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El muro de Jorge Macri y la deriva autoritaria

El despliegue de “mano dura” del jefe de gobierno porteño, para ponerse a la par con el gobierno nacional y competir con Patricia Bullrich en la disputa por el voto de la ciudadanía porteña. El desprecio basado en el racismo y la discriminación de quienes habitan en el conurbano. ¿A quién representa el “muro” de Macri?

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Imagen ilustrativa de policia de la ciudad

Desde hace un tiempo el jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, pugna por mostrarse como un mandatario de mano dura, a tono con el clima de época que impone el Gobierno nacional.
A los operativos permanentes contra inmigrantes y vendedores ambulantes, el más reciente, la militarización de barrios populares realizada por la noche bajo el nombre de “Tormenta negra”, le sumó un posteo bestial en la red X. Dijo el jefe de gobierno el 14 de mayo: “Un muro de control para proteger a los porteños de lo peor del conurbano. Ley y orden”. Texto acompañado por un video en el que se dejan ver policías encapuchados y exhibiendo armas en puntos límite de la capital argentina, aquellos por los que «irrumpen» cada día centenares de miles de potenciales delincuentes -según Macri- para ir a trabajar, estudiar, pasear o visitar amigos y familia, entre otros motivos. ¿Entre esos potenciales delincuentes estarán los habitantes de Vicente López, partido del Conurbano del que fue intendente entre 2011 y 2023?

La lógica de violencia y discriminación del mensaje del funcionario corresponde a su disputa política con el mileísmo de cara a las elecciones del año que viene. Macri cree que necesita mostrarse más violento que Patricia Bullrich, probable contendiente por su cargo, o cualquier libertario que lleve adelante esa candidatura, descartado ya quien era número puesto para esa lid, Manuel Adorni, entregado a la construcción y el turismo.

Subtes y baldes
Macri intenta sintonizar con el universo represivo y punitivista que votó a Milei en su puja por mantener el distrito porteño para el PRO. Algo que solo parece posible si ambas fuerzas llegan a un acuerdo. Al menos, eso se deduce de recientes ataques de la senadora Bullrich a la gestión porteña. “Un servicio que funciona mal, líneas que no conectan y una ciudad donde moverse de punta a punta es cada vez más complicado. Mientras otras capitales avanzaron, Buenos Aires perdió el ritmo”, señaló Bullrich apuntando al corazón de la gestión macrista. Vale recordar que el líder de PRO, Mauricio Macri, llegó al gobierno porteño en 2007 prometiendo 10 kilómetros de red de subterráneos por año. Llevado al día de hoy, 18 años de gestiones de PRO en la ciudad, significarían 180 kilómetros. La red actual es de 56,6, de los cuales solo 11 se inauguraron desde 2007. Evidentemente, pasaron cosas.
La disputa que plantea Bullrich mueve a Macri a intentar “ser más Bullrich” que la propia senadora, una de las cultoras más representativas del discurso de mano dura. De ahí que el ataque a migrantes, barrios populares, vendedores callejeros y habitantes del conurbano no sorprenda. Más bien, se inscribe en una línea tradicional de la derecha política.
Vale recordar algunos hitos del desprecio a esa región, basado fundamentalmente en los resultados electorales que suelen registrarse en los distritos que la componen. La exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal se preguntó en mayo de 2018, si tenía sentido «llenar la provincia de universidades públicas, cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad». Un culto a la inclusión y a la igualdad de oportunidades.

Macri no gestiona la ciudad en contacto y coordinado con el gobernador bonaerense y los intendentes de los partidos vecinos a la ciudad, como sería deseable en todo conglomerado urbano gigantesco, como el AMBA, que amerita decisiones conjuntas y políticas comunes dado que los límites jurisdiccionales no dividen los problemas, que suelen ser los mismos o muy parecidos a uno y otro lado. Elige el camino de estigmatizar a 11 millones de personas que habitan los 24 partidos del Gran Buenos Aires.

Más cerca en el tiempo, el año pasado, en la campaña previa a las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires y especialmente después de conocerse la amplia derrota de Milei en el distrito, el mileísmo salió con los tapones de punta contra quienes vivimos en el conurbano. El economista Miguel Boggiano posteó: “La gente de La Matanza ama cagar en un tacho”. La diputada nacional Lilia Lemoine también descalificó a la ciudadanía bonaerense: “votás kirchnerismo y tu calle sigue sin asfalto, no tenés cloacas ni agua”. También el empresario Lucas José Salim, fervoroso defensor del modelo libertario, opinó al respecto: “Cagan en un balde y votan a los que les roban en la cara. Son burros, son brutos, son pobres por como votan, pero están acostumbrados a que ‘el patrón’ político les regale una chapa y con eso les alcanza. El conurbano bonaerense es una cloaca en todo sentido, hoy gana la casta, los medios, los curros y el choreo. Y bueno, a tomar decisiones se ha dicho. Esto es Argentina, que nunca entenderías… le deseo a los bonaerenses 25 % de inflación, desabastecimiento, más desnutrición infantil así la próxima aprenden a votar”. ¿Aprender a votar será votar a la derecha?

La pregunta
Macri, no gestiona la ciudad en contacto y coordinado con el gobernador bonaerense y los intendentes de los partidos vecinos a la ciudad, como sería deseable en todo conglomerado urbano gigantesco, como el AMBA, que amerita decisiones conjuntas y políticas comunes dado que los límites jurisdiccionales no dividen los problemas, que suelen ser los mismos o muy parecidos a uno y otro lado. Elige el camino de estigmatizar a 11 millones de personas que habitan los 24 partidos del Gran Buenos Aires: 1% del territorio nacional que concentra casi el 24% de la población total del país. Habla de un muro, al estilo Trump, símbolo global del racismo y la discriminación. Quizás, si lo construye, el muro sirva para tapar la basura que se ve en la ciudad más rica de la Argentina, los problemas de acceso a la vivienda y la educación y la falta de obras trascendentes en su gestión de Gobierno. Así lo señalan sus excompañeros, Bullrich y su antecesor, Horacio Rodríguez Larreta, críticos del gobierno del primo del expresidente.
Con todo, lo más preocupante de este discurso es que no responde únicamente a la mirada autoritaria del jefe de Gobierno, sino que lo emite pensando en un rédito electoral. Vale interrogarse entonces, ¿a qué porción de la población de la Ciudad de Buenos Aires representa el muro de Macri? ¿Son muchos los que piensan así? Pregunta inquietante formulada desde el otro lado del muro.  

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