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Foro de la CEPAL: solo el 19% de las metas de las Agenda 2030 son alcanzables en la región

A cuatro años del plazo final, el Foro de la CEPAL en Santiago de Chile revela un panorama alarmante: solo el 19% de las metas de la Agenda 2030 son alcanzables en la región. Entre el repliegue de las potencias, el uso de la economía como arma de coerción y la polarización interna, América Latina enfrenta el desafío de sostener sus compromisos en un mundo que abandona la cooperación.

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Agenda 2030

Del 13 al 16 de abril, se realizó en Santiago de Chile el noveno Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre el Desarrollo Sostenible.  Allí, se reunieron unos 1.200 representantes gubernamentales, de la sociedad civil, del sector académico, del sector privado y organismos internacionales para evaluar y proyectar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. 

Los ODS se aprobaron en el 2015, en la Asamblea General de las Naciones Unidas de París, a partir de un acuerdo que incluyó a 193 Estados miembros.  Son 17 objetivos sobre temas ambientales, institucionales, económicos y sociales que los países se comprometieron a cumplir mediante la implementación de políticas públicas e incentivos y acuerdos con las iniciativas del sector privado.  Esos objetivos, contienen 169 metas a efectuar antes del 2030.  A cuatro años de concluir el plazo el Foro “advierte que, al ritmo actual, solo un 19% de las metas se alcanzaría en 2030 en la región; un 42% avanza en la dirección correcta, pero a un ritmo demasiado lento, y un 39% se encuentra en situación de estancamiento o retroceso en comparación con 2015”, según consta en su documento final. Esta conclusión empeora las ya flojas perspectivas observadas en la reunión anterior, donde se estimaba que era el 23% de las metas las que podían alcanzarse.

El informe esgrime como razones del retroceso a los cambios que se produjeron en el 2025, un giro proteccionista en la economía mundial y el recrudecimiento de las disputas geopolíticas por la supremacía industrial y tecnológica entre las principales potencias.  Eso llevó a una “retirada de la cooperación multilateral por parte de algunos países que son pilares del sistema, y la transición de un mundo regido por reglas a una nueva realidad de ‘interdependencia instrumentalizada’ como estrategia para gestionar las relaciones internacionales”.  Ese concepto hace referencia al uso de las redes económicas y tecnológicas que utilizan algunos Estados para someter coercitivamente a otros. Aunque no lo nombra explícitamente, se sabe que EE.UU. abandonó su participación y financiamiento en muchos de los organismos internacionales, sobre todos aquellos ligados a la implementación de la Agenda 2030.

En América Latina, otros aspectos se suman para la baja performance en el logro de los objetivos como la debilidad de las instituciones para mediar entre los diferentes intereses sectoriales, la falta de compromiso político en algunos objetivos, el bajo financiamiento para las políticas públicas y la poca capacidad fiscal, el impacto que dejó la pandemia de covid, el estancamiento económico y las diversas crisis que atraviesan los países de la región. Los participantes reconocieron, además, la necesidad de acuerdos entre las naciones para abordar de manera más efectiva los objetivos a la vez que dejaron en claro que cada país es el principal responsable de su propio desarrollo sostenible en los ámbitos locales. En una Latino América tan polarizada, la viabilidad y funcionamiento de estos acuerdos puede ser dificultoso.

El informe final, no obstante, no sólo pasa lista de los pequeños logros y las grandes dificultades que atraviesan los objetivos, también ofrece alternativas para avanzar en el cuidado del planeta, los recursos hídricos y los ecosistemas; para reducir las desigualdades, terminar con el hambre y la pobreza multidimensional (la que aborda cuestiones económicas, de salud y educación); para desarrollar ciudades, sistemas productivos y una agricultura sostenibles; para mejorar las instituciones, la participación ciudadana y el acceso a la justicia; y para fortalecer la paz, la democracia y el comercio.

La Agenda 2030 ha recibido, desde su misma promulgación el recelo de los sectores de izquierda y ambientalistas, que la ven como un maquillaje que no aborda frontalmente las responsabilidades del capitalismo global en la desigualdad, el calentamiento climático, los conflictos bélicos y la contaminación.  Pero más fuerte aún fue el ataque que recibió de la extrema derecha que la acusa de agenda woke, niega el cambio climático y desacredita la cooperación internacional.  Por más nobles que se presenten los objetivos, la voluntad de superar racional y cooperativamente los desafíos mundiales hoy tiene por delante la avara irracionalidad de los poderes militares, tecnológicos y financieros que se disputan el mundo.

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