Innovar con ADN propio: Cauqueva cumple 30 años de valor agregado y soberanía alimentaria
Desde la Quebrada de Humahuaca, la cooperativa de 118 familias productoras desafía la recesión mediante autonomía, innovación en alimentos andinos y una resistencia colectiva a prueba de obstáculos.
- febrero 20, 2026
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Fundada en 1996, en ese laboratorio de intemperie social que fue la Argentina de los noventa, la cooperativa Cauqueva cumple treinta años. Desde Maimará, provincia de Jujuy, llega a este nuevo aniversario no como una pieza de museo, sino como un organismo vivo que aprendió a respirar según el ritmo de las crisis: estirándose en la bonanza y replegándose con precisión quirúrgica cuando el viento viene de frente.
Javier Rodríguez, ingeniero agrónomo y uno de los pilares de este proyecto que hoy agrupa a 118 familias productoras, utiliza una metáfora musical para explicar la supervivencia. Para él, Cauqueva funciona como un instrumento de viento: “Pensar a la cooperativa como una especie de acordeón o de bandoneón que se va achicando o alargando o agrandando según la situación”. Esa flexibilidad fue la que les permitió sobrevivir al 2001, cuando el mercado de hortalizas frescas se hundió por la bancarización y la cooperativa, en un “golpe de volante”, se refugió en los cultivos andinos, esos que por entonces casi no tenían mercado pero guardaban la memoria de la tierra.
La historia de Cauqueva es, también, la historia de una autonomía forjada bajo presión. En sus inicios, la hostilidad no solo venía de los intermediarios que fijaban precios de miseria, sino de un poder político local y provincial que los miraba con recelo. Rodríguez recuerda que esos obstáculos, paradójicamente, los fortalecieron: “Esa suerte de persecución fue quien en definitiva terminó inventando la Cauqueva que tenemos hoy. Estábamos obligados a producir y vender para poder sobrevivir como organización”. Treinta años después, la conflictividad política persiste, pero el cuero se ha curtido. “Imagino en los próximos años a una Cauqueva aceptada como un hecho que no pudieron doblegar”, reflexiona.
El presente, sin embargo, vuelve a exigir el movimiento del fuelle. Con una caída estrepitosa del consumo —el canal mayorista de dietéticas y restaurantes se desplomó un 50% este último año—, la cooperativa tomó decisiones fuertes. Cerraron los locales de Tilcara y San Salvador de Jujuy para eliminar costos de estructura, concentrando la resistencia en el local propio de Maimará. No hubo despidos: hubo ingenio. Los trabajadores de la capital ahora sostienen la logística de venta telefónica y repartos semanales. En medio de la recesión, la venta directa al consumidor final fue el único indicador que creció, un 18% en términos reales.
El futuro de Cauqueva no se lee en términos de expansión individual, sino colectiva y capilar. Para Rodríguez, la clave está en la Red Nacional de Alimentos Cooperativos y en la integración regional con organizaciones de Chile, Bolivia o Brasil. Saben que el “sálvese quien pueda” es una tentación recurrente en tiempos de escasez, pero apuestan a que el camino es la construcción de valores propios.
Esa capacidad de innovar sin perder el ADN es lo que hoy los tiene experimentando con “Api Pronto” (una versión de rápida cocción de la bebida ancestral de maíz morado) y chips de papas andinas que, gracias a un baño de almidón desarrollado con la Universidad Nacional de Jujuy, absorben la mitad de grasa que las industriales.
Junto a la cooperativa Dulce Esperanza de Simoca, provincia de Tucumán, están avanzando en la producción de una variedad de batatas fritas, que se van a comercializar a través de una marca conjunta de ambas cooperativas. También están desarrollando unos “chicitos súper picantes”, al gusto norteño; y dos tipos de cerveza diferentes: una de maíz morado, que es color vino tinto, y que tiene 5 grados de alcohol; y otra, “más que rubia”, ámbar, de maíz amarillo, con más cuerpo y más del estilo de una cerveza belga, con 8% de de graduación alcohólica.
Los fideos secos de harina de maíz integral han sido el producto estrella de la cooperativa en los últimos años. Ahora están trabajando en dos sabores nuevos, uno de morrón, y otro de rúcula. Así llegarán a las doce variedades de fideos. “Llegamos fortalecidos, prácticamente sin deudas. El capital que tiene la cooperativa es limpito”, resume Rodríguez, subrayando una salud financiera que hoy tienen pocas empresas argentinas.
El futuro de Cauqueva no se lee en términos de expansión individual, sino colectiva y capilar. Para Rodríguez, la clave está en la Red Nacional de Alimentos Cooperativos y en la integración regional con organizaciones de Chile, Bolivia o Brasil. Saben que el “sálvese quien pueda” es una tentación recurrente en tiempos de escasez, pero apuestan a que el camino es la construcción de valores propios. Mientras tanto, el acordeón sigue sonando en la Quebrada: a veces bajo, a veces fuerte, pero siempre marcando un ritmo que el mercado, por sí solo, nunca supo bailar.
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