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El FMI como apéndice de Washington: el trasfondo político de la visita de Georgieva

Con tratamiento de jefa de estado y un protocolo de impronta norteamericana, la visita de la directora del Fondo Monetario respondió más a la consolidación de un eje político que a negociaciones financieras. El respaldo a las pretensiones reeleccionistas de Milei.

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Objetivo político Georgieva

Kristalina Georgieva es la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), cargo que la convierte en una referente central del escenario económico y de las finanzas, en esta parte del mundo y, en particular, en la Argentina donde la preeminencia del organismo crediticio que controla Estados Unidos tiene una incidencia fundamental. Al margen de su función específica el gobierno de Javier Milei le dispensó a Georgieva un trato igual o superior a una jefa de estado, en lo simbólico y también en lo operativo.

Nadie puede dudar de la importancia que el FMI tiene para el gobierno de Milei. Tampoco se puede desconocer que el FMI opera, en los hechos, como un apéndice de la política de Estados Unidos en la región, máxime con Donald Trump en la presidencia del país del norte.

Si a todo eso se agrega la alianza reiteradamente pregonada por Milei con Trump y Estados Unidos y, en el caso del presidente argentino, el adicional de sobreactuación gestual con el que acompaña todos sus movimientos, no debería extrañar tampoco todo lo que se pudo ver durante la corta estadía de la directora del FMI en la Argentina. 

El gobierno argentino le brindó a Georgieva el reconocimiento de una lideresa política del escenario internacional y, sin decirlo explícitamente, le dio el lugar de representante de los intereses de Donald Trump para la región y para el país. De manera inédita la directora del FMI fue invitada a participar de una reunión de gabinete nacional en la que los ministros y el propio presidente recibieron una suerte de clase magistral acerca de los pasos que el país debe seguir dando para seguir por la “buena senda”. La foto distribuida por la presidencia sobre ese encuentro habla por sí misma: Milei cedió la cabecera para equipararse con la directora del FMI, ambos hacia el centro de la mesa, cara a cara. Al costado de cada uno de ellos sus colaboradores: los ministros de Milei y los funcionarios del Fondo que forman parte del gabinete de Georgieva. Una estética protocolar copiada del ceremonial que usa Trump en la Casa Blanca cuando recibe mandatarios invitados.

Georgieva no vino a la Argentina por motivos técnicos o para realizar acuerdos o negociaciones de orden económico o financiero. Llegó al país en una gira política para escenificar el respaldo del FMI y de Trump a Milei, en un momento en que el mandatario argentino comenzó -pese a la baja en las encuestas y en el nivel de aprobación ciudadana- su campaña electoral pensando en la reelección en 2027.

El ministro Caputo –que dadas sus funciones sería el interlocutor natural de la representante del FMI– apareció en varios momentos como un acólito fiel de la visitante, en un rol secundario y sin protagonismo propio. Siendo anfitrión y locatario, quedó relegado a un segundo plano y  en todo momento cedió la centralidad de la escena a quién, formal y gestualmente, reconoció como su mandante. 

Por estos y otros indicios queda claro que Georgieva no vino a la Argentina por motivos técnicos o para realizar acuerdos o negociaciones de orden económico o financiero. Llegó al país en una gira política para escenificar el respaldo del FMI y de Trump a Milei, en un momento en que el mandatario argentino comenzó –pese a la baja en las encuestas y en el nivel de aprobación ciudadana– su campaña electoral pensando en la reelección en 2027. Con ese propósito Kristalina –más allá de observaciones menores con el propósito de maquillar sus intervenciones– se extendió en su respaldo absoluto al plan económico del gobierno, garantizó que la Argentina va por el mejor camino y que, dado lo hecho y apenas con ajustes menores, no necesitará de nuevos respaldos del organismo internacional en 2027. Tarea cumplida. Es lo que Caputo necesitaba escuchar para terminar de bajar el “riesgo país” y permitir el acceso a crédito privado internacional que sí requiere para cerrar las cuentas y acomodar “la macro” sin incertidumbres hasta llegar a las elecciones.

Georgieva no se limitó a hablar con los funcionarios. El gobierno la puso frente a estudiantes y empresarios. También en una conferencia de prensa para hablarle a las argentinas y a los argentinos. A la ciudadanía le pidió “perseverancia”, “paciencia” (igual que Milei y Caputo) para esperar que la macroeconomía “derrame”, les advirtió sobre “los riesgos electorales” (léase.. sigan votando a Milei porque…) y, como una palmadita en las espalda, nos dijo “ustedes son capaces”, porque “lo van a hacer ustedes, no yo”. “Haganse responsables” se entendió sin traducción del inglés. Y hasta se tomó la libertad de calificar de “tierna” la denominación de “inocencia fiscal” con la que el gobierno bautizó la ley para perdonar a evasores y sumar dólares al circuito financiero local.

Kristalina Georgieva vino a la Argentina por motivos políticos, más que financieros o económicos. La puesta en escena de ella y del gobierno formaron parte de la estrategia de política de instalación de la campaña electoral de Milei en busca de su reelección en el 2027. Un capítulo que se suma a la búsqueda de proyección internacional del propio Milei como “embajador delegado” de Trump en la región, que incluye su reciente viaje a Brasil para respaldar a Bolsonaro e insultar a Lula, y ahora sus escalas en Perú, Colombia y Ecuador.

 

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