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Luche como un bolivianx
Una radiografía política y cultural que sacude el eurocentrismo argentino. Frente al alineamiento con Estados Unidos, el espejo de la lucha popular en Bolivia late como memoria viva de una América latina resistente.
- mayo 23, 2026
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I
Hace casi 20 años, en el verano de 2008, viajé a Bolivia. En aquel entonces una propuesta separatista estaba planteada y en marcha. Lo que se denominaba la medialuna boliviana, los estados del Este (en medialuna rodeando a La Paz) propugnaba separarse de la Bolivia de Evo Morales. Mi avión, por alguna oferta, iba a Santa Cruz de la Sierra, foco separatista. Donde, recuerdo, las publicidades tenían personas blancas como protagonistas. Allí sentí y luego resignifiqué se encontraba la madre/padre del dilema. Provincias ricas y blanco fílicas o negro fóbicas no soportaban el gesto igualitarista que trajo un indigena dirigente gremial cocalero (para colmo, en la presidencia, el summun). Como cuando el peronismo permitió, de modo inaceptable para las clases acomodadas y las que no pero que aman (sus) Caras, que el cabecita negra fuera al cine, a Mar del Plata.
El viaje a Cochabamba, rumbo a La Paz me trajo otra clave del conflicto. En relación al modo “boliviano” de dirimirlo. Nos agarró un bloqueo de ruta. Una interrupción que no se levantaría hasta veinticuatro horas después. Es decir teníamos que “sobrevivir” un día entero, en medio de la ruta. Iba en un colectivo de larga distancia que se convirtió en un Viven a pequeña escala. Conversando con quienes allí estaban; compartiendo los mínimos víveres que había. En un momento, con uno, aburridos, nos fuimos caminando hasta el corte. Con enormes piedras ubicada en medio del camino, junto a camiones que lo atravesaban de lado a lado. Mañana se levanta, hay que esperar, decía uno que, habituado a un modo de protesta férreo, parecería comprendiendo, compartiendo, a pesar de las enormes dificultades que generaba.
Hoy las rutas bolivianas vuelven a estar cortadas y rememoro aquellos días y los vinculo a estos, en la Argentina que preside Milei, en el marco de (por caso) el conflicto universitario. Lo comento en clase, a una semana de la IV Marcha Federal, y decimos que mientras el argentino medio es protestón gratuitamente, en gesto de cliente que pregunta escandaloso “¿mi dinero no vale?”, que es quejoso, incluso de las marchas que pretenden sostener la Argentina media que le dio y da existencia (sin universidad no habría clase media), el boliviano (generalmente defenestrado por este mismo homo argento) como el colla, tradiciones andinas ancestrales mediante, parecería que protesta poco, considerándolo sumiso, apocado, cuando lo hace se planta y hasta las últimas consecuencias.
II
Luego de cuatro multitudinarias marchas en dos años y medio, con escasos logros materiales, volvemos a clase casi como si nada, mientras lxs bolivianxs llevan menos de seis meses de un gobierno alineado con el del presidente norteamericano Donald Trump y sus acólitos y se levantan, plantan y dicen no pasarán, sin eufemismos, por más represión incluso aportada por el que dice no tener plata para jubilados, las personas con discapacidad, docentes.
No Alineados se denominó un movimiento al cual la Argentina perteneció con Perón en el exilio y alentando tal filiación. Una tercera posición en momentos de terceros mundos autoafirmados como tal. Era un grupo de países que no se alineaban con las potencias beligerantes de entonces: la URSS y EEUU. En sintonía con lo que decimos en las aulas, que la perspectiva americana (no de su “sueño -norte- americano» sino la “profunda y nuestra”, de Kusch a Martí) es la de una tal terceridad, sea nombrada como antropofagia (Andrade) o como fagocitación (el propio Gunter Rodolfo)
Hoy Argentina, su presidente, se alinea de modo obsceno y entreguista, incondicional y sin beneficios sociales a los Estados Unidos. Bolivia, su pueblo, no. Y no sólo expresa que “preferiría no hacerlo” sino que exige que el que así lo haga, el que se alinee de tal modo, renuncie. Y que hasta ese entonces los bloqueos no se levantarán. Que no son como los argentinos que marchando y todo permiten el saqueo de sus derechos ni que hablar de sus riquezas, yéndose a sus casas (que aún son refugio) a la primera de cambio.
“Son de Bolivia, de Paraguay” se canta pretendidamente de modo agresivo a la hinchada de Boca, que es “el pueblo, el carnaval”. Cantan los argentos, que permiten el mancille de su dignidad y soberanía y que arrogantes se creen la gran cosa y que solo se entienden como tal, argentinos, en un mundial que próximo augura un nuevo pase de comedia nacionalista, de farsa eurocéntrica. A todo eso indicios resistentes de una América que puede ser otra cosa, sea se luche como un jubiladx, se luche como un bolivianx, a esta vergonzante e inconducente neo colonialidad celebrada, asimilada por años de sueños hollywoodenses inoculados.
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