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Adelqui del Do, militante que hizo escuela con el ejemplo

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Adelqui del Do

Hay personas cuya ausencia se vuelve difícil de nombrar porque no se llevan solamente su presencia, sino también una manera de hacer las cosas. Adelqui fue, para muchos de nosotros, una de esas personas. Su partida deja un vacío profundo, pero también la enorme responsabilidad de cuidar y continuar aquello que construyó durante años. Adelqui fue psicólogo, docente universitario, padre, investigador, dirigente sindical y un gran militante político. Pero ninguna de esas palabras, por separado, alcanza para explicar quién fue. En cada uno de esos espacios puso una misma convicción, y es que la defensa de la salud mental y de los derechos humanos no podía quedar reducida a una declaración de principios, sino que debía expresarse en las prácticas concretas, en las instituciones, en las aulas, en la gestión y, fundamentalmente, en la militancia popular.

Su trayectoria es extensa y habla por sí misma de su compromiso. Desde su trabajo docente en la materia Ética y Derechos Humanos de la Facultad de Psicología de la UBA y su participación como miembro de la Comisión Directiva de FEDUBA (Sindicato de docentes de la UBA), hasta sus responsabilidades en el ámbito de la salud pública como actual representante del Poder Ejecutivo Provincial en IOMA y ex Director del Centro Ulloa. También cabe señalar su lugar en el Tribunal de Ética de la APBA y distintos espacios de formación e investigación que lo vieron pasar y actuar.

Adelqui sostuvo siempre una mirada profundamente comprometida con lo público. Fue, además, cofundador de Enclaves y Coordinador Académico de la Diplomatura en Salud Mental y Derechos Humanos. Hizo aportes claves a investigaciones emblemáticas como Vidas arrasadas del CELS, y sus libros “Salud mental y Consumos problemáticos” y “Salud Mental y Derechos Humanos” constituyen parte de un legado que seguirá siendo referencia para quienes pensamos la salud desde una perspectiva de derechos.

Pero quienes tuvimos la posibilidad de compartir con él espacios de militancia, trabajo, formación o amistad sabemos que su legado excede ampliamente sus producciones y responsabilidades formales. Adelqui hacía escuela con el ejemplo.

Lo hacía en las aulas, por supuesto, pero también en las reuniones, en la intervención institucional o en la discusión política entre compañeros sobre cómo actuar en los distintos escenarios de la coyuntura. Enseñaba también con sus formas, con seriedad o chicanas. Con la capacidad de escuchar y/o de hacerse oír. Con la prudencia para intervenir cuando era necesario y con la firmeza para sostener aquello en lo que creía.

“Su manera de entender la política, alejada del oportunismo y de la mezquindad, fue quizás una de sus enseñanzas más importantes. Adelqui podía ser profundamente firme sin perder la humanidad, y ejercer una referencia política sin dejar de reconocer al otro”.

Nunca lo vi aprovecharse de la debilidad de otro para construir una posición propia. Su manera de entender la política, alejada del oportunismo y de la mezquindad, fue quizás una de sus enseñanzas más importantes. Adelqui podía ser profundamente firme sin perder la humanidad, y ejercer una referencia política sin dejar de reconocer al otro.

En lo personal, su presencia tuvo además una dimensión que excede cualquier reconocimiento público. Fue un amigo que estuvo cuando lo necesité. Estuvo pendiente cuando me quedé sin trabajo y me acompañó cuando atravesé momentos dolorosos como la pérdida de quien entonces era mi compañera. También compartió conmigo algunas alegrías y festividades que quedarán guardadas para siempre en mi memoria.

Fue quien confió en mí cuando pocos lo hacían y quien, con su generosidad, me acercó a espacios que terminaron siendo fundamentales en mi recorrido político. Entre ellos está también FEDUBA. Un gremio que Adelqui ayudó a construir en nuestra Facultad y que aprendí a querer, en buena medida, porque él me enseñó a comprender el valor de la organización sindical. Haber recibido de su parte la confianza para asumir como Delegado General de la Comisión Interna es algo que voy a llevar siempre conmigo.

Su muerte nos duele, y muchísimo. Pero su recorrido nos deja una tarea pendiente, que sus ideas no queden convertidas en una memoria inerte. Habrá que reivindicarlo en cada lucha por la salud pública, en cada defensa de los derechos humanos, en cada trabajador precarizado, en cada estudiante que necesite una universidad comprometida con su pueblo, en cada compañero docente que encuentre en la organización colectiva una herramienta para transformar su realidad.

Quizás esa sea la mejor manera de despedir a Adelqui, convertir su legado en una responsabilidad. Seguir haciendo escuela. Seguir organizándonos. Seguir militando. Porque algunas personas se van, pero las convicciones que ayudaron a construir permanecen en quienes tuvimos la fortuna de compartir el camino con ellas.

Hasta siempre querido compañero, Adelqui.

* El licenciado Gonzalo Pereyra es delegado general de FEDUBA y Consejero Directivo de la Facultad de Psicología de la UBA 

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