Argentina / 6 septiembre 2026

temperature icon 3°C
Edit Template
  • Deportes
  • /
  • De la era post-Messi a la cima de Instituto: el nuevo mapa del fútbol argentino

De la era post-Messi a la cima de Instituto: el nuevo mapa del fútbol argentino

Luego de la renuncia de Messi, se abre un fuerte debate sobre el impacto global del 10 y el incierto futuro de la Selección. Entre la búsqueda de un nuevo juego colectivo y el desconcierto por una Liga convulsionada, la cima de la tabla sorprende: los históricos tropiezan mientras emergen nuevos nombres de impronta federal.

Compartir:

Compartir:

futbol x walter 1 sept

—¿Ahora qué van a hacer, profesor? —advierte el ruso Yevgeny Vogarín desde un bar de la ciudad rusa de Vladivostok, durante la llamada clandestina internacional que compartimos para hablar del fútbol argentino.

—Se fue Messi de la selección nacional. ¡Qué dolor para Argentina y para el mundo también! ¿A quién vamos a ver en el próximo Mundial? —replica el norcoreano Che-Cho.

—¿Quién va con la 10 ahora, profesor? ¿Nico Paz? ¿Mac Allister? ¿Aranda? —desafía en tono jocoso el ruso.

La 10 no creo que la quiera usar nadie por un tiempo —baja los niveles el norcoreano Cho, que hace lo de los plantines y empieza a dibujar con tinta china a un Messi haciendo un taco de espaldas, como el famoso póster del joven Diego Maradona.

—Qué será de los niños pobres del mundo que visten su camiseta o se la dibujan en el cuerpo —se pone casi al límite Vogarín.

—Bueno, ruso, pará. Tampoco es para bardear a los pibes pobres del mundo que se arman una ilusión, una puta ilusión con la pelota y Messi. Y para algunos es la salida —se embronca el coreano.

—Tranquilo, camarada Cho. Es solo una crítica a la industrialización absurda y del merchandising que se llena los bolsillos a costa del sufrimiento de miles de millones —tira Vogarín y se limpia los labios con resabios de cortado.

—¿Qué van a hacer ahora los pibes con las camisetas de Messi de la selección argentina? —se preocupa el norcoreano, que avanza con su dibujo en tinta china de la silueta de Messi.

—Se la van a tener que poner igual, ¿o comprar la de Ferran Torres? —imparable el ruso con sus estiletazos de ironía.

—Queda un hueco que no va a llenar nadie más. Siempre fue mi ídolo máximo desde que vivía en Barracas y jugaba en el Sportivo Barracas.

—¿El de la casaca verde y amarilla? —sonríe maliciosamente Yevgeny.

—¿Cómo sabés, ruso? —se preocupa el norcoreano.

—Porque vi una vez un estado tuyo con esa camiseta verde y amarilla a franjas —admite el ruso, que parece ahora más relajado.

—Profesor, ¿qué va a hacer el Chiqui Tapia? ¿Le van a bajar los ingresos como loco a la Asociación del Fútbol Argentino? Se le acaba la fiesta —vuelve a la carga el ruso.

—Por suerte lo pude ver y disfrutar como loco. Nunca disfruté tanto el fútbol como viendo a Messi —parece emocionado Cho, que sigue tirando líneas de Messi en tinta china.

—Bueno, tranca, como dicen en Argentina, todavía les queda el Inter de Miami —se pasa el ruso.

—Bajá un cambio, ruso —desafía con tono duro el norcoreano.

—Escuchen: Cho, vos que estás en el negocio del estampado de buzos y remeras, aprovechá el momento para vender las últimas remesas —carcajea Vogarín, a quien nada lo detiene.

—No jodas más, ruso, con el negocio de las camisetas. Messi fue mucho más que una remera: fue una inspiración para millones de pibes en el mundo, el mejor de todos rompiendo todos, pero todos los récords, y le devolvió a Argentina la alegría enorme de un título mundial —se emociona el coreano, que carga otro frasco de tinta china.

—Y profesor, ¿qué dice usted? ¿Cuántas décadas van a pasar para que fabriquen un nuevo fenómeno mundial imposible de igualar? —sigue lastimando Vogarín, que pide otro cortado.

—Eso es muy difícil de predecir, estimado Yevgeny.

—Me dicen mis amigos argentinos que ven pibes todo el tiempo en sus clubes que los que mejor andan son los de 6 y 7 años. Los más grandes no van, son más de lo mismo —sorprende a todos con la afirmación el coreano Cho.

—Ah, bueno, entonces me voy a pegar una siesta de 20 años —vuelve a tirar la carcajada el ruso.

—No va a quedar otra, Vogarín, que construir equipos con armados más colectivos, con juego asociado, calidad, técnica y potencia ante la falta del desequilibrante mundial.

—No me chamulle, profesor —se atraganta el ruso con el cortado.

—No es chamuyo, querido Vogarín. No le va a quedar otra a la selección argentina. Talentos surgen todo el tiempo en nuestro país, pero un Messi o un Maradona, cada tanto.

—No se olvide de Di Stéfano y Sívori, querido profesor —retruca el ruso.

