Argentina / 15 marzo 2026

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Valeria Manzano: “El progresismo perdió el voto joven por no dar respuestas estructurales”

La historiadora habla de su nuevo libro sobre la juventud argentina: desde la invención como actor político y de consumo hasta el apoyo actual a Milei. Reflexiona sobre la vivienda, la precariedad laboral y los micromachismos en el siglo XXI.

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¿En qué momento la juventud dejó de ser una etapa de transición biológica para transformarse en un actor político y cultural clave? En su reciente libro Historia de la juventud en Argentina de los siglos XX y XXI (Siglo XXI Editores), la historiadora e investigadora del Conicet Valeria Manzano desanda este camino. Desde la influencia del peronismo y el mercado de consumo hasta la represión estatal y las mareas feministas, analiza las coordenadas que definieron la identidad juvenil en el país.

En esta entrevista con 4Palabras, Manzano reflexiona sobre la relación entre el Estado y las nuevas generaciones; el desafío de las políticas públicas actuales ante la precariedad laboral y el problema de la vivienda; y el fenómeno del voto joven a Javier Milei. Un recorrido indispensable para entender cómo las demandas juveniles de hoy se entrelazan con una historia de rebeldías, miedos y disputas por el futuro.

 

En el libro plantea la “invención de la juventud” como una categoría surgida en el siglo XX. ¿Cuáles fueron los factores determinantes para que pasaran a ser vistos como “jóvenes” quienes antes eran considerados niños o adultos en formación? 

Hay tres grandes coordenadas que permitieron históricamente la invención de una edad adolescente-juvenil: el Estado, el mercado y la política de masas propiamente dicha. La primera tiene que ver con las capacidades que tuvieron los estados para establecer “marcadores de edad”. En muchos países latinoamericanos fueron dos fundamentalmente: la posibilidad de establecer esas gradaciones de edad en el sistema educativo; y el servicio militar. Ambas dimensiones en la Argentina empiezan a pasar con mayor intensidad a partir de la experiencia peronista, en la década de 1940. Pero la aparición de las culturas del consumo, de alguna u otra manera, se le adelanta al Estado; ya en la década de 1920 empiezan a aparecer pautas de vestimenta, de entretenimiento, que crean un nicho específico para las juventudes. También hay una relación intrínseca entre el desarrollo de la política de masas y la emergencia de la juventud, en este caso como actor político. No hubo partido que aspirara a tener relevancia en la política de masas que no haya desarrollado su propia rama juvenil. Pero esa modalidad de movilización política de la juventud, como la educativa, por muchísimo tiempo fue mayormente masculina. 

¿Y cuándo la juventud empieza a ser vista por los aparatos estatales como algo a ser temido y reprimido? 

Hay distintos momentos donde la mirada estatal se centró en la juventud. Un momento bastante intenso y desconocido, por lo menos lo era para mí, es la década del 30 y principios de la década del 40. Ahí ya surge, no la quiero extrapolar, la noción del joven “ni ni”, que no trabaja ni estudia. Había una preocupación por la cuestión de la “deformación moral” de ciertos segmentos de las mayorías populares. Se crean tribunales específicos para menores. Luego, con la llegada de Perón a la Secretaría de Trabajo y Previsión se genera una suerte de subsistema educativo para contener esa franja. No es una mirada represiva, pero sí moralizante. Y, a partir de la década del 60, las policías, por ejemplo, de la provincia de Buenos Aires, comienzan a tener un interés mucho más sostenido en investigar qué rasgos tienen esas nuevas juventudes militantes. Sorprende mucho, especialmente en las plumas de algunos ideólogos de las Fuerzas Armadas, concretamente de la Fuerza Aérea, la atención que se le prestaba a las mujeres jóvenes que militaban en política. La figura de “la guerrillera” era como el acabose para lo que ellos entendían como el orden social; se suponía que un varón podía llegar, pero si una mujer se vinculaba a la guerrilla, la cosa estaba mucho más seria, o mucho “más podrida”, tal como diría un brigadier de las Fuerzas Aéreas. A partir de ahí persistió, en especial en las fuerzas policiales, un modo de aproximarse a las juventudes que costó desarmar, porque siguió con otras modalidades desde 1983, como lo muestra el caso de Walter Bulacio o tantos otros.

“Una cuestión clave por abordar en clave generacional las dinámicas del mercado laboral. Y sin mayores anteojeras ideológicas, porque sabemos que hay al menos dos o tres cortes etarios que se fueron sumando al mercado laboral con características muy diferentes a las que teníamos conocidas”. Valeria Manzano.

En el libro se marca que las políticas públicas específicas para las juventudes emergen con la presidencia de Raúl Alfonsín. De manera más cercana, el kirchnerismo también las interpeló como sujetos políticos ¿Qué análisis podría realizarse de los programas para jóvenes implementados en estas décadas de democracia? 

En el alfonsinismo se van creando agencias estatales, como las direcciones o secretarías de la Juventud, aunque también tomaron otras denominaciones. En verdad, siempre hubo tironeos, porque muchas de esas agencias están atravesadas por el financiamiento y discursos transnacionales, desde la UNESCO o de UNICEF, por ejemplo. Hay mucho del diseño de las políticas públicas supuestamente para jóvenes, o hacia jóvenes, que viene un poco preformateado. En el momento kirchnerista efectivamente proliferaron una serie, no solo de agencias, sino de políticas públicas destinadas a las juventudes. Una iniciativa importante fueron las becas PROGRESAR o el Plan FINES para la terminación del ciclo secundario. También hubo algunas que estuvieron hiper focalizadas en el trabajo o formación profesional.

Pero se observa que una parte importante de las políticas destinadas a los jóvenes estaban más orientadas a la formación política o al activismo social. A su manera, fueron muy exitosas por algún momento, y lograron entramar con un momento de mayor activación política juvenil, pero no fueron de lleno a lo que uno podría considerar como los problemas sociales asociados a las juventudes. En especial comparando también con experiencias en otros espacios geográficos, como México, que durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, buscó identificar algunas problemáticas específicamente juveniles. En nuestro país no ha habido un intento de singularizar y especificar dónde tenemos que actuar en materia de políticas públicas. 

Si existiera un Estado nacional dinámico en políticas públicas, ¿cuáles serían hoy algunas cuestiones centrales a enfocar?

Una pasa por abordar en clave generacional las dinámicas del mercado laboral. Y sin mayores anteojeras ideológicas, porque sabemos que hay al menos dos o tres cortes etarios que se fueron sumando al mercado laboral con características muy diferentes a las que teníamos conocidas.

No solo tiene que ver con un mapeo acerca de qué manera se vinculan con el empleo, que muchas veces es muy precarizado, sino también con identificar qué es lo que quieren y de qué manera se piensan nuevos derechos en ese sentido, que no son necesariamente los que conocíamos del viejo movimiento obrero; una perspectiva juvenilista y generacional al mercado laboral en este momento es fundamental. La segunda tiene que ver con algo también básico y que no se ha tenido en cuenta: las condiciones de vivienda. Hay un segmento muy importante que no puede acceder a un tipo de vivienda que les sea propia. Eso está en la base de un montón de situaciones de conflictividad. Y un tercer aspecto pasa por abordar desde una clave juvenil y generacional la violencia machista; y aquello que muchas feministas jóvenes hablan como “micromachismo”. Es fundamental tener la posibilidad de una escucha y un trabajo más intenso, no solo con las chicas, sino con los varones jóvenes, donde hay mucho por hacer todavía.

En el sentido común, hay muchos chistes en relación a esto, se decía que los jóvenes eran de izquierda y luego, cuando se hacían mayores, se volvían conservadores y de derecha. Durante el kirchnerismo y con las mareas feministas se podía ratificar esa idea. ¿Qué pasó para que buena parte de la sociología observe que una explicación importante del triunfo de Milei pasa por el voto joven? 

Hubo un momento, como explica Pablo Stefanoni, que excede a nuestro país, donde ciertas nociones de lo que solemos llamar progresismo se volvieron status quo; y frente a ese status quo es que se construyen las rebeldías. Creo que tiene mucha parte de razón, pero voy a retomar las cuestiones que marqué antes con respecto a cómo pensar las políticas públicas. El progresismo, por así decirlo, desatendió estructuralmente esas dimensiones de la vida juvenil: cuáles son las expectativas y las posibilidades de los jóvenes en el mercado laboral; qué les está pasando con su cotidianeidad y su modo de vivir. Una de las autocríticas más importantes para los gobiernos progresistas de la región es que han perdido su caudal de voto joven porque no pudieron o no tuvieron la posibilidad de darle una respuesta estructural a estas demandas, que a veces ni siquiera se articulan como demandas, pero que están ahí. 



4Palabras

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  • Matías Cerezo

    Muy interesante. El peronismo debería tomar nota de las cuestiones centrales que señala la autora

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  • Matías Cerezo

    Muy interesante. El peronismo debería tomar nota de las cuestiones centrales que señala la autora

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