Argentina / 4 marzo 2026

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Milei, Trump y Axel: dos mundos en tres discursos

Coincidencias y diferencias en el contenido y en las formas entre los discursos de los presidentes y el gobernador de Buenos Aires. Milei se mimetiza con Trump y Kicillof construye una propuesta que los diferencia de ambos y busca proyectarse como alternativa nacional. Mundos que no se cruzan.

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En los últimos días tres discursos fueron suficientes para poner en blanco y negro dos miradas encontradas sobre la comunidad, el mundo y la forma de gestionar la sociedad y la política. Donald Trump presentó en Washington su “estado de la Unión” y en Buenos Aires Javier Milei dio inicio a las sesiones legislativas. Dos intervenciones casi gemelas, no solo por sus contenidos (o por falta de ellos), sino también por el estilo y la  actitud adoptada por ambos presidentes. Casi duplicados, aunque sin temor a errar podría sostenerse que el local se copia del norteamericano.

Dadas las diferencias entre Estados Unidos y Argentina hay iniciativas que pueden presentarse –por lo menos a primera vista— como distintas pero tienen efectos similares para las sociedades de los dos países.

Algo está claro. Con su presentación Trump buscó acortar la ventaja que –según las encuestas— le llevan sus opositores políticos de cara a las elecciones de medio término en su país. Milei hizo lo propio teniendo como objetivo la posibilidad de su reelección en 2027. Ambos tienen retos electorales a la vista y utilizan recursos similares: consolidar a sus votantes manteniendo el estilo agresivo que le ha rendido buenos frutos a los dos.

Con intención o sin ella, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, abrió las sesiones legislativas bonaerenses con un discurso –que bien puede considerarse como el puntapié inicial de lo que puede ser su lanzamiento como aspirante al sillón de Rivadavia— cargado de sentidos y montado también en un estilo que lo diferenció absolutamente de los anteriores.

 

Milei y Trump, al derecho y al revés

Veamos algunos ejemplos que pueden ser ilustrativos de lo anterior.

Donald Trump hizo girar su discurso sobre la “reconstrucción nacional”, incluyendo allí la recuperación de la producción en base a la reducción de los costos de la energía (“La independencia energética no es suficiente; queremos la dominación energética”), al tiempo que eleva la barrera arancelaria para proteger la industria local. 

Para el norteamericano eso se logra mediante la desregulación y el desmantelamiento del “Estado administrativo” (Deep State), (“Estamos drenando el pantano de una vez por todas. La era del burócrata no electo que dicta cómo deben vivir sus vidas ha terminado”) mientras elimina impuestos para favorecer al sector privado. Parte de esa tarea incluye impedir el ingreso de extranjeros y expulsar a los que están en territorio norteamericano: «Hemos iniciado la operación de deportación más grande en la historia de nuestra nación. No es una cuestión de política, es una cuestión de supervivencia”.

Trump insistió en la idea de «América primero», para justificar su política bélica internacional auto adjudicándose la “virtud” de imponer por la fuerza el fin (¿..?) de conflictos internacionales.

Milei sacó pecho con la “grandeza argentina” y “el gobierno más reformista de la historia” esgrimiendo su victoria sobre la inflación en base a la desregulación y el déficit cero. («El déficit cero no es una meta técnica, es un mandamiento sagrado”). Para ello se seguirán privatizando empresas públicas, desregulando y quitando derechos. Al precio que sea… aunque nada de eso se admita directa o indirectamente. Según Milei las inversiones llegarán a la Argentina a partir de la flexibilización laboral y la quita de derechos de los trabajadores. Eso se llama “modernización”. Porque “la justicia social es un robo y la libertad es el único camino hacia la prosperidad”.

Para Trump y para Milei no hay víctimas de sus políticas. Quienes se oponen son enemigos, “parásitos” (Trump) o “casta” (Milei). 

Hay principios “morales”, no propuestas concretas que se traduzcan en leyes o normas.

Ambos presidentes se consideran marginales (outsiders) de la política, aunque operan en el escenario de la política y utilizando las mismas herramientas y procedimientos que dicen despreciar.

Trump afirma: “Nuestra nación no será ‘woke’ nunca más. Creemos en el mérito, no en la ingeniería social colectiva». Milei sostiene: «No vinimos a administrar el modelo colectivista que nos hundió; vinimos a dinamitarlo”

Aunque en sus discursos ambos reafirmaron ser defensores de la «libertad» criticando al «colectivismo» o el «socialismo», Trump refuerza el proteccionismo comercial alzando barreras arancelarias mientras Milei busca lo contrario liberando todas las cargas impositivas para las importaciones y, de esta manera, afectando gravemente a la industria nacional.

A diferencia de las generalizaciones de Milei (también de Trump) el gobernador bonaerense hizo anuncios concretos sobre iniciativas legislativas que impulsará como la creación de una empresa provincial destinada a la producción de medicamentos, un proyecto de ley que contemple las condiciones de los trabajadores de “plataformas”, otro para asegurar el acceso a la educación pública y una iniciativa destinada a mejorar la seguridad y la formación del personal policial.

En los dos hay mesianismo económico: sus políticas (aranceles/desregulación en Trump, ajuste/déficit cero en Milei) no son opciones, sino “leyes naturales” para evitar el desastre.

Ambos usan la polarización. La “guerra” y “la batalla cultural” son al mismo tiempo argumento, forma y contenido. No hay matices. O estás con «el pueblo/la libertad» o estás con «la casta/el pantano».

 

Kicillof, en la otra vereda

El gobernador bonaerense construyó su discurso no solo con otra perspectiva que difiere sustancialmente en lo económico y en lo político, apuntando a un interlocutor ciudadano amplio, y al mismo tiempo buscando diferenciarse nítidamente en Milei. Es también una forma de presentarlo como principal adversario político.

Kicillof calificó de “fracaso” el modelo de Milei señalando que no se trata de una casualidad o apenas de un error sino el resultado de decisiones políticas. La “mano invisible del mercado no existe, es un verso”, dijo y agregó que “hay otro camino” para bajar la inflación sin destruir la industria. 

Según el gobernador, el problema no es el Estado, sino el “Estado desertor” que reniega de sus obligaciones mientras intenta destruir los lazos sociales de la comunidad. Para el gobernador hay “ajuste brutal, desintegración social, entrega de la soberanía y abandono deliberado del Estado Nacional».

Recuperando la memoria histórica, Kicillof trazó un paralelismo entre el proyecto económico de la dictadura militar –que caracterizó como desindustrialización y especulación— y el actual programa de “primarización” de Milei y su ministro Luis Caputo.

A diferencia de las generalizaciones de Milei (también de Trump) el gobernador bonaerense hizo anuncios concretos sobre iniciativas legislativas que impulsará como la creación de una empresa provincial destinada a la producción de medicamentos, un proyecto de ley que contemple las condiciones de los trabajadores de “plataformas”, otro para asegurar el acceso a la educación pública y una iniciativa destinada a mejorar la seguridad y la formación del personal policial.

Y mirando más allá de su provincia y recuperando el sentido de lo colectivo dijo: “Ninguna provincia se salva si el país se hunde. No existe una ‘isla’ que prospere en un país que se desintegra».

No hay coincidencia con Trump, ni con Milei. Sí una mirada de futuro, no solo para la provincia de Buenos Aires, sino con proyección nacional.

Tres discursos, dos perspectivas políticas y económicas diferentes. En contenidos y en estilo. Las diferencias quedan expuestas, las cartas comienzan a ponerse sobre la mesa.

 

4Palabras

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