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Economías regionales: más de la mitad siguen en crisis
El último Semáforo de Coninagro expone la profunda brecha del campo argentino: mientras el comercio exterior vuela con exportaciones récord, ocho de las 19 actividades clave —como la vitivinicultura y la yerba mate— siguen sumergidas en una crisis histórica por costos en alza y precios que no logran ganarle a la inflación.
- julio 16, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Las economías regionales de la Argentina continúan transitando un sendero de profundas asimetrías y realidades dispares. Así lo revela el último informe técnico del Semáforo de Economías Regionales publicado por la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro).
Durante mayo de 2026, el mapa productivo nacional exhibió una marcada polarización que se mantiene estable frente al mes previo: mientras apenas cuatro actividades lograron posicionarse en la franja verde de crecimiento y rentabilidad, ocho sectores productivos clave permanecieron sumergidos en el rojo de la crisis económica y otros siete están en la incertidumbre del color amarillo.
Esta herramienta de diagnóstico evalúa tres componentes fundamentales: la rentabilidad del negocio a través de la evolución de precios y costos, el desempeño de la producción y el área sembrada, y la dinámica de los mercados tanto a nivel de consumo interno como de exportaciones e importaciones. A partir de esta triple lectura, se hace evidente que el gran factor de estrangulamiento para los sectores más golpeados es la ecuación financiera interna. Los precios pagados en la tranquera a los productores avanzaron muy por debajo del ritmo de la inflación y del constante incremento en los costos de los insumos, carcomiendo de forma sistemática la rentabilidad de las familias agrícolas.
Dentro del preocupante panorama del color rojo se agrupan producciones con fuerte arraigo social y geográfico como la yerba mate, el arroz, el vino, las hortalizas, el algodón, el maní, la leche y la mandioca. El análisis histórico de Coninagro revela que la crisis en estos sectores no es un fenómeno coyuntural sino un proceso de deterioro estructural de largo aliento. Los casos de la vitivinicultura y de la yerba mate ilustran este drama con crudeza: el complejo del vino y el mosto acumula un impactante registro de 41 meses consecutivos en situación crítica desde comienzos de 2023, mientras que la producción yerbatera ya encadena más de dos años ininterrumpidos de números en rojo.
En la vereda opuesta, las únicas luces verdes iluminan a la ganadería bovina, la cría ovina, la miel y el complejo de los granos. Estas actividades disfrutaron de precios que lograron superar el avance inflacionario y mostraron un sólido dinamismo en sus ventas. Ni siquiera los sectores más dinámicos están exentos de nubarrones, ya que el sector de los granos mantiene encendidas sus propias luces de alerta frente a la escalada en los precios internacionales de los fertilizantes nitrogenados y el gasoil, insumos vitales que encarecen sensiblemente la producción.
Dentro del preocupante panorama del color rojo se agrupan producciones con fuerte arraigo social y geográfico como la yerba mate, el arroz, el vino, las hortalizas, el algodón, el maní, la leche y la mandioca.
Por su parte, el pelotón en amarillo, integrado por la actividad forestal, el tabaco, los cítricos dulces, las peras y manzanas, la avicultura, el sector porcino y la papa, navega en un mar de señales mixtas. En estos rubros, los precios no terminaron de acoplarse a la inflación general y la demanda interna se mostró amesetada, lo que augura procesos de recuperación sumamente lentos y complejos para los próximos meses.
A pesar de las dificultades en las estructuras de costos de cada región, el comercio exterior de las economías regionales se consolida como el gran sostén macroeconómico del país. En los primeros cinco meses del año, las exportaciones conjuntas de las 19 actividades relevadas treparon a la cifra de 26.183 millones de dólares, marcando un incremento del 21% interanual y superando en más de un tercio al promedio de la última década. El gran motor de este ingreso de divisas sigue siendo el complejo granario, que concentra casi el 80% del total exportado gracias al empuje de la soja, el maíz y el trigo. Al excluir los granos, la balanza comercial de las economías regionales continúa mostrando un perfil fuertemente superavitario, exportando 16 veces más de lo que se importa y revalidando su rol de generador genuino de divisas para el Banco Central.
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