Argentina / 15 febrero 2026

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Luis Tonelli: “Milei es un ilusionista que crea mitos y no realidades”

El politólogo y docente universitario analiza el discurso presidencial en Davos, que incluyó el asesinato de Maquiavelo, como una puesta en escena de “superhéroe” que combate males abstractos con fórmulas esotéricas. Advierte sobre el surgimiento de una política basada en la arbitrariedad y el mesianismo.

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En su discurso en Davos, el presidente Javier Milei anunció la muerte y la otra muerte de Nicolás Maquiavelo. La mención se suma a los ataques oficiales a las ciencias sociales y “politológicas” y el desfinanciamiento de las universidades y el sistema científico. Para Luis Tonelli la ofensiva no es una causalidad, si se entiende a la ciencia política como herramienta de democratización frente a un saber que se pretende críptico y mesiánico.

Politólogo, docente y exdirector de la carrera de Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires (UBA), Tonelli entiende que no se trata de una discusión académica, sino de una estrategia de poder que busca desmantelar la mediación institucional en favor de una política de “superhéroes y villanos”.

 

¿Por qué matar otra vez a Maquiavelo? 

Está claro que el presidente a Maquiavelo no lo trata técnicamente, como a veces aborda algunos conceptos de economía, sino que lo hace de forma vulgar y toma la leyenda negra, la idea de que “el fin justifica los medios”, algo que sabemos que Maquiavelo nunca escribió. Él escribió El príncipe, un manual para la construcción del poder de una persona. Es el siglo XVI en Italia, donde el estado se va a configurar recién después de, por ejemplo, la constitución del propio estado argentino. Para Maquiavelo, si no hay unidad del poder lo que hay es anarquía; y en la anarquía no hay ningún tipo de ética y moralidad. Hay autores que toman esa visión maquiavélica, por ejemplo Max Weber, que va a considerar que la política surge a partir de que hay estado. Cuando no hay estado, hay poder desnudo. Maquiavelo en El príncipe es el autor del poder desnudo. Hablo del stato, pero es una propiedad del príncipe, no habla de lo público. Ahora bien, en paralelo escribe otro libro, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, que muestra un Maquiavelo brillante y luminoso, que trata sobre la república. Es decir, una política encauzada en términos institucionales. Entonces lo de Milei no puede tomarse en serio

El problema es que esos discursos tienen consecuencias concretas, como el desfinanciamiento del sistema científico y las universidades, en especial de las ciencias sociales.

Hay una visión sobre El príncipe de Maquiavelo que es la de Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel. ¿Qué dice Gramsci? Maquiavelo no está escribiendo para Lorenzo de Médici. ¿Por qué? Porque si hay alguien que sabía de esta política principista eran los Medici, los Borgia. Entonces Maquiavelo está contrabandeando una visión para el pueblo, para que entienda cómo es la política de poder desnudo. Hay una racionalidad posible para entender ese odio de Milei contra la investigación social, contra la ciencia politológica. Una suerte de fijación. Creo que tiene que ver con que la ciencia política lo que busca es democratizar el saber político. Entonces una persona tan poco leída en humanidades como Milei, declara como enemigo a alguien como Maquiavelo, que puede dar una visión diferente, iluminadora, que muestra las contradicciones del poder. 



Toda la actitud de Milei es presentarse como un superhéroe. Y a los superhéroes, Batman o a Superman, no se les pide un hospital o una escuela; se les pide que luchen contra el mal. Pero el mal es algo complejo, misterioso, oscuro. Y para contrarrestarlo hacen falta lo atávico, las fórmulas secretas, la Cábala, la numerología. Ahí radica este arte de ilusionista que tiene Milei, y hay que reconocer que es un experto en ese sentido.

Milei mostró un carácter críptico en su discurso, parece querer mostrar que detenta un saber al que los demás no podemos acceder. ¿Puede leerse en esa clave su ataque a las ciencias políticas en tanto herramienta de democratización?

Toda la actitud de Milei es presentarse como un superhéroe. Y a los superhéroes, Batman o a Superman, no se les pide un hospital o una escuela; se les pide que luchen contra el mal. Pero el mal es algo complejo, misterioso, oscuro. Y para contrarrestarlo hacen falta lo atávico, las fórmulas secretas, la Cábala, la numerología. Ahí radica este arte de ilusionista que tiene Milei, y hay que reconocer que es un experto en ese sentido. Un influencer que crea mitos y no realidades. Él es el superhéroe que tiene la fórmula secreta, que vuela sobre Ciudad Gótica y lucha contra un mal abstracto. Es una cuestión simplista, infantil, que nos habla a las claras del fracaso de la política. Entonces, los doctores ya no sirven y ahora vienen los curanderos y los brujos. Estábamos acostumbrados a una política de los logócratas: si había una contradicción entre el discurso y la realidad, eso era deslegitimante. Pero ahora la contradicción es una base para la arbitrariedad: “Ustedes no me entienden, pero yo no lo voy a defraudar”. 

¿A quién le habló Milei en Davos? Mezcló autores clásicos, referencias bíblicas con menciones a la política doméstica. 

Milei capta que la palabra hoy está muy devaluada. Y él hace todo lo posible para devaluarla. Es un discurso hiperinflacionario en términos de palabras, porque realmente no va a ningún lado. Dice cosas que son flagrantes mentiras. Por ejemplo, que enseñó a pescar. ¿A quién? Si se mantuvieron los subsidios; y, en términos educativos, no avanzó nada. Es un gobierno libertario. Una ideología exótica, tan extrema y antiestatista que es una contradicción con la idea de gobierno. Milei da un discurso donde dice que el Estado no tiene que regular nada, pero empodera la SIDE como no lo hizo ningún presidente en la democracia. Lo que hay que analizar es ¿por qué Milei? ¿Cómo surge? ¿Cómo consigue gobernabilidad? Esto no tiene que ver con una política democrática, sino con una erosión institucional. Es la toma del poder de una minoría, casi como pasaba en la década del treinta. Es una minoría sin ningún tipo de pruritos, que puede brindar discursos éticos berretas cuando hay sospechas de una debilidad enorme en el lado ético del gobierno de Milei.

 

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