Argentina / 23 agosto 2026

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Entre la injerencia y la soberanía

Evidencias acerca de cómo la soberanía nacional queda subordinada a las decisiones de quienes gobiernan con un proyecto de país pensado para pocos y dependiente del alineamiento incondicional a los intereses de Estados Unidos. Algunos límites que instala la movilización popular en busca de un proyecto de democracia participativa e inclusiva.

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Esta imagen muestra a Pete Hegseth, el secretario de Defensa (o de Guerra) de los Estados Unidos, luciendo un traje oscuro de raya tiza con corbata borgoña y un pin de la bandera en la solapa.

Mientras la sociedad intenta entender por qué no registra en la vida cotidiana las bondades del país que describe el presidente Javier Milei en sus intervenciones públicas -la última, que llamó particularmente la atención por su desconexión con la realidad, fue el discurso del jueves pasado en el Council of Americas- subsiste un debate acerca de la preservación de una cuestión básica para un país: su soberanía.
El gobierno viene de recibir un cachetazo desde las calles y el Congreso con el freno a su proyecto de extranjerización de la tierra, resumido por el canciller Pablo Quirno, en la habilitación para que cualquier empresa global o megamillonario pueda comprar una ciudad o una provincia, según le convenga. 
El clima que se fue generando tras el celebrado episodio de la bandera agitada por jugadores de la selección durante el Mundial creció a tal punto que gobernadores y senadores aliados del oficialismo revisaron sus posturas y cerraron el paso a ese capítulo del proyecto oficialista. Incluso fueron más allá y clausuraron también la reforma a la ley de Manejo del Fuego que pretendía beneficiar a incendiarios con intereses inmobiliarios.
Por fuera de esto, la soberanía nacional sigue jaqueada por la indisimulada injerencia estadounidense. El episodio ocurrido con la cooperativa neuquina de servicios públicos CALF es una nueva muestra de ello. El alineamiento irrestricto de Milei con Estados Unidos e Israel es tan palpable como la penosa situación económica de la mayoría de la sociedad que el mandatario niega.
Así, mientras una compañía israelí opera en la extracción de petróleo del suelo malvinero, junto con una empresa británica, sin que el gobierno emita una mínima queja, la embajada de Estados Unidos amenaza a cielo abierto a los dirigentes de una entidad prestadora de servicios públicos por la contratación de la empresa china Huawei para realizar un tendido de fibra óptica.

Mal pago
El otorgamiento de visas para entrar a Estados Unidos fue la herramienta con la que Peter Lamelas pretendió amedrentar a los directivos de CALF, quienes desde un primer momento fueron muy claros: tienen proveedores de origen diverso y los contratan según los intereses de la cooperativa, es decir, por precio y calidad, no por nacionalidad. “Nada ni nadie puede sustituir la voluntad de los asociados ni el gobierno democrático de nuestras organizaciones. Defender la autonomía, la independencia y la seguridad jurídica de la economía social y solidaria es una obligación de todos y cada uno de quienes pensamos la Argentina para los argentinos”, señala la Declaración de Neuquén por la Autonomía y la Independencia Cooperativa, suscripta por decenas de organizaciones del sector tras un acto de respaldo a la entidad neuquina.
El tema llegó al Congreso Nacional, donde los cooperativistas neuquinos informaron a la Comisión de Asuntos Cooperativos, Mutuales y ONGs de Diputados los detalles de las amenazas. Los diputados convocaron a Lamelas para el miércoles pasado y, obviamente, este no compareció ni justificó su ausencia ante los legisladores.
Tan grave como este desprecio hacia el Poder Legislativo de nuestro país fue lo que dijo, con tono de virrey, en un evento organizado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (Amcham): “Estamos decidiendo hoy el futuro de Vaca Muerta y de la Argentina”. ¿Quiénes están decidiendo? ¿Lamelas y Trump? ¿Lamelas, Trump y Milei? ¿Cómo se aplica el concepto de soberanía si un diplomático extranjero determina qué empresas pueden operar en el país?
La actitud del gobierno argentino muestra que poco le importan tales cuestiones. La cooperativa envió una nota a la cancillería explicando lo ocurrido y pidiendo el respaldo correspondiente. Ni una palabra salió desde ámbitos oficiales. Y los diputados libertarios y sus aliados no intervinieron en la convocatoria al embajador, en un tácito apoyo a Lamelas.

Además de la cesión de soberanía que implica el vínculo establecido por la gestión libertaria con Estados Unidos, hay otro factor preocupante para analizar: el rol de gendarme global que ejerce Trump, se proyecta con fuerza sobre la región que considera su “patio trasero”, fuente de recursos estratégicos como los que contiene Vaca Muerta, por ejemplo.

Entre los “beneficios” que el país obtendría de la lealtad canina de Milei hacia Trump estaría, según el propio presidente, el apoyo del gigante del norte a la recuperación de Malvinas. “Mientras algunos se dedican a hacer berrinches propios de un adolescente termo mononeuronal, nosotros por la vía diplomática cada día estamos más cerca de la recuperación de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y el espacio marítimo circulante”, había posteado el presidente en X, más cercano a Margaret Thatcher que a Messi y el equipo nacional.
Entrevistado por LN+ días atrás, Lamelas clarificó la posición de su gobierno ante el reclamo soberano argentino: “los Estados Unidos tienen una posición de neutralidad sobre las islas y eso no ha cambiado”, manifestó. Mal pago para el fan número uno de Trump.

¿Vuelven los 70?
Además de la cesión de soberanía que implica el vínculo establecido por la gestión libertaria con Estados Unidos, hay otro factor preocupante para analizar: el rol de gendarme global que ejerce Trump, se proyecta con fuerza sobre la región que considera su “patio trasero”, fuente de recursos estratégicos como los que contiene Vaca Muerta, por ejemplo.
En ese plano, se suceden encuentros organizados por Estados Unidos para marcar el rumbo represivo. En julio, ante representantes de más de 60 países reunidos en Washington -Argentina, presente, por supuesto- el secretario de Estado, Marco Rubio, el del Tesoro, Scott Bessent y Stephen Miller, subjefe del gabinete presidencial, presentaron en sociedad la renovación de la nefasta “Doctrina de la Seguridad Nacional”. La iniciativa tiene el pomposo nombre de «Resurgimiento del terrorismo político» y apunta a la represión coordinada de supuestos grupos terroristas.
En el mismo sentido, en agosto, se realizó en Panamá la Cumbre de la Coalición de las Américas contra los Cárteles, encabezada por el secretario de Guerra de EE.UU., Pete Hegseth. Allí, ministros, jefes de seguridad y defensa de 17 países -entre ellos, el ministro de Defensa argentino, Carlos Presti- analizaron la articulación de la lucha regional contra “el narcotráfico, el crimen organizado y la migración irregular”.
Se va conformando así un contexto peligroso para la democracia en la región, amenazada por los gobiernos de ultraderecha liderados por Trump, junto con los tecnomagnates que van posando la mirada en los recursos estratégicos existentes en el sur del mundo y expresan claramente, como en el caso del vecino porteño Peter Thiel, que la libertad y la democracia no son compatibles con sus negocios.

Milei apunta a la reelección para profundizar la configuración de un modelo de país en el que la democracia, la soberanía y los recursos estratégicos quedan subordinados a intereses que no son los de la mayoría de las argentinas y los argentinos.

No puede pasar desapercibido en ese plano la mención de Milei, en su penoso discurso del 17 de agosto (pobre San Martín), de los “enemigos internos y externos” y la “lucha contra el terrorismo”. 
Son, todas las mencionadas, señales de alerta. Cuando un gobierno resigna soberanía en nombre de un alineamiento internacional, acepta que intereses extranjeros condicionen sus decisiones y comienza a hablar de “enemigos internos” y “terrorismo”, no se trata ya de hechos aislados. Milei apunta a la reelección para profundizar la configuración de un modelo de país en el que la democracia, la soberanía y los recursos estratégicos quedan subordinados a intereses que no son los de la mayoría de las argentinas y los argentinos.
En ese marco, el rechazo a la extranjerización de la tierra dejó una señal en sentido contrario que no debería pasar inadvertida. La sociedad movilizada logró que parte de la dirigencia política revisara sus posiciones y pusiera un límite. Las cada vez más frecuentes movilizaciones de distintos sectores damnificados por las políticas de ajuste perpetuo evidencian que el rechazo al gobierno no solo se registra en las encuestas y estudios de opinión pública cada vez más contundentes.
La disputa está abierta, entre un país para pocos, forjado por Milei y Caputo y aplaudido por los centros del poder económico, y una eventual alternativa que surja y sea capaz de interpelar a las mayorías con una propuesta de inclusión, democracia participativa y soberanía.

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