El silencio no es opción: miles de mujeres marcharon contra el modelo libertario
Bajo la consigna “Contra el ajuste, el hambre y la violencia”, el movimiento de mujeres y disidencias tomó las calles del Congreso a Plaza de Mayo en una jornada de paro y movilización. La resistencia feminista al discurso oficial.
- marzo 9, 2026
- Lectura: 3 minutos
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La movilización por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, convocada por el movimiento Ni Una Menos, se desplazó este lunes desde el Congreso hacia la Plaza de Mayo. Bajo la vigilancia de custodia policial en cada esquina, la marcha en la Ciudad de Buenos Aires comenzó pasadas las 16h en el marco de una jornada de protesta nacional.
La consigna central de este año fue “unir las luchas contra el saqueo”, en rechazo al “ajuste y la política de hambre” del gobierno de Javier Milei. Y la decisión de trasladar la movilización principal del domingo 8 al lunes 9 respondió a la intención de visibilizar la problemática a través de un paro de actividades que buscó mostrar “el peso de las mujeres en la economía y la sociedad”. Porque los números y el día a día de cada mujer muestran un retroceso en materia de derechos permanente: el Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven da cuenta de que en se Argentina registró un femicidio cada 34 horas en el inicio de 2026, y advierte sobre la vulnerabilidad extrema en el interior del país y el fracaso de las medidas de protección en un contexto de recortes a políticas de género. Mientras tanto, los ingresos de las mujeres se encuentran un 30% promedio por debajo de los de los hombres, una brecha que crece con la informalidad. Y la lista –vieja conocida– sigue.
Además, la principal líder opositora, Cristina Fernández, permanece presa, hecho del cual el presidente Javier Milei se jacta. Y durante las últimas horas el gobierno difundió un video institucional en el que celebran a las mujeres que construyen el futuro con “libertad, mérito y esfuerzo”. El audiovisual expresa: “El verdadero homenaje a las mujeres no es multiplicar estructuras políticas inútiles que nunca dieron resultados, es construir un país donde cada argentina pueda vivir segura, trabajar en libertad y progresar gracias a su propio esfuerzo”.
Pero la calle –ese espacio que la derecha liberal ni la libertaria pudo conquistar– dice otra cosa. Una remera con la imagen de Cristina Fernández y la bandera argentina reza: “El silencio no es mi idioma”. Otros carteles: “Vino a quitarnos los derechos ya conquistados, ¡fuera Milei!”, “Marchamos porque gobierna el FMI y el pedófilo de Trump”. Mientras los pañuelos verdes, gastados, vestigios de un tiempo con futuro, se aferran en las muñecas y las mochilas.
El Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras se transformó en un grito de resistencia: con femicidios cada 34 horas y una brecha salarial del 30%, el movimiento desafía el discurso oficial del “mérito”.
Algunas columnas inician la marcha. Otras mujeres permanecen en rondas con pañuelos, banderas, carteles y mates en la Plaza del Congreso. Aunque lejos de la sensación de invencibilidad de otros tiempos, el movimiento se percibe vivo pese a los obstáculos: la persistencia vence al tiempo. Es que los golpes del modelo afectan especialmente a las mujeres porque precarizan sus condiciones materiales, laborales, el tiempo de ocio y el tiempo de los vínculos. Entre otras cosas.
Lo que en 2015 se vivía como una fuerza imparable, una aplanadora, hoy se manifiesta como un esfuerzo de resistencia, pero ante este escenario político se vive –ni más ni menos– como la vuelta a ocupar (recuperar) el espacio público.
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