- Política
- /
- De Trump a Pinochet: la cadena nacional por Malvinas expuso las contradicciones de la política exterior de Milei
De Trump a Pinochet: la cadena nacional por Malvinas expuso las contradicciones de la política exterior de Milei
Tras años de discursos de «desmalvinización», el presidente dio un giro con sus anuncios en cadena nacional. La jugada responde a los roces de Donald Trump con Londres.
- septiembre 4, 2026
- Lectura: 5 minutos
Compartir:
- septiembre 4, 2026
- Lectura: 5 minutos
Compartir:
Javier Milei encabezó este jueves por la noche una cadena nacional sobre Malvinas en la que anunció la firma de un decreto para sancionar a las empresas que exploten hidrocarburos en el archipiélago y otro para destinar recursos de Defensa a una base naval en Tierra del Fuego. «Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho. No hay discusión al respecto», dijo, y calificó cualquier avance británico como «una violación a nuestra seguridad nacional». El anuncio llega tras tres años en los que el propio Gobierno fue acusado de profundizar la desmalvinización, puertas adentro y en el plano diplomático.
El viraje no es menor. Milei tiene un retrato de Thatcher en su despacho y la definió como una de sus referentes, la misma primera ministra que comandó la ofensiva británica de 1982. La gestión libertaria invisibilizó la causa Malvinas en los foros internacionales y Milei recién marcó distancia de ese perfil tras el partido de la Selección argentina contra Inglaterra en el Mundial, cuando los jugadores desplegaron una bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas». De hablar de los isleños como «malvinenses» pasó ahora a decir, en cadena nacional, que el archipiélago «es el futuro» y no solo una cuestión del pasado.
Ese giro tiene un origen ajeno a cualquier convicción soberanista: las declaraciones de Donald Trump esta semana, al ser consultado sobre si Estados Unidos respaldaría a Gran Bretaña ante un reclamo argentino. Evitó comprometerse –habló de «un viaje largo, un largo camino»– y no usó la palabra «Malvinas»: se refirió a las islas como «Falklands», la denominación británica, y hasta elogió cómo el Reino Unido las «recuperó con bastante firmeza» en 1982. Lo relevante es el contexto: encadenó esa frase con su malestar porque Londres no lo respaldó militarmente en las operaciones sobre el estrecho de Ormuz vinculadas a Irán: «No estuvieron allí para ayudarme». No hubo, entonces, un gesto de apoyo a la causa argentina, sino un capítulo de la fricción de Trump con Londres, donde la Argentina quedó como ficha de cambio de una disputa ajena.
Ese dato choca con la lectura oficialista. Legisladores libertarios como Karen Reichardt celebraron los anuncios de Milei como señal de que «la Argentina volvió a ser un país serio», y Daniel Scioli calificó la cadena de «brillante». Desde la oposición, Myriam Bregman sugirió que a Milei «le escribieron el libreto en el Pentágono», y Esteban Paulón advirtió sobre el riesgo de que la reivindicación derive en una «entrega» de margen de maniobra hacia Washington.
Fuentes del Gobierno admitieron en off que Milei ya no tiene el entusiasmo de meses atrás por el viaje a Londres que había anunciado en diciembre pasado a un diario británico. Se especulaba que era para negociar, entre otras cosas, el levantamiento del embargo de armas vigente desde 1982. Pero en la Cancillería de Pablo Quirno insisten en sostenerlo en agenda, incluso evaluando hacerlo coincidir con la Semana del Litio londinense de fines de octubre. El viaje, hoy, es una incógnita puertas adentro de la Casa Rosada.
El cuestionamiento más documentado a Milei llegó desde el peronismo, que impugnó tanto el timing como la novedad de los anuncios. El excanciller y ministro de Defensa Jorge Taiana, ahora diputado, que impulsó en 2022 la construcción de la Base Naval Integrada de Ushuaia, escribió en X: «Tras 3 años de persistente desmalvinización, Milei anuncia medidas que llegan tarde, después de haber flexibilizado normas y hecho concesiones que facilitaron el avance del Reino Unido sobre nuestros intereses». Precisó que las sanciones a empresas que exploren o exploten recursos en Malvinas ya estaban previstas en las leyes 26.659 y 26.915, y acusó a Milei de buscar «galtierizar» su figura para «recuperar espacio ante el pueblo argentino». También advirtió que usar la causa Malvinas para crear un «Consejo de Seguridad» dentro de la estrategia contrainsurgente de Trump del «Escudo de las Américas» «resulta peligroso».
