Ariel Wilkis: “Los sectores endeudados hoy sufren una tormenta perfecta”
El sociólogo e investigador del Conicet analiza el crecimiento del endeudamiento familiar, el impacto de las billeteras virtuales y la toma de préstamos para llegar a fin de mes. “Gran parte de las familias toman crédito para amortiguar una caída que podría ser aún peor”, advierte.
- agosto 10, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Ariel Wilkis es investigador del Conicet y decano de la Escuela IDAES de la Universidad Nacional de San Martín desde 2018. Referente en América Latina sobre la vida social y política del dinero y autor del libro Una historia de cómo nos endeudamos, en diálogo con 4Palabras analiza la crisis crediticia de los hogares argentinos y la expansión de la morosidad en las billeteras virtuales. En un escenario donde el crédito actúa para amortiguar la caída de ingresos, Wilkis advierte: “Donde hay una deuda, falla un derecho: a la vivienda, al trabajo, a la salud”.
Desde hace muchos años investigás el tema del endeudamiento. ¿Por qué hoy se presta más atención a este fenómeno desde la política y los medios?
En el libro Una historia de cómo nos endeudamos reconstruí las cuatro décadas de la democracia argentina en términos de la repercusión política y social del endeudamiento de los hogares. Desde los endeudados por la circular 1050 con el alfonsinismo o el rol del voto-cuota en el menemismo, o los endeudados por los créditos UVA del macrismo o las movilizaciones vinculadas a la agenda del feminismo. Pero en los últimos dos años hubo una expansión del crédito formal, asociada a la caída de ingresos por un lado —es decir, crédito para llegar a fin de mes–, a lo que se sumó una disparada de las tasas de interés desde el año pasado. Entonces, aquellos que habían tomado crédito quedaron dentro de una lógica de crecimiento de las tasas de intereses que come aún más los ingresos. Es una especie de tormenta perfecta.
¿Hay un nuevo perfil de quiénes se endeudan, y de cómo y por qué lo hacen? ¿Qué implica tu concepto de “deuda de sacrificio”?
Armé ese concepto como espejo a una intervención del ministro (Luis) Caputo, que dice que todas las sociedades toman crédito y la Argentina no es una excepción. El punto es que no todas las sociedades lo hacen con el mismo objetivo. Ahí viene el concepto de “deuda de sacrificio” en contraposición a lo que podemos llamar “deudas de inversión” que los hogares toman para comprar un auto, poner un negocio, o incluso irse de vacaciones. Esas son deudas vinculadas a la movilidad social. Pero desde hace varios años, de manera acuciante, gran parte de las familias toman crédito para amortiguar una caída que podría ser aún peor. Esas deudas tienen un rol paradójico porque colocan a las familias en una lógica de vulnerabilidad y en algunos casos de dominación, pero al mismo tiempo les evita caer en una posición peor.
¿Hasta qué punto se puede hablar de un proceso de descapitalización social?
Lamentablemente no tenemos series históricas estadísticas de largo plazo, pero sí se puede observar cómo en los últimos años crece el número de familias que toman crédito y también de familias que se desprenden de bienes como parte de la misma lógica de sacrificio, para intentar sostenerse en ese lugar. Esas prácticas tienen un límite y es la caída.
¿Qué variables potencian el endeudamiento?
Los hogares que toman más crédito y que además se descapitalizan son aquellos con niños, con jefatura femenina, inquilinos y trabajadores precarizados. En una investigación que hicimos con la CEPAL aparecen en especial los hogares con jefatura femenina y con niños o con demanda de diferentes tipos de cuidados.
Un fenómeno de los últimos años pasa por las billeteras virtuales.
Es un claro cambio de juego. Por la información que tenemos del BCRA, donde se concentra la mayor cantidad de mora es en las entidades financieras no bancarias. Presentan una gran expansión en los sectores de mayor precarización laboral y económica. Pero las billeteras virtuales están ocupando el rol de un servicio financiero que antes ocupaban –o que ocupan junto a– otros proveedores de servicios financieros informales. Es altamente probable que Mercado Pago (MP) no reemplace a los anteriores sino que se suman y MP sirve para pagar el fiado o al prestamista. Se entra en una lógica de reciclado de endeudamiento. Otro eje que cambia drásticamente es que las billeteras virtuales tienen una muy baja institucionalización: se está a un click de pedir un crédito. Eso les da una expansión y una velocidad de otorgamiento de créditos fabulosa y con una cobertura frente al riesgo de no pago elevadísima, porque tienen una tasa de interés gigante.
Ariel Wilkis: “Desde hace varios años, de manera acuciante, gran parte de las familias toman crédito para amortiguar una caída que podría ser aún peor. Esas deudas de sacrificio tienen un rol paradójico porque colocan a las familias en una lógica de vulnerabilidad y en algunos casos de dominación, pero al mismo tiempo les evita caer en una posición peor”.
Presentan una suerte de dualidad, porque son un sistema muy visible y publicitado –no es clandestino como el prestamista del barrio– pero a la vez con nula regulación.
Están en una hibridez, con una regulación que les es favorable, porque de hecho no están regulados por el Banco Central, y abren una tensión entre la banca tradicional y esta nueva banca digital. En la cosmología del ciclo político actual no entra de ninguna manera regularlos, si no todo lo contrario. Pero hay que señalar que el anterior ciclo político del peronismo llegó muy tarde a comprender que estos actores estaban realizando un servicio financiero. Primó una mirada mucho más negativa y represiva antes que una visión anticipatoria sobre el vacío que estos nuevos actores estaban llenando. Los cuadros económicos, financieros llegaron muy tarde a un fenómeno que se desarrolló con potencia sobre todo durante la pandemia y después de la pandemia.