—Ah, ok. También por un tiempo pongan la atención en otro lado, chicos. No sé, fíjense en Mbappé, Pedri, Cucurella, Bellingham, Olise, Haaland.

—¿Es una ironía, profesor? —contraataca Yevgeny.

—Para nada, estimado camarada. Se viene una época de brillantes jugadores. Tal vez el desequilibrio y la categoría no sean las mismas, pero van a tener que sobrellevar este vacío que deja Messi en sus ojos.



Messi fue mucho más que una remera: fue una inspiración para millones de pibes en el mundo, el mejor de todos rompiendo todos, pero todos los récords, y le devolvió a Argentina la alegría enorme de un título mundial.

—¿Vamos a los equipos tácticos y eficaces, profesor? —invita el coreano.

—Una puede ser esa, y la otra la que decíamos antes: equipos bien armados colectivamente, creativos y técnicos que se imponen por su juego.

—Marcos Ledesma; Giuliano Cerato, Jonathan Galván, Leonel Mosevich, Fernando Alarcón, Diego Sosa; Matías Gallardo, Gustavo Abregú, Jeremías Lázaro; Jhon Córdoba y Matías Tissera —reza de corrido como en las viejas épocas el norcoreano Cho la formación de Instituto de Córdoba.

—¿Qué equipo es ese, Cho? ¿Estás bien? —consulta Vogarín, que va por su tercer cortado.

—La formación del nuevo puntero del Grupo A de la Liga Profesional de Fútbol Argentino, que ya cosechó 16 unidades —responde el norcoreano desde la aldea fronteriza de Kijŏng-dong.

—Profesor, ¿qué pasa por ahí? ¿Cualquiera es primero? Entiendo que los dejó Messi, pero no desvaríen, chicos —grita Vogarín al teléfono.

—Tranquilo, Yevgeny. ¿Qué pasa? La semana pasada estabas defendiendo fuerte el federalismo y el surgimiento de otros clubes por sobre el centralismo porteño y los históricos «grandes» del fútbol argentino.

—Sí, profesor, ¿pero no será demasiado? —señala con duda el ruso.

—¿Por qué va a ser demasiado? —prepea el coreano con tono alto en su voz, mientras da las últimas pinceladas de su Messi en la pose de Maradona.

—Diga usted, profesor, que está más cerca, por favor. Siempre a favor del federalismo, siempre a favor de los más débiles, pero ¿se está dando en el fútbol argentino o es cualquiera? —incita el ruso.

—Acabo de escuchar a un pelado en la mesa de al lado del bar donde estoy que criticaba a su equipo, al parecer Independiente, que perdió 3 a 0 con Gimnasia de Mendoza de local, y decía: «Ni sé cómo se llaman estos tipos. Este es el nivel del fútbol argentino», se lamentaba y movía la cabeza de un lado para otro.

—Ah, entonces, ¿se da un fenómeno nuevo de ascenso de clubes de otras provincias y de los no denominados grandes o es un desastre el nivel en general? —insiste el ruso.

—Hay que analizarlo bien, ruso. Se dan un poco las dos cosas. Por un lado, hay equipos que son muy efectivos, nadie los tiene en el radar, dan la sorpresa con trabajo, esfuerzo y calidad; y, por otro lado, están los artefactos de siempre que se están oxidando hace ya varios años en muchos casos —analiza el norcoreano Che-Cho.

—Se vuelven a la vez cotos de caza de políticos, empresarios y avivados de turno que empeoran las cosas en los equipos grandes. Pero me inclino por poner la cabeza un poco en el otro lado. En las otras provincias del país. En otros clubes con otros dirigentes, jugadores y colores. No estoy hablando de buenos y malos, ya saben, pero girar la cabeza, ver nuevos soles, nuevas caras, nuevos goles no le viene para nada mal al fútbol argentino en este momento.

—Estoy con usted, profesor —señala el norcoreano, que comienza a soplar su dibujo.

Acaban de echar a «Pipo» Gorosito de San Lorenzo, que perdió con los cordobeses y está último en su zona.

—Es demasiado complejo el fútbol argentino a veces, chicos. Qué quieren que les diga. Por momentos no entiendo nada —se confiesa el ruso.

—Escuchá, Vogarín: Boca ganó en el último minuto, River también la ligó y ganó 3 a 2 a los juveniles de Banfield, Racing perdió con Independiente Rivadavia y también va casi último.

¿Y los primeros quiénes son, profesor? —consulta el norcoreano mientras flamea su dibujo en el aire, orgulloso.

—Como les decía, en la zona A: Instituto, Gimnasia de Mendoza, Defensa y Justicia (que le ganó a Platense) y Vélez quedó cuarto después de empatar con Riestra. Y en la B: arriba de todo, Argentinos Juniors, y segundos, Sarmiento de Junín, Tigre y Gimnasia y Esgrima La Plata.

—¿Ven que son un quilombo? ¿Pueden dejar de producir noticias todo el tiempo? ¿No pueden ser un país normal? —se calienta el ruso y corta.

Nos encontramos en la próxima. Gracias por estar en la comunidad de 4Palabras.

 

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: