Argentina / 1 marzo 2026

temperature icon 22°C
Edit Template

Vivir en la anomalía: cuando lo inaceptable se vuelve paisaje

La anestesia social y cómo nos acostumbramos a vivir en crisis. El manual del ciudadano resignado y una tramposa invitación para no esperar nada de nadie. “El Mencho” mexicano y la realidad argentina. Trump y los nuevos valores para el “renacimiento americano”.

Compartir:

Compartir:

con el panorama

La vida social y política de la Argentina transita una etapa de naturalización de hechos y situaciones que en otro momento podrían habernos llevado a la indignación o al escándalo. En la Argentina de Milei se ha convertido en obvio y natural que el presidente insulte y desprecie a sus adversarios políticos, también a los empresarios o a los periodistas. No solo a quienes han sido opositores desde el primer día, sino también a otros que hasta ayer mismo fueron sus aliados.

Es una “batalla cultural” que pretende que la sociedad naturalice la abolición de derechos, arremeta contra todo sentido solidario y convierta en vetustos y desactualizados hasta los principios establecidos en la Constitución nacional. Alguien podrá decir que es una realidad no solo atribuible a la Argentina, sino que forma parte de una “nueva cultura” del individualismo sin reglas colectivas que, como reiteradamente lo sostienen Donald Trump –el autodesignado patrón del mundo– y su fiel discípulo nuestro presidente, solo admiten que el exclusivo límite es “mi propia moralidad” y es “lo único que puede detenerme”. 

En base a ello quiero proponerles una suerte de “decálogo” de las naturalizaciones de la sociedad y de la política argentina. Seguramente no son todas y queda abierta la invitación para tachar algunas y sumar otras si es necesario. ¿Vamos?

La primera de ellas es la ya mencionada: no hay reglas… salvo las que cada uno se fija… y los que tienen poder imponen. Así es que es que –como autómatas institucionales y sin discernimiento alguno– los legisladores son capaces de aprobar una ley de “esclavitud laboral” que contradice la Constitución, pactos internacionales y derechos básicos. Otra versión de la “obediencia debida”. Sus mandantes aprovechan una coyuntura desfavorable –por desconcierto, falta de orientación o liderazgo, o lo que sea– de los sectores populares para imponer nuevas reglas de juego que echan por tierra conquistas logradas con años de lucha. Con ese fin se inventan títulos para disfrazar el retroceso: la naturalización del atropello hasta puede llamarse “modernización”.

Por esa vía resulta “natural” que el “consenso” parlamentario desestime la jornada laboral de ocho horas para llevarla a doce o catorce horas bajo el pomposo y mentiroso título de “banco de horas”, la reducción de las vacaciones. Y a renglón seguido imponer la baja de edad de punibilidad de niños y jóvenes acusados de hechos violentos para conceder al facilismo de que “el que las hace las paga” o “delitos de adultos pena de adultos”. Esto dicho sin la menor consideración sobre la situación previa y acerca de la responsabilidad de la sociedad que empuja a estos jóvenes a semejante situación y sin hacerse cargo de las consecuencias que la medida tendrá. “Naturalmente” la aplicación del castigo absuelve a la comunidad y a la dirigencia política que no supo contener y encontrar las respuestas para estas infancias vulneradas. Si los argumentos no son suficientes, la nueva “verdad” naturalizada se impone mediante “estímulos” económicos, favores institucionales o promesas políticas. Y habrá que admitir entonces que esta metodología es “natural” en la política.

Así esta nueva institucionalidad democrática (si es que hay tal) se instala por la fuerza y el atropello, se desentiende de las razones, de la diversidad de ideas y de la búsqueda de consensos. Simplificamos ¿viste? Ya no son necesarios los análisis prolongados de los proyectos de ley, los aportes de expertos en los distintos temas, las leyes pueden aprobarse a libro cerrado y por capítulos enteros… para “no perder tiempo” entrando en detalles. Tampoco tiene sentido escuchar a los actores de la sociedad civil, personas u organizaciones. Porque la única verdad que se debe atender es la que emana del poder político de turno y de sus mandantes. Es natural que así sea… son límites de la nueva moral. Que como postre o postdata también incluye que todos los acuerdos previos –los más antiguos y los que se cerraron apenas ayer– deben ser considerados en desuso y no es necesario respetarlos. Solo para los tontos, los ingenuos o desubicados (está claro que vos usás otra palabra para describirlos… pero aquí hay que cuidar el lenguaje), sigue teniendo vigencia la idea de que la palabra comprometida tiene más valor que un contrato firmado. ¡Una antigüedad!!! Hay que modernizar.

No hay espacio para opiniones diversas. Tampoco para el ejercicio del derecho a la comunicación y a la libertad de expresión. A los periodistas que indagan, preguntan y cuestionan les cabe el calificativo de “ensobrados” o directamente “corruptos”. Y para quienes deciden manifestarse en la calle hay “protocolos antipiquetes” que exhiben la represión como una necesidad metodológica de la “nueva moralidad” democrática. O más grave aún: como una virtud que debe ser exhibida y que merece ser aplaudida. Es natural que así sea.

En este decálogo de naturalizaciones y como parte de las mismas, hay que sumar que el sueldo no alcanza… pero vamos bien porque la promesa llegará; que lo “normal” es necesitar más de un trabajo (¡si se consigue!) para sobrevivir; que la política no sirve para nada y a mí no me interesa… porque igual yo tengo que laburar todos los días de sol a sol; que no vale la pena hacer paros o medidas de fuerza porque… igual nada va a cambiar. Sin dejar de observar que quienes llegan hasta nuestro país desde los países vecinos vienen a “quitarnos lo nuestro” (igual que los que emigran ilegalmente a Estados Unidos… son parecidos… y casualmente… casi todos pobres). Aquí, igual que allá, ni siquiera se hacen merecedores de los servicios sociales… que pagamos “con la nuestra” y que el gobierno desfinancia y sacrifica en el altar del “déficit cero”.

Tan “natural” como todo lo anterior es que a la oposición política (tampoco todos…) solo le cabe criticar de manera desarticulada mientras sigue desangrándose en internas tan autodestructivas como ineficaces. Natural también es que amparados en la “crisis” se ahonde la impotencia de estos dirigentes, grupos y sectores, incapaces de presentar propuestas superadoras y alternativas que cautiven a nuevas audiencias e iluminen otros horizontes. Es parte de la normalidad prolongar la crisis, perpetuarse en ella y permanecer en el barro del particularismo que se aferra a la propia y única verdad (¿…?) o al internismo laberíntico que se aferra a un poder vacío o directamente inexistente. 

En eso estamos. ¿Usted qué dice?

Estamos frente a una “batalla cultural” que pretende que la sociedad naturalice la abolición de derechos, arremeta contra todo sentido solidario y convierta en vetustos y desactualizados hasta los principios establecidos en la Constitución nacional.

 

México, El Mencho y la realidad argentina

Desde 4Palabras cada semana intentamos aportar algunos criterios de análisis como parte del diálogo con quienes nos acompañan desde la lectura. En no pocos casos y para comprender lo que nos pasa es bueno mirar más allá de nuestras fronteras: vivimos en un mundo interrelacionado y cada realidad particular ofrece elementos para desentrañar otras similares o anticipar lo que viene. 

Esta semana se inició con la noticia de la localización en el municipio de Tapalpa, a 130 kilómetros de Guadalajara (México), la detención y posterior muerte en un enfrentamiento con fuerzas de seguridad, de uno de los más conocidos y peligrosos delincuentes mexicanos: Nemesio Oseguera Cervantes (59 años), conocido como “El Mencho”. Se lo consideraba el máximo jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las redes delictivas más importantes basadas en el negocio de la producción y distribución de drogas (de origen natural, sintéticas, psicoactivas y drogas de diseño) dentro y fuera del territorio mexicano. El hecho generó una ola de disturbios y atentados (incendios de vehículos, bloqueo de rutas y accesos urbanos) que conmovieron a varias ciudades mexicanas.

El Mencho era buscado desde hace más de diez años. Pero es evidente que con la detención y la muerte del jefe de la organización delictiva no desaparece un entramado de corrupción y extorsión que atraviesa toda la sociedad mexicana con la complicidad de sectores del Estado y que –según las fuentes de investigación consultadas en México por 4Palabras— tuvo sus inicios durante el gobierno del presidente Felipe Calderón (2006-2012) y en diferentes grados continúa hasta la fecha pese al trabajo del gobierno de MORENA con Claudia Sheinbaum y el de su antecesor Manuel López Obrador.

Un informe de Naciones Unidas (2025) estima que el tráfico de cocaína, metanfetamina y heroína (sin incluir fentanilo) aporta a la economía mexicana aproximadamente 12.100 millones de dólares anuales, pero otros estudios privados llevan esa cifra hasta entre 25 mil y 40 mil millones de dólares al año, lo que equivaldría al 7% del PBI. 

Al margen de lo anterior “el crimen organizado” es uno de los mayores dadores de empleo, en una cadena de suministro que va desde el cultivo hasta la logística. Las estimaciones de la DEA norteamericana apuntan que los cárteles mexicanos pueden generar ingresos brutos de hasta 60 mil millones de dólares pero esa suma no ingresa a México sino que gran parte de ese capital se queda en el sistema financiero de Estados Unidos o se desvía a paraísos fiscales.

El propósito no es ahondar aquí en esta arista de la realidad mexicana, sino apenas tomar un aspecto que puede ilustrar lo que ya está pasando en nuestro país y que puede agravarse a partir de la crisis económica y social.

Un informe de Naciones Unidas (2025) estima que el tráfico de cocaína, metanfetamina y heroína (sin incluir fentanilo) aporta a la economía mexicana aproximadamente 12.100 millones de dólares anuales, pero otros estudios privados llevan esa cifra hasta entre 25 mil y 40 mil millones de dólares al año, lo que equivaldría al 7% del PBI.

 

A partir de su expansión en la sociedad estos grupos armados desplegados en los territorios y dotados de armamento sofisticado, fueron desplazando paulatinamente al propio aparato de seguridad del Estado. Durante el operativo realizado para la detención de El Mencho los delincuentes utilizaron armas de guerra y lanzacohetes móviles, comprados en Estados Unidos y similares al equipamiento de las fuerzas militares mexicanas. Ahora se supo que durante la presidencia de Enrique Peña Nieto (2012-2018) un helicóptero en el que se desplazaba el mandatario fue alcanzado por un cohete lanzado desde tierra por narcotraficantes y que lo obligó a un aterrizaje de emergencia, poniendo en riesgo su vida. 

Hoy, además de garantizar empleo a un número importante de mexicanos, los cárteles ofrecen servicios de “protección” en distintas ciudades de México, garantizando la seguridad de personas y sectores de la población, hacen aportes para la educación y los servicios sociales y hasta ofrecen créditos personales. En síntesis: sustituyen funciones antes reservadas al Estado y se vuelven poco menos que insustituibles.

Todo ello exige también tareas de “reclutamiento” de “soldados”. El mecanismo utilizado suele pasar por un aviso público de oferta de trabajo a personas jóvenes, varones y mujeres (entre 16 y 25 años), invitados a presentarse para un proceso de selección. Una vez escogidos los candidatos son trasladados a campos apartados y preparados para el “entrenamiento”. En el camino les quitan sus documentos y los teléfonos. A partir de ese momento la promesa de trabajo se transforma en una suerte de “enrolamiento” forzado a las milicias del cártel.

Tanto durante los gobiernos de Andrés López Obrador (2018-2024) como el de la actual presidenta Claudia Sheinbaum el Estado ha destinado programas, fuerzas y recursos para revertir esta situación, pero con éxito relativo.

¿Por qué esta descripción? Porque –salvando las distancias– lo anterior no es otra cosa que la confirmación de que “cuando el Estado se retira, el espacio vacío lo ocupa el narcotráfico”. Esto es lo que –si bien en menor escala– está ocurriendo en nuestro país. En los barrios populares, pero infiltrando también el ámbito financiero favorecido por normas que invitan a ingresar dinero en el sistema sin tener que dar ningún tipo de explicaciones sobre el origen de los fondos. La llaman “inocencia fiscal”. ¿Lo escuchó verdad?  ¿Lo estamos advirtiendo? ¿Lo está tomando en cuenta la política, personas y actores políticos que hoy se limitan a hacer seguidismo de la agenda que propone e impone La Libertad Avanza?

 

Trump y el renacimiento americano

En su discurso sobre el “el estado de la Unión” pronunciado el 24 de febrero después de su primer año de gobierno, Donald Trump sostuvo que “Nuestra nación está de regreso. Puedo decir que nuestro país está mejor, más grande, más rico y más fuerte que nunca”. Y se ufanó de que “no hay inflación, hay tremendo crecimiento…”. No hay estadísticas válidas que los respalden, pese a lo cual el norteamericano no se privó de decir que “los que ganaron el premio Nobel de Economía se equivocaron totalmente”. No se privó de festejar las deportaciones de “criminales extranjeros” y, por supuesto, se refirió a la “victoria absolutamente colosal” que su país está obteniendo contra el narcotráfico y la captura de dirigentes extranjeros. El mensaje se completó días después cuando, tras amenazar al pueblo cubano, sostuvo que “quizás tengamos una toma de control amistosa de Cuba”. Y ayer nos despertamos con la noticia de que el “patrón del mundo” inició una ofensiva militar contra Irán amenazando con destruir ese país, sin medir consecuencias. Al finalizar el día se vanaglorió de haber asesinado al ayatolá Ali Khamenei, líder supremo del régimen iraní. Todo vale. ¿Qué importa? Ya no hay reglas y no hay otro límite que su propia moralidad… que es prácticamente inexistente. Y, como era obvio, cuan mono aplaudidor el Javo no se privó de manifestar su alegría por la siembra de muerte de su mandante norteño. ¿Se podía esperar algo diferente?

El discurso de Trump ante el Congreso –una hora y 44 minutos– fue todo en el mismo tono: autoelogio para ufanarse de éxitos incomprobables, mordacidad frente a todo lo que contradiga “su verdad”. Incluyendo también desprecio por sus adversarios políticos demócratas: “Deberían estar avergonzados de ustedes mismos”.

Pero….¿qué novedad puedo aportar yo acerca del estilo presidencial, el autoelogio y el insulto? En realidad sería absurdo de mi parte hacerlo, teniendo un protagonista local –aunque de menor estatura física, que se auto titula “doctor” y que, por ahora, habla en español– que se expresa en términos similares y con las mismas ínfulas.

El personaje criollo corre con la ventaja de que –como fiel seguidor y admirador de Trump– solo tiene que imitar al original. Lo hace con orgullo y sin ningún tipo de complejo y su éxito consiste en que –como lo señalan buena parte de los estudios de opinión– la mayoría de los votantes de este país lo siguen respaldando amparados en el eslogan del menemismo “estamos mal pero vamos bien” ahora reciclado en versiones libertarias. 

¡Ah!…para terminar y evitar confusiones. Lo señalado hasta aquí son solo aportes para la reflexión. No hay nada que pueda leerse como una invitación a volver atrás. De ninguna manera. Es necesario enfrentar creativamente el futuro, dejarnos desafiar también por nuevas ideas. Sin perder la memoria… que advierte sobre los errores, ilumina la verdad y ayuda a reconocer el rumbo de la justicia

 

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: