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Relación congelada: la cúpula de la Iglesia se reúne mientras sigue la tensión con el Gobierno

La Conferencia Episcopal se reúne esta semana en medio de la creciente tensión con el gobierno de Milei. La Comisión Permanente analizará la situación social del país, tras las críticas episcopales por recortes y el avance del narcotráfico.

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La Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) se reunirá este miércoles 10 y el jueves 11 en la Ciudad de Buenos Aires. Es el organismo que aglutina a los obispos católicos de todo el país y que actualmente preside el arzobispo mendocino Marcelo Colombo. Al margen de las asambleas, la Permanente -como se suele designar a este tipo de encuentros- es un ámbito que los obispos dedican a repasar -desde su particular perspectiva pastoral- la realidad del país, además de resolver cuestiones institucionales. Asisten los presidentes de todas las comisiones episcopales especializadas y algunos delegados de las regiones electos por sus pares. 

Es una de las instancias más importantes del gobierno colectivo de la Iglesia, organizado por la Comisión Ejecutiva, un órgano encabezado por el presidente, a quien acompañan en las vicepresidencias primera y segunda, el cardenal cordobés Ángel Rossi, y el obispo de Jujuy, Daniel Fernández, respectivamente. La secretaría general está a cargo de Raúl Pizarro, obispo auxiliar de San Isidro.

No pocas veces en la historia reciente la Comisión Permanente ha sido un espacio y una oportunidad para que los obispos expresaran sus puntos de vista sobre la realidad del país. Nada indica hasta el momento que ahora pueda haber un pronunciamiento de la jerarquía eclesiástica, pero también es cierto que en las filas episcopales hay inquietud por la situación social. Lo que los obispos captan en sus propios encuentros con la feligresía y organizaciones de la sociedad, y aquello que tanto los sacerdotes como los fieles le acercan sobre lo que está ocurriendo en la vida política, económica, social y cultural del país.

Durante apenas dos días de reuniones los obispos intercambiarán opiniones y puntos de vista. Pero además del diálogo interno habrá tiempo para entrevistas -bilaterales y colectivas- con representantes de la sociedad civil, del mundo sindical, de las empresas y también de otras expresiones religiosas. Todos esos intercambios servirán para sumar puntos de vista, conocer posturas y forjar también la opinión de las autoridades eclesiásticas.

Durante el año que está terminando varias voces de la Iglesia se hicieron oír sobre cuestiones que fueron parte de la agenda pública. Los obispos respaldaron en su momento a las y los trabajadores del hospital Garrahan en su lucha por salarios y presupuesto para la salud. Una carta del presidente de la Conferencia y del Secretario de la CEA fue enviada a quienes protagonizaron las luchas para señalar que el reclamo era “justo” e “impostergable”. Todo eso dicho en el mismo momento en que el gobierno de Javier Milei desestimaba la protesta. 

En abril la Comisión de Pastoral Social calificó de “injusticia” el recorte de las pensiones por discapacidad y en mayo, en el te deum por la fecha patria, el arzobispo porteño Jorge García Cuerva dijo en la catedral, ante el presidente y su gabinete, que la “Argentina sangra de inequidad”.

También en mayo la Comisión Ejecutiva de los obispos emitió un documento titulado “Si el Estado se corre entra el narcotráfico” en el que se describió la situación que se vive en muchos barrios populares donde el abandono del Estado deja lugar al avance de las organizaciones de narcotraficantes.

Las manifestaciones del cuerpo episcopal, sumadas a las de sacerdotes y miembros de organizaciones laicas, no caen bien en el gobierno de Javier Milei que ha decidido meter en un freezer las relaciones con la Iglesia Católica.

No fueron las únicas palabras del episcopado. En agosto la ciudad de Mar del Plata fue escenario -como sucede cada año- de la “Semana social” de la Iglesia. La declaración final, leída por el obispo riojano Dante Braida, incluyó afirmaciones tales como que “el mercado, por sí solo, no garantiza el derecho humano e integral a la inclusión social”, además de reafirmar la “opción por los pobres” y llamar a “la fraternidad social”.

Estas y otras manifestaciones del cuerpo episcopal, sumadas a las de sacerdotes y miembros de organizaciones laicas, no caen bien en el gobierno de Javier Milei que ha decidido meter en un freezer las relaciones con la Iglesia Católica. Lo anterior se traduce en recortes de subsidios que antes administraba el catolicismo para sus obras sociales y el consecuente traslado de buena parte de esos fondos a organizaciones e iglesias enroladas en el evangelismo conservador reunido en su gran mayoría en la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas (ACIERA). 

Si bien el presidente de ACIERA, el pastor Christian Hooft, insiste en que sus pastores no tienen ningún alineamiento político partidario, el 3 de noviembre pasado muchos de ellos estuvieron en la Casa Rosada participando de “un evento para bendecir al país, al Presidente y su gabinete, en el marco de la ley nacional que conmemora el Día de las Iglesias Evangélicas” (31 de octubre). En un clima de fiesta y oración junto a Karina Milei y Manuel Adorni, el presidente Javier Milei festejó junto a los evangelistas su triunfo electoral de LLA en las elecciones legislativas que, por otra parte, adjudicó “al uno”.

El obispo castrense, Santiago Olivera, es la voz disonante dentro del episcopado católico: apoya los reclamos de los detenidos por delitos de lesa humanidad, reclama la “verdad completa” y organizó una misa de “acción de gracias” por la labor de Patricia Bullrich y Luis Petri en los ministerios de Seguridad y Defensa. La ceremonia se celebró en la iglesia castrense Stella Maris y a la misma asistieron ambos funcionarios.

Desde que las nuevas autoridades del episcopado católico asumieron sus funciones en noviembre del año anterior, nunca hubo un encuentro con Javier Milei. Es habitual que cada año, antes de las fiestas y con ocasión de las sesiones de la Comisión Permanente, las autoridades eclesiásticas soliciten una audiencia con el presidente. El año pasado Milei no encontró espacio en su agenda para recibir a Colombo y los suyos. Es una incógnita si en esta oportunidad sucederá algo similar o si el presidente y los obispos podrán verse cara a cara, para dialogar y -quizás- ponerle algo de calidez a una relación que hoy parece congelada. 



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