Argentina / 23 agosto 2026

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“Mientras más se extienda la guerra, más tiene para ganar Irán”

Giros discursivos, sanciones económicas y el pulso por el control del Estrecho de Ormuz. El conflicto geopolítico expone dos lógicas contrapuestas: la volatilidad de los objetivos de Donald Trump y la paciencia estratégica de Irán -además de sus recursos- para sostener una guerra de largo aliento. Bruno Dalponte, doctor en Ciencia Política y Estudios Internacionales, analiza el desgaste bélico, el peso creciente de China, la interna política de Estados Unidos, y el impacto en las alianzas de la región.

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Esta imagen muestra al doctor en Ciencia Política y Estudios Internacionales Bruno Dalponte, especialista en seguridad internacional y profesor e investigador académico.

Se anuncian acuerdos y se rompen; se anuncian otros nuevos y se vuelven a romper. No se sabe a ciencia cierta si esto responde a una estrategia calculada o a la neurosis de quienes encabezan el conflicto. Para Bruno Dalponte, investigador de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y PhD en Estudios Internacionales por la Universidad de Birmingham, “hay que distinguir entre el liderazgo iraní, que se expresa de manera prudente —más allá de que envía mensajes sobre sus líneas rojas y sus pretensiones—, y lo que hace Trump, cuyo estilo discursivo y de liderazgo es bastante anómalo”. 

Dalponte destaca que el presidente norteamericano “dijo en cuarenta oportunidades distintas que el estrecho se iba a abrir al día siguiente porque él lo decía, porque forzaba a los países de la región a hacerlo, pero no ocurre. Por eso hay que tomar con pinzas lo que dice Trump en general, su secretario de Defensa, Pete Hegseth, y también Scott Bessent, el secretario del Tesoro, quien habló de sanciones económicas altísimas que habrá que ver qué significan, aunque expresan objetivos que cambian desde el inicio de la guerra”. 

¿Cuál era el objetivo inicial? ¿Evitar que Irán tuviera la bomba nuclear, decapitar al régimen, forzar un cambio de gobierno o abrir el estrecho de Ormuz?. Daponte señala: “Nunca se sabe bien cuáles son los objetivos estratégicos de Estados Unidos porque cambian permanentemente. Para quienes intentamos analizar qué pasa y qué impacto puede tener, resulta complejo estimar el desenlace, el juego en marcha, con qué se conformarán o qué les permitirá decir ‘ganamos’. Lo único claro es que no se conformarán con menos que con un cartel que proclame su victoria”. 

Señala que Irán es más prudente y concreto, ¿cuáles son sus objetivos?

Irán, al día de hoy, tiene como objetivo que le levanten sanciones económicas, que les permitan el control en el estrecho de Ormuz para poder abrirlo. La economía iraní necesita que fluya normalmente el petróleo, gas, urea, fertilizantes. 

Pero por lo que ha sido la experiencia de la guerra los últimos casi seis meses, Irán pasó de un “déjenme sobrevivir” y “levántenme alguna sanción” a tener reclamos más fuertes. Esta guerra que no empezaron ellos le ha impuesto más costos a Estados Unidos que a Irán. A Irán le generó un montón de costos en destrucción, infraestructura, vidas humanas, pero están preparados para mantener una guerra de largo aliento y si bien tienen un presupuesto militar mucho más bajo que el de Estados Unidos y per cápita también más bajo que el de Israel, están peleando con armamentos, con tecnologías que son enormemente más baratas que las que usa la contraparte. Entonces tienen capacidad de sostener el esfuerzo bélico, tienen capacidad de infringir daños en economías aliadas

Bruno Dalponte: “Estados Unidos está frente a un doble problema ahora. Por un lado, las reservas estratégicas de misiles de armamentos de precisión que necesitan para su defensa ya están en niveles críticos. Por otro lado, es muy impopular la guerra con Irán a nivel doméstico. Mientras más se extienda, más tiene para ganar Irán”.

¿Qué implica esa capacidad?

Todo el sudeste asiático está al borde de la emergencia económica y eso le genera presiones también a Estados Unidos. Entonces han ido creciendo las demandas, porque ya no es solo un “quiero tener mi autonomía doméstica” o “cómo me organizo” y “qué religión guía mi Estado”, sino también están hablando de mantener de manera sostenida peajes para el paso por el Estrecho de Ormuz, que antes regía el principio de libre navegación de los mares, que primero Inglaterra, después Estados Unidos impusieron a sangre y fuego desde el siglo XIX y el siglo XX. Era uno de los pilares de la arquitectura del libre comercio. De repente hay posibilidades de que puntos de ahorque geopolíticos, como el Estrecho de Ormuz, dejen de ser de libre circulación, que pasemos a un mundo en el cual esas normas se dejen de lado y países como Irán –o en conjunto con Omán, que está del otro lado del Golfo– tengan derecho de cobrar este peaje por pasar por ese tipo de vías navegables, lo cual va a aportar a procesos más inflacionarios, por el incremento del costo de la logística. No sabemos si va a llegar hasta ahí, pero Irán está envalentonado con eso.

Se habla mucho de los recursos de cada país para seguir al frente de esta crisis, ¿la resolución puede llevar años?

Sí, no sé si necesariamente años. Hay muchos intereses para que se resuelva lo antes posible, pero lo que vimos primero con Rusia y Ucrania y lo que estamos viendo ahora con Irán es que la estrategia de Estados Unidos, los sistemas de armas que venía desarrollando, las medidas de presión que tiene, estaban más pensadas como para dar golpes certeros, muy rápidos, con armas carísimas. Cada misil de precisión cuesta millones de dólares. Y la estrategia era evitar hacer despliegues muy prolongados, cosa con la que “se quemó” después de Afganistán.

Su expectativa era entrar y salir en dos semanas. Pero en la medida en que aparecen rivales que se bancan el primer golpe, el segundo… de hecho en Estados Unidos hay un doble problema ahora: por un lado las reservas estratégicas de misiles de armamentos de precisión que necesitan para su defensa ya están en niveles críticos. Tienen muy poca capacidad de reposición, son armas muy complejas que requieren de un montón de proveedores, con una velocidad de reposición de producción de menos de cien misiles por año, mientras que Rusia, con un misil mucho menos sofisticado, puede tapar el cielo con la cantidad de misiles que pueden producir, algo así como 150 por mes. Esta guerra de precisión muy cara, pero de resolución rápida, no se le dio a Estados Unidos ni a sus aliados, ni en Ucrania, ni en Irán. Ahí el tiempo juega a favor de los que están a la defensiva, porque además es muy impopular la guerra de Irán, porque en el caso de Rusia –al apoyar a Ucrania, que fue la agredida- había una cuestión de sentirse los buenos. Con Irán no pasa eso, es sumamente impopular a nivel doméstico, y mientras más se extienda, más tiene para ganar Irán.

Hay cada vez más jóvenes estadounidenses que rechazan la política exterior de Estados Unidos, algo de eso está apareciendo en las elecciones intermedias, ¿puede tener un impacto electoral a escala? 

En lo inmediato sí. No sigo la política doméstica estadounidense tan de cerca, pero esta guerra es impopular y particularmente tuvo mucho impacto inflacionario por el aumento del barril de combustible, además de críticas de por qué se disputa, qué objetivos tiene, cómo se vincula con los intereses nacionales de Estados Unidos. No está claro porque no está enunciado de manera nítida en ninguna comunicación; o mejor dicho, en cada comunicación van cambiando los objetivos estratégicos, y eso el electorado estadounidense lo ve. Seguramente de cara a noviembre haya algún impacto, hay mucho ascenso de los socialistas demócratas del estilo Mamdani. Lo veremos en noviembre, igual de ahí a las presidenciales, diría que falta una eternidad, pero todo esto va cambiando la balanza.

¿Puede inferir el peso negociador de China en este conflicto? 

Después de la última reunión que tuvieron en Beijing no hubo ningún tipo de documento como para aclarar de qué hablaron. Sí dijeron que hablaron de Irán y de la voluntad de que se resuelva rápido, con lo cual sabemos que es algo que bilateralmente discuten, pero no sabemos en qué términos, y en breve toca la visita de Xi Jinping a Washington. Estados Unidos está en un proceso de querer apaciguar un poco la relación, no de sacar la carga de todo el discurso de la amenaza estratégica de China, lo vimos acá en Argentina con el tema de Huawei hace poco, pero por lo menos en lo comercial se ve que hay alguna intención de tratar de apaciguar un poco la relación con China. Puede llegar a haber alguna situación donde o flexibilice su posición o le ceda cierto rol negociador, no creo que un protagonismo, pero sí que tenga en cuenta sus intereses. 

¿Cuál es el estado actual de la sociedad Estados Unidos-Israel?

Se sacó mucho el lente de la situación en Israel en general, y eso puede tener muchos motivos. En las negociaciones iniciales después del inicio de las hostilidades contra Irán, parte de las condiciones era que Israel dejé de atacar a sus aliados de Hezbollah en el sur del Líbano, y eso Israel no dejó de hacerlo, con lo cual al día de hoy Israel es una piedra en el zapato para Estados Unidos para lograr una paz con Irán, salvo que sea al estilo de “quiero doblegar a Irán”. Obviamente, si lo doblegan militar o económicamente, no importa qué pase con Hezbollah, porque en última instancia lo que quieren hacer es derrotarlo, es lo que dijo Bessent esta semana cuando impusieron las sanciones económicas. Ahora, si la salida con Irán es de alguna manera negociada, si es de alguna manera con continuidad en el régimen iraní, va a necesitar que Israel empiece a moderar sus posiciones, y no se ve en el gobierno de Netanyahu ningún tipo de moderación.

No solo siguieron atacando el sur del Líbano, sino que además hay declaraciones de las últimas semanas de Ben Gvir, que es su ministro de Defensa, sumamente comprometido con el proyecto expansionista, sobre todo en la parte de Cisjordania, y con la ampliación de los espacios de colonos, en toda esa zona, y la construcción del gran Israel, con lo cual hay que ver en qué términos se plantea la finalización del conflicto con Irán, si es de una derrota definitiva o si es una paz negociada, y ahí cambia el lugar que tiene que tener Israel, o que Estados Unidos le va a demandar a Israel, si le demanda moderación o si le deja hacer lo que quiere. 

En octubre hay elecciones en Israel, ¿puede haber un cambio de rumbo, un cambio de política exterior?

Por lo que he visto, más que para un cambio de rumbo, va encaminado para una profundización del rumbo actual, con los sectores más extremos, más conservadores, más beligerantes de la derecha israelí, cobrando fuerza. Ben Gvir iría por una profundización del camino actual, y directamente por una limpieza étnica completa en Gaza, la apropiación definitiva de Cisjordania, y quién sabe qué puede pasar con el sur del Líbano, porque también da la impresión de que lo están tratando casi como una colonia. 

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