Nuevo mapa del consumo: changuitos a dieta y refugio en segundas marcas
La caída del poder adquisitivo redefine el consumo. Las familias argentinas abandonan las grandes compras mensuales para volcarse a la reposición diaria en comercios de cercanía. Suben las segundas marcas, que ofrecen ahorros de hasta el 50%.
- mayo 12, 2026
- Lectura: 3 minutos
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La postal del changuito desbordado en el hipermercado parece haber quedado guardada en el álbum de los recuerdos. En la Argentina de 2026, el consumo masivo no solo está cayendo, sino que está mutando. La pérdida del poder adquisitivo ha forzado a las familias a un cambio total de su economía doméstica, donde la compra mensual fue reemplazada por la “reposición de supervivencia” y las primeras marcas se convirtieron en productos de lujo.
Los datos son elocuentes y reflejan la profundidad de la crisis. Según la consultora Scentia, el consumo masivo registró una caída del 5,1% interanual en marzo, cerrando un primer trimestre con una baja acumulada del 3,1%. Por su parte, la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) confirmó esta tendencia con un retroceso del 1,3% en su indicador de consumo.
El origen de este fenómeno es claro: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) acumuló un 9,4% en el primer trimestre, una cifra que –sumada al rezago de los salarios frente a la inflación– erosiona la capacidad de compra de la clase media y los sectores vulnerables.
Uno de los cambios más drásticos se observa en dónde y cómo se compra. Las grandes cadenas y mayoristas, destinos tradicionales para el stock mensual, son los más afectados. Los supermercados cayeron un 7% en marzo; y los mayoristas sufrieron el peor golpe con una baja interanual del 8,8%. En contraste, el e-commerce tuvo una expansión del 34,3%.
En el día a día físico, el protagonismo lo recuperan los comercios de cercanía. Al achicarse el presupuesto, las familias prefieren el almacén del barrio para compras fraccionadas, evitando las tentaciones y los costos extra de los grandes traslados.
La “lealtad” a las etiquetas tradicionales se quebró por necesidad. La brecha de precios se volvió insostenible para muchos presupuestos: una leche de marca propia puede costar hasta 800 pesos menos que una líder. En productos como pan lactal o gaseosas, la diferencia llega a ser del 50%.
Este cambio de hábito, que comenzó como una medida de emergencia, se está consolidando como una conducta estructural. Los consumidores ya no ven a las segundas marcas o a las marcas propias de los supermercados como una opción de “baja calidad”, sino como la única vía para mantener el consumo de productos básicos.
Uno de los cambios más drásticos se observa en dónde y cómo se compra. Las grandes cadenas y mayoristas, destinos tradicionales para el stock mensual, son los más afectados. Los supermercados cayeron un 7% en marzo; y los mayoristas sufrieron el peor golpe con una baja interanual del 8,8%. En contraste, el e-commerce tuvo una expansión del 34,3%.
No todos los rubros sufren por igual, aunque ninguno se salva. Los productos de limpieza y hogar encabezan la lista de recortes, seguidos de cerca por los artículos de higiene personal y productos para el desayuno y merienda. Incluso los alimentos básicos sintieron la retracción, lo que indica que el ajuste ya llegó al núcleo de la canasta esencial.
La reorganización de los gastos desde mitad de mes se volvió la norma en sectores de ingresos medios y bajos. La estrategia de “reposición diaria” permite un control milimétrico de la caja diaria, pero también refleja una economía que funciona al día, sin margen para el ahorro o la previsión.
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