarse, qué le interesa.
Las agendas hipercargadas tienen lugar porque no creen en el espacio ocioso. No se cree en el silencio, ya no se apuesta a que la creatividad viene del aburrimiento. En la calma. Hay mucha persona con algo absolutamente errado, que es que “tiene tanta energía que lo canso y lo canso para que pueda estar relajado”. Es al revés. Los chicos funcionan como una batería. Más la haces andar y más acelerado anda. A un chico súper acelerado, uno le tiene que dar actividades calmas, más silenciosas. Yoga, pintura o algo así. Me parece que eso va contra la necesidad de estar en su casa. Están más horas afuera de su casa que los padres. ¿Y el cansancio dónde está? ¿Y el descanso dónde está?
La baja de natalidad se le está atribuyendo a muchas cuestiones distintas. Todo el mundo está opinando, desde el presidente que dice que tiene que ver con la ley IVE hasta sociólogos que opinan que se vincula con un capitalismo que celebra una sociedad sin hijos porque ese individuo es un consumidor ideal. Después están los jóvenes que dicen “no tengo un mango, no puedo criar hijos”, etc, ¿qué estás viendo?
No soy socióloga, no soy presidente. Llevo treinta años atendiendo. Lo que puede haber impactado es que ahora ser madre o no ser madre y ser padre o no ser padre en serio es una decisión aceptada por la sociedad. Está la posibilidad de elegir. Y que entre las mujeres también se envalentonan con eso unas a otras. Se preguntan entre sí “¿Querés?¿No querés?” A la vez, las que tuvieron hijos desromantizaron la maternidad, entonces las otras pudieron ver a su amiga cansada, exhausta, o a su amiga deteniendo un tiempo, en licencia. La desromantización es una variable y cada vez la legitimación de que la maternidad no deja de ser una vocación, y por ende electiva, me parece que ha tenido que ver con que la gente pare y repare.
Los suicidios son hoy la principal causa de muerte entre los jóvenes. Señalás que la prevención es clave, ¿de qué manera?
La prevención tiene que ver con ir criando personas en red, en cercanía cuando su vida por distintos motivos se obstaculiza. El suicidio no es sólo querer morirse, nadie se quiere morir. Sino que quieren terminar con un sufrimiento que se volvió insoportable. A veces es lo único que se imagina, por eso los suicidólogos dicen que la madre del suicidio es la desesperanza. Uno puede llegar a tenerlo como opción, como salida por múltiples factores. Por ejemplo, el sentir que no encajás en la sociedad. También se puede suicidar a alguien porque es impulsivo. En un momento de crisis o de frustración.Y la comorbilidad más cercana al suicidio es la depresión. La compañía es el mejor factor de protección. Es el mayor el respaldo. Uno tiene que estar atento a la tristeza del otro, a cómo el otro se va opacando, o se va aislando a la falta de proyecto, etcétera. Una sociedad que aísla, por supuesto, no presenta factores protectores. Ahora, una sociedad que explota o que mide todo en términos de desarrollo, será también muy frustrante para algunos.
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