¿Es posible generar esta regulación?
Es necesaria, pero primero hay que comprender qué rol cumplen. Si no tenés una mirada más general sobre las dinámicas de crédito en la vida económica de los actores populares contemporáneos, cuando aparece un actor que interviene sobre ese universo –y que además es un actor que lo ves como peligroso– no te queda más que condenarlo. Pero si estas fintech cumplen un servicio financiero es porque tenés fallas en otro lugar. No solo en el sistema financiero: tenés fallas en el mercado laboral y en la protección social. Yo juego con la idea de que donde hay una deuda, falla un derecho: a la vivienda, al trabajo, a la salud, etc.
También falta una visión más propia de la arquitectura del sistema bancario y de su relación con la sociedad. Acerca de cómo si una familia tiene una emergencia un viernes a las doce de la noche y tiene que pagar un medicamento o un velorio, ahí está Mercado Pago. Eso te tiene que interpelar. Y abre toda una discusión sobre qué tipo de infraestructuras públicas financieras hay que desarrollar, porque esos problemas van a seguir estando. Es decir, no podemos tener una visión condenatoria del MP y no tener a mano una interpretación sobre el servicio financiero que brinda. Y junto a ese análisis, tener una estrategia de desarrollo de infraestructuras financieras con un sentido público que tengan la agilidad, la flexibilidad, la presencia que tiene MP.
¿Por qué Cuenta DNI o Modo no logran competir en un pie más de igualdad con MP? ¿Qué es lo que falta o lo que falla?
MP tiene una gran ingeniería social, de capilaridad, de marketing y de penetración. De vínculo entre Mercado Libre y Mercado Pago… Y Cuenta DNI llegó tarde. Hasta la pandemia, dentro del universo progresista/peronista, había que oponerse a todo lo que venía desde el mundo todavía incipiente, pero creciente, de las fintech. No había una mirada más amplia del tablero, de que se estaba produciendo un cambio en las relaciones entre sociedad, finanzas, tecnología. Después, durante la pandemia, el Estado nacional, el gobierno bonaerense, lanzaron sus billeteras porque no les quedaba otra. Hicieron de la necesidad, virtud. Y se entró en un proceso de aprendizaje, dejando atrás otro tipo de obstáculos ideológicos, pero se llegó tarde. En especial, ante esa capacidad de Mercado Pago de expandirse, desarrollarse, innovar tecnológicamente, etc.
¿Qué registros tienen del cruce entre el narco y el endeudamiento?
En los últimos años aparece de modo creciente. Están las investigaciones de José Garriga en San Martín, de Juan Pablo Hudson en Rosario, de Javier Auyero, que muestran a las redes narco proveyendo un servicio financiero en los barrios. Mi duda es cuánto de esa penetración alimenta económicamente a las redes narcos y cuánto alimenta a las redes narcos en su legitimidad social. Las personas de los barrios dicen: “Este tipo viene en representación de una red narco a prestarme plata cuando lo necesito”. Y no están el Estado ni los bancos, etc. Hasta qué punto hoy actúa como blanqueo social. Que no solo presta guita, sino que a lo mejor lo hace a tasas más bajas.
El gobierno nacional señaló que no debe intervenir en el fenómeno del endeudamiento porque “son acuerdos entre privados”. ¿Qué posibles soluciones podrían encararse en un eventual nuevo gobierno?
Hay muchas iniciativas, tanto públicas como legislativas, o de la banca. Diferentes modelos de financiamiento de plazos, de recompra de deuda… La Legislatura porteña aprobó una normativa para el Banco Ciudad. Diferentes bancos privados tienen su propia política, porque no pueden tener balances sucios, es decir, plagados de deuda. Después, la bancada del peronismo en el Congreso presentó 18 proyectos, lo que marca el nivel de fragmentación que existe en ese espacio político…
¿Cómo pensar una solución que sea estructural y no circunstancial, como ocurrió en Brasil con el Desenrola?
Hay medidas de corto plazo que son las que barajan las diferentes iniciativas que están dando vuelta, que es un poco copiar el programa Desenrola. Pero si pienso en la relación entre deuda y derechos, el aprendizaje de todos estos procesos es que las políticas sociales, las políticas bancarias y financieras no pueden ser mundos separados. La categoría de “deuda de sacrificio” indica que las familias argentinas se endeudan porque sus ingresos no alcanzan, porque la protección social falla para garantizar vivienda, salud, etc. Eso implica pensar las políticas públicas en general. Es imposible resolver el problema financiero de los hogares sin prestar atención a lo prioritario: los ingresos, la vivienda, la salud, la educación.
No obstante, también hay que tener una infraestructura financiera pública que oriente, por un lado, la oferta de crédito hacia el largo plazo, hacia la vivienda, hacia la inversión en el trabajo. Pero que no descuide las necesidades y las urgencias, porque la vida social está plagada de urgencias. Es decir, un sistema bancario y financiero flexible, ágil y presente en lugares, momentos y situaciones a las que hoy le es difícil llegar. Eso implica también pensar la digitalidad de la banca financiera con un sentido público.
4Palabras
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