Fuentes del Gobierno admitieron en off que Milei ya no tiene el entusiasmo de meses atrás por el viaje a Londres que había anunciado en diciembre pasado a un diario británico. Se especulaba que era para negociar, entre otras cosas, el levantamiento del embargo de armas vigente desde 1982.
En la misma línea, la senadora por Tierra del Fuego Cristina López cruzó al Presidente con ironía: «Te volviste peronista, Milei», y recordó que el propio Gobierno desfinanció esa misma base durante su gestión, y ahora la presenta, con otro nombre, como un «Polo Logístico» para el Atlántico Sur. López remató: «Unas horitas antes de este mensaje ‘malvinero’ estuviste en Chile defendiendo a Pinochet… el dictador que ayudó a los ingleses en 1982».
La escenografía patriótica contrasta, además, con una diplomacia con signos de improvisación. La Argentina no tiene embajador en Brasil, su principal socio comercial y vecino histórico, desde que Brasilia degradó la relación a nivel de encargado de negocios tras los insultos de Milei a Lula da Silva, a quien llamó «presidiario», «ladrón» y «corrupto». Ante ese vacío, legisladores opositores –Martín Lousteau, Cecilia Moreau, Germán Martínez y Maximiliano Ferraro, entre otros, impulsados por Nicolás Massot– viajaron este martes y miércoles a Brasilia para reunirse con la comisión de Relaciones Exteriores del Senado y con funcionarios de Itamaraty y del Planalto, en un intento de abrir un canal paralelo que supla la ausencia de diplomacia oficial con el socio principal del Mercosur.
El patrón se repite en la agenda internacional de Milei, que en dos años y medio concentró buena parte de sus viajes en foros ideológicos antes que en visitas de Estado con sus pares locales. Esta misma semana se codeó con figuras de la extrema derecha global en dos tribunas. El miércoles cerró en Buenos Aires el foro libertario Vientos de Cambio, y ayer jueves viajó a Santiago para el Foro Madrid, armado por el español Vox. Allí reivindicó «el derrocamiento del comunista Allende» y elogió la gestión económica de Pinochet. En Chile está comenzando a venderse el libro “El pacto perfecto”, una investigación sobre la ayuda militar que ese régimen pinochetista prestó en secreto a Gran Bretaña en 1982, la misma guerra que hoy justifica la base naval anunciada.
La visita de Milei a Santiago coincidió, además, con una insólita polémica bilateral: el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Gustavo Valverde, reclamó soberanía sobre el Estrecho de Magallanes, lo que motivó una protesta chilena y obligó al jefe de la Armada, almirante Juan Carlos Romay, a reconocer que el estrecho «pertenece a Chile», según los tratados de 1881 y 1984.
A ese cuadro se suma el caso de Fernando Cerimedo, que expuso una diplomacia paralela manejada por operadores libertarios fuera de los canales institucionales: el asesor detenido en Bolivia desde el 23 de agosto por tentativa de feminicidio, enriquecimiento ilícito y encubrimiento de narcotráfico, había sido premiado meses antes como «consultor político hispano del año» en una gala de Mar-a-Lago con participación virtual de Milei.
Mientras Milei pisaba Chile se creaba en la Cámara de Diputados trasandina una comisión investigadora para seguir los pasos de Cerimedo en la campaña de José Antonio Kast, y en Perú se conocían fotos del asesor libertario con la actual presidenta peruana Keiko Fujimori, quien debió desmentir cualquier relación directa. Ese patrón se repite en varios países de la región –además de Bolivia, la mancha de Cerimedo llega a Paraguay, Uruguay, Colombia, Honduras y México– y sugiere que la política exterior libertaria se define tanto en la Cancillería como en una red de vínculos personales que corre en paralelo a la agenda de Estado.
Vista en conjunto, la cadena nacional funciona menos como política sostenida que como reacción defensiva a la agenda que marcó Trump, montada sobre una diplomacia que, medida por sus resultados, exhibe más contradicciones.
4Palabras
Compartir:
Temas relacionados
Comentarios Cancelar la respuesta
Más leídas
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad
Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado
Más información
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad



