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Pacto Parental: cómo un grupo de familias logró frenar el uso del celular en la escuela

Ante los problemas de ansiedad y convivencia en el aula de uno de sus hijos, Ignacio Torres impulsó en Mendoza la ONG Pacto Parental, un acuerdo colectivo entre familias para limitar el uso de smartphones en chicos. La alianza social como clave. La vuelta al aire libre, el deporte, y una respuesta conmovedora: “Volvimos a hablar con mis amigos, pa”.

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Tres trastornos de ansiedad y un caso de bullying. Una dinámica en un curso que estaba funcionando mal. Había que sumergirse en el tema. Hacerse cargo. Así, Ignacio Torres empezó a estudiar, a investigar, a preguntar. Abrir ventanas para darle lugar a esa pregunta incómoda: ¿qué implicancias tiene que un niño de diez años use un teléfono inteligente? 

Primero le llegó el libro La generación ansiosa de Jonathan Haidt, y tratando de entender si tenía que ver con eso, se sentó con la directora de la escuela de sus hijos para “ver qué idea tenía ella”, si entendía que podía haber algo en las pantallas que forzara algunos comportamientos. “La pregunta que le hice fue ¿qué vas a hacer vos como escuela? y ella me respondió: ¿qué vas a hacer vos como padre?”, cuenta a 4Palabras. Le pidió una semana para sentarse a pensar y volvió con un documento de tres carillas. Ahí plasmaba cómo lo veía, cuál tendría que ser el proyecto, qué se podía hacer. “Sin querer reinventar la rueda, sino simplemente tomando lo que ya estaba ocurriendo en otras partes del mundo”, dice. Convocaron a una reunión de padres de sexto –que tenía que ser en la escuela para dar un marco institucional– a la que solo asistieron 16 personas. Les planteó que algo no estaba bien, que la tecnología estaba produciéndole daño a los chicos, y que lo mejor era acordarlo de forma colectiva. “Un padre me dijo, ‘hay que hacerlo ahora’, y otro también, y después la directora me pidió que extendiera esta charla a toda la primaria”. Ahí hubo una convocatoria más amplia, de 200 padres, en la que se discutió la columna vertebral del Pacto Parental, un acuerdo entre madres y padres para devolverles a los hijos algo que hoy parece cada vez más difícil: tiempo libre de pantallas.

 

En una sociedad cada vez más fragmentada, generar un consenso comunitario es más difícil, ¿cómo se sostiene? ¿qué empezaste a ver con el paso del tiempo? 

No sé cómo se sostiene colectivamente, sé cómo se sostiene en casa: tomando una decisión y haciéndome cargo, poniéndole un límite a mi hijo, entendiendo que lo que está ocurriendo no está bien. La ciencia dice que el estímulo permanente del teléfono en el cerebro se asemeja a las drogas duras. Cuando vos entendés que a tu hijo le diste cocaína, primero tenés que sacársela, retirarla. Me senté con él y le dije, “te voy a sacar esto porque entendí que te hace mal, no es un error tuyo, no es una penitencia, es un error mío que quiero arreglar. No te pido que lo entiendas, lo vas a entender algún día”. Cuando tomé conciencia, ya no hubo manera de ver inocentemente un teléfono. De ver a un niño friéndose el cerebro con un teléfono.  Entonces ¿cómo se sostiene? Con la convicción misma de que no le vas a dar vino en una mamadera a un bebé como hacían nuestros abuelos, tampoco le vas a entregar el auto hasta que no tenga carnet, tampoco le vas a regalar un paquete de puchos. Así lo sostengo, aunque sea durísimo. 

 

¿Cómo es la respuesta a ese límite?

Primero el chico se resiste, como se resiste a cualquier límite. Va a patalear, por supuesto. Mis hijos me putearon, lloraron, pero cinco minutos después estaban en la plaza jugando. Entendí que el miedo, el problema, era más mío que ellos, porque lo resolvieron muy rápido. Después, sostenerlo es difícil, pero hay tanto que ganás, y tanto que se lleva, que cuando te acostumbrás a esa dinámica no es imposible. Solo había que ponerse firme, había que poner un límite. Hay chicos que volvieron al deporte, que volvieron a socializar de otra forma, volvieron a ocurrir cosas que no nos habíamos dado cuenta que habían dejado de ocurrir. 

 

¿La clave está en que ninguno tenga teléfono?

No, no existe que ninguno tenga. Eso no va a ocurrir nunca, y lo entendemos muy rápido, es una utopía. Tenés que lograr que su grupo primario no tenga, que el tema esté ordenado. Cuando los chicos llegan a casa saben que acá es sin teléfonos. Si en tu casa te permiten, es otro tema. Tampoco puede ser ese factor lo que te haga tomarla decisión. Porque eso es trasladarle a lo colectivo la responsabilidad paternal. Pero claro que es mucho más fácil si los acuerdos son colectivos, mucho más. 



“La ciencia dice que el estímulo permanente del teléfono en el cerebro se asemeja a las drogas duras. Cuando vos entendés que a tu hijo le diste cocaína, primero tenés que sacárselo, retirarlo. Me senté con él y le dije, ‘te voy a sacar esto porque entendí que te hace mal, no es un error tuyo, no es una penitencia, es un error mío que lo voy a arreglar. No te pido ni que lo entiendas ahora, lo vas a entender algún día’. Cuando tomé conciencia, ya no hubo manera de ver inocentemente un teléfono”, dice Ignacio Torres, impulsor de la ONG Pacto Parental.

Más allá de restringir el acceso, los hijos aprenden con el ejemplo, ¿tuviste que trabajar también sobre esto? 

Sí, fue lo primero que me dijo mi hijo. Al final lo ves en retrospectiva y todo fue de manual. Ese día se fue a jugar a la plaza, pero después vino, y yo estaba tirado en la cama con el teléfono y me dijo, “papi, pero vos estás todo el día con el teléfono”, y tenía razón. Me tocó a mí revisarlo y trato de hacer un enorme esfuerzo para ver cómo bajo mi tiempo en pantalla, porque todos tenemos la excusa de que “yo lo uso para trabajar”, pero cuando empezás a revisar para qué estás usando el teléfono, te das cuenta. Tenía cinco horas y media de permanencia, hoy lo tengo en tres horas y media. La realidad es que con el solo hecho de revisar para qué lo usaba, le saqué dos horas. Arrancás el día, apagaste la alarma, y abriste Whatsapp, abriste los correos, y abriste Instagram, y cuando te quisiste acordar, pasaste media hora pelotudeando. Hoy trato de apagar la alarma, y hasta que no se van los chicos al colegio no lo agarro, parece absurdo pero no. Fantaseo con un día dejarlo fuera de la habitación y con cambiarme a un Nokia 110. 

 

En términos personales y con respecto a tus hijos, ¿qué cambios favorables viste?

Logramos que el colegio acompañe y que saquen el teléfono en clase. Mi hijo me putea, por supuesto, porque soy el hijo de puta que le sacó el teléfono a todo el colegio, pero cuando hacemos un balance dice “volvimos a hablar con mis amigos” porque en la escuela no estaban hablando entre ellos, tuvieron que volver a relacionarse. El director de la escuela me cuenta después que estaba teniendo problemas que había dejado de tener, de socialización, porque estaban todos metidos en el teléfono. Con mi hijo menor veo que bajó la irritabilidad, la agresividad, es un tipo mucho más agradable, nadie me lo explica, lo sentí en las entrañas, este tipo está mejor ¿cómo? ¿cuánto? ¿qué? No sé, está mejor, y lo sentí como padre, lo sentí en las tripas. Entonces lo que parece un gigante imposible de derribar, cuando hiciste un mínimo gestito cambió. Los chicos volvieron a hablar. Las familias hoy tienen el celular arriba de la mesa, cuando sacás eso, te queda el vacío y hay que charlar, y pedir que te cuenten de su día, y empiezan a pasar cosas que no nos dimos cuenta que en algún momento dejaron de ocurrir.

 

Sos la cara visible de este movimiento y sos varón, cuando la crianza y lo que ocurre en torno a ella, fue relegada muchas veces a las mujeres, ¿permitió que hubiera mayor compromiso de otros padres?

Es un poco más profundo el tema, pero sí. Primero estoy separado y elegí hacerme cargo de mis hijos, porque hay que decir que muchos padres, juntos o separados, delegan la crianza sin ningún problema. O pagan la cuota alimentaria y con eso basta. Ocurre mucho. Yo encontré en el hecho de ser padre un programa divertidísimo. Venimos de ese esquema recalcitrante de que la mujer es ama de casa, que cría niños, y el padre, el varón, proveedor, está doce horas afuera de su casa. Eso ya fue hace muchos años. La apuesta, más allá del género, es hacernos cargo de la crianza, hombres y mujeres.

 

4Palabras

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