Esteban Bullrich rompe con el PRO por la “protección brindada” a Adorni
El exsenador nacional Esteban Bullrich renunció al PRO con una durísima carta dirigida a Mauricio Macri. Atravesado por su enfermedad y el rechazo a los “silencios cómplices” ante casos de corrupción como el de Manuel Adorni, uno de los fundadores del partido denunció la pérdida de identidad y la subordinación de la ética a la conveniencia política.
- junio 25, 2026
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A través de una demoledora carta dirigida a Mauricio Macri, uno de los pilares fundacionales del PRO selló su renuncia al partido. Entre la urgencia ética impuesta por su enfermedad y el rechazo a los “silencios cómplices” del oficialismo, la misiva del exsenador nacional Esteban Bullrich traza una radiografía sobre la pérdida de identidad de una fuerza que devoró sus propios principios.
Luego de varios preanuncios, el exministro de Educación decidió bajarse de un barco que, según su mirada, navega hacia la orilla de la amnesia moral. Para comprender la magnitud de la onda expansiva que provoca este portazo, es preciso retroceder el casete de la historia política contemporánea. Esteban Bullrich es parte del ADN primario del PRO. Cuando el partido nació al calor de la crisis del 2001, él ya estaba allí. Diputado nacional entre 2005-2007, conductor de la cartera de Desarrollo Social porteña en los albores de la gestión macrista, y luego ministro de la Educación en la Ciudad (2010-2015) y en el Ejecutivo nacional (2015-2017), su posterior banca por la provincia de Buenos Aires en el Senado nacional confirmó su peso político en la estructura partidaria.
“Por medio de la presente quiero presentar mi renuncia irrevocable al PRO, partido que tuve el honor de fundar junto a vos hace más de veinte años”, dispara en las primeras líneas de su misiva, clausurando dos décadas de militancia. Su diagnóstico va al hueso de la construcción identitaria: «Compartimos el sueño de construir una nueva forma de hacer política, basada en la honestidad, la cercanía, la vocación de servicio y el respeto por las instituciones», rememora.
Y luego lo contrasta con un presente descolorido: “Desde hace ya un tiempo me cuesta reconocer en muchas decisiones del partido el espíritu que nos dio origen. No se trata de diferencias tácticas, ni de matices propios de cualquier fuerza política. Se trata de una distancia cada vez mayor entre los principios que decimos defender y las decisiones que finalmente adoptamos”.
Esteban Bullrich: “Desde hace ya un tiempo me cuesta reconocer en muchas decisiones del partido el espíritu que nos dio origen. No se trata de diferencias tácticas, ni de matices propios de cualquier fuerza política. Se trata de una distancia cada vez mayor entre los principios que decimos defender y las decisiones que finalmente adoptamos”.
Bullrich, cuya vida fue atravesada en 2021 por el diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) que lo obligó a abandonar su escaño en la cámara alta, introduce en la discusión política una dimensión distintiva: la perspectiva de la finitud de su vida. “Mi enfermedad me obligó a mirar la vida desde otro lugar. Me enseñó que el tiempo es demasiado valioso para vivir en contradicción con la propia conciencia”, reconoce. El verdadero liderazgo, afirma, “nace de la coherencia entre los valores que proclamamos y las acciones que elegimos cuando esos valores son puestos a prueba”. En consecuencia, sostiene que “permanecer en el partido implicaba aceptar silencios y decisiones con las que ya no podía identificarme”.
El factor Adorni: la gota que rebalsó el vaso
La carta evita la abstracción moral. Hay un nombre propio que actúa como catalizador del desencanto: Manuel Adorni. El blindaje partidario hacia el vocero se transformó para el exsenador en el límite de lo tolerable. “La protección brindada a Manuel Adorni fue, para mí, el hecho que terminó de hacer evidente esa distancia”, sentencia. Y añade: “No porque crea que una persona defina el destino de un partido, sino porque las organizaciones revelan su verdadera identidad en aquello que deciden justificar, tolerar o defender. Cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo».
Allí se revela la verdadera grieta que desvela a Bullrich: la subordinación de la ética a la conveniencia estratégica. Su veredicto es irreversible. La lealtad no puede convertirse en un pacto de silencio. “Hay momentos en los que la fidelidad a una organización no puede estar por encima de la fidelidad a la propia conciencia. Permanecer, para mí, sería dejar de vivir de acuerdo con aquello que intento enseñar y transmitir”, subraya.
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