Argentina / 6 septiembre 2026

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“Nos enfrentamos a El niño en el peor momento institucional, con equipos de trabajo diezmados”

Mariano Re, ingeniero civil experto del INA, analiza el impacto de El Niño, destaca los avances científicos globales para prevenir catástrofes y advierte sobre el crítico momento que atraviesan los organismos técnicos encargados de monitorear la emergencia. Cuáles son las zonas con señal de alerta.

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mariano re

El fenómeno meteorológico de El Niño vuelve a manifestarse con una intensidad inusitada, y amenaza con lluvias extraordinarias que tendrán fuerte impacto en la región del Litoral y la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, la preocupación de los expertos no reside en la fuerza de la naturaleza, sino en la fragilidad de la infraestructura estatal destinada a mitigar su impacto. «Nos enfrentamos al superniño en el peor momento institucional, con equipos de trabajo diezmados, salarios clavados y destrato», advierte Mariano Re, ingeniero civil orientado en hidráulica del Laboratorio de Hidráulica del Instituto Nacional del Agua (INA). Aunque se trata de un ciclo climático natural que se repite entre cada dos y siete años, la magnitud de la anomalía actual enciende alarmas en un organismo debilitado para dar respuesta.

 

¿Cuándo será el momento más intenso del fenómeno y qué debemos esperar?

Lo que se sugiere es seguir el fenómeno a través de los canales oficiales del Servicio Meteorológico Nacional, que está haciendo un seguimiento muy exhaustivo. El trimestre de octubre a diciembre es el que podría presentar una situación más compleja. Estamos lejos todavía para los pronósticos pero hoy el Servicio Meteorológico Nacional está diciendo que las lluvias en la región bonaerense van a ser superiores a lo normal. Ese es el nivel de precisión con el que se puede dar un anticipo. Sí es importante no hablar de “Súper Niño” ni nada de eso. No debe darse una caracterización catastrófica. Es un evento que sucede habitualmente, en este caso con una señal muy fuerte, y veremos cómo se desarrolla. No esperemos el “Súper Niño” porque al menos desde los ámbitos oficiales no se está hablando de esa manera y el lenguaje hay que cuidarlo. 

 

Estamos viendo que en diferentes zonas -y desde hace un par de meses- se están haciendo planes de contingencia, se está evacuando ganado de las zonas inundables, una serie de acciones con mucha antelación…

Eso es inédito porque en otros eventos de similares características no hubo este nivel de preparación, ni tiempo para pensar y ver qué se podía ir haciendo. El impacto económico de cualquier acción que se esté desarrollando es muy poco significativo en comparación con los posibles impactos que pueda tener una gran lluvia. Más que bienvenido que los actores estudien el evento, lo sigan, lo monitoreen. Es clave que los municipios, las provincias, se integren y empiecen a ver un fenómeno de este tipo de forma integral y unan esfuerzos en áreas de infraestructura como salud, desarrollo social, o protección civil. Toda esa conjunción es lo que se debe hacer, después, si se accionan todos esos mecanismos, genial, y si no se necesita, queda la experiencia para una próxima vez. 

 

Lo que también es notable es la cantidad de información que existe a escala global sobre el fenómeno…

Eso no es casualidad, ni tampoco magia. Son las grandes inversiones en ciencia que hacen algunos países, la posibilidad de acceder a satélites y un gran sostenimiento de equipos de trabajo, de científicos, hidrólogos, meteorólogos, instituciones, etc., que al compartir datos, generan un volumen de herramientas que permiten, con bastante anticipación, saber que se puede estar ante una situación crítica. Es un avance científico notable y nos encontramos hoy en este nivel de conversación inédito en torno al fenómeno. Está muy bueno porque es lo que permite que se puedan tomar medidas con antelación. 



“Ahora resulta que ahora se ve la magnitud y la importancia del trabajo que se desarrolla tanto el Servicio Meteorológico Nacional como el Instituto Nacional del Agua. Para nosotros es una satisfacción que nos vengan a buscar y nos pregunten, pero venimos de un periodo de destrato y acá estamos, estoicos”, dice Mariano Re, ingeniero civil.

¿Cuál es la situación del país en ese sentido?

Estamos encarando una situación anómala en el peor momento institucional, con equipos de trabajo diezmados, con salarios clavados. Tanto el Servicio Meteorológico Nacional como el Instituto Nacional del Agua, son lugares que han sido destratados en este último periodo y resulta que ahora, como va a ocurrir algo que podría ser de impacto, se necesita información que se genera en esos ámbitos. Ahora se ve la magnitud y la importancia del trabajo que se desarrolla en esas áreas. Se está asistiendo a un montón de sectores que tienen inquietudes respecto de El Niño. Para nosotros es una satisfacción que nos vengan a buscar y que nos pregunten, pero venimos de un periodo de destrato y acá estamos, estoicos todavía. Ahora se ponen en valor estas instituciones que tienen conocimiento acumulado. No es el primer Niño que pasa el INA. El Sistema de Monitoreo de Alerta Hidrológico de la Cuenca del Plata se creó después del Niño de 1983, hace más de 40 años que está trabajando en esta línea y hay un conocimiento acumulado, hay experiencia, hay saberes y hay inversión previa en recursos humanos y equipamiento. Enfrentamos esta situación con equipos diezmados pero con mucho saber acumulado. Bien vale el momento para revalorizar el sector científico, porque saber esto con tanto tiempo es ciencia pura, ciencia y tecnología aplicada directamente.

 

¿Los ríos Paraná, Uruguay e Iguazú son los que hay que observar con más atención?

Sí, toda la Cuenca del Plata. Estos ríos estarían bajo señales de crecida con tiempos muy distintos: el río Iguazú es muy rápido, el Uruguay un poco menos, y el Paraná es más lento, pero son los ríos que al menos desde el INA están teniendo un seguimiento muy activo. Y hay mucha avidez por información sobre cómo viene la dinámica de esos ríos porque las seis provincias del litoral argentino están dentro de un área de posible mayor impacto. 

 

¿Y cuál es la situación al día de hoy? 

Hubo unas pequeñas crecidas en el río Iguazú, otras en el río Uruguay, pero crecidas ordinarias producto de algunas lluvias puntuales. Lo que empieza a mostrar eso es que las cuencas van dejando antecedentes de humedad, y una acumulación requiere atención. En cuanto al Paraná, está en una situación normal por ahora.

 

¿Qué podemos esperar para la cuenca del Río Salado?

Es parte de la cuenca del Plata, con lo cual está dentro del área de posible afectación. Va a depender mucho de las condiciones de humedad que haya en las distintas zonas, y para ir tomando decisiones, está bueno observar el seguimiento de las napas en esta área de tan poco escurrimiento y donde el movimiento del agua es más bien vertical, se estanca y se queda en los bajos. Ahora, la última gran inundación de la cuenca del Salado fue en el año 2001 y no fue un año Niño, fue un año neutro, así que no es condición para que se inunde que sea año Niño. 

 

Incluso en ese año no había nada de lo poco o mucho que se ha hecho sobre el Plan Maestro…

Estaba recién salido del horno en 2001, no había nada de infraestructura. Ahora hay más infraestructura, la ampliación del cauce está hecha en una gran proporción producto de 20 años de trabajo. Y también hay más conocimiento, hay más elementos para hacer seguimiento, estamos en una mejor situación como para enfrentar este tipo de cuestiones.

 

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