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Convocatoria a un festival solidario ante el aumento y el hostigamiento a personas en situación de calle

Los números de personas en situación de calle aumentaron en los últimos años y las organizaciones advierten sobre la criminalización, el hostigamiento, el desfinanciamiento de las políticas públicas y los cambios en el perfil social: familias enteras y jubilados que no pueden pagar un alquiler. Este 9 de julio, más de 100 propuestas artísticas se unen en una nueva edición del festival Que no Calle.

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Que no calle imagen

Mientras los índices muestran una realidad cada vez más compleja, las redes comunitarias intentan dar respuesta allí donde el Estado escatima su asistencia. Jorgelina Di Iorio, coordinadora de un grupo de investigación en la Facultad de Psicología (UBA) que lleva adelante un registro unificado de violencias, analiza las causas de una problemática que excede la llegada de las olas de frío polar, y contrasta las cifras oficiales. 

Para Di Iorio, existe una mirada mediática y social que solo se activa en épocas invernales, y que ignora otros riesgos de la vida en la calle. «El frío se convierte en tendencia en determinado momento del año, pero las organizaciones estamos también en alerta cuando hay altas temperaturas, y todo el resto del tiempo». Iorio destaca una cifra alarmante que expone la crudeza de esta realidad en el distrito más rico del país: en lo que va del año ya hay doce personas que murieron en la ciudad en situación de calle, y no todas murieron en un contexto de baja temperatura, sino que se trata de “cuerpos que están menos preparados para resistir a las inclemencias de la intemperie”. 

Mientras el Gobierno de la Ciudad difunde estadísticas propias, los relevamientos de las organizaciones sociales dan cuenta de un panorama mucho más complejo. Esto responde a metodologías y distintos tipos de relevamiento. En tanto el gobierno contabilizó un total de 1613 personas alojadas en dispositivos asistenciales, las organizaciones que integran Contar la calle dan cuenta de que solo en la Comuna 1 hay 1483 personas sin techo de las cuales un 26% está en la calle desde el último año. 

En ese sentido, Iorio advierte que parte de esa diferencia “tiene que ver con cómo y a dónde vas a buscar a las personas”, que es una población que “hay que ir a buscar porque está oculta” y que esto se debe a que hay más hostigamiento, más robos y más criminalización por parte de la policía, que genera una itinerancia forzada de las personas.

La organización busca romper con la narrativa que responsabiliza individualmente a la persona que termina en la calle y propone mirar el entramado político, social, económico. «Es cierto que la persona está más expuesta a consumir, está más expuesta a estar sola, está más expuesta a que la discriminen. Está más expuesta a violencias sistemáticas, pero que alguien se muera por frío en la calle es producto de que no hay suficientes vacantes, que no hay políticas integrantes, que hay un profundo desfinanciamiento de las organizaciones, que cierran dispositivos para el abordaje de los consumos, que desfinancia la salud mental, y eso es un riesgo”.

Este 9 de julio se llevará a cabo una nueva edición del festival solidario Que no Calle, un homenaje a Mercedes Sosa en el que diversos centros culturales de la Ciudad de Buenos Aires abrirán sus puertas de forma simultánea. El evento contará con más de 100 propuestas culturales que incluirán música, poesía, juegos y arte. Durante la jornada, los espacios funcionarán como centros de recepción para recolectar abrigos, frazadas, calzado, ropa de invierno y medias para acompañar a quienes sufren las inclemencias del tiempo, la lluvia y la humedad.

Di Iorio denuncia también un incremento en la crudeza de los ataques y en la violencia institucional, y asegura que la línea gubernamental del “sálvese quien pueda” hace que “la policía esté hostigando, persiguiendo y lastimando”, al punto de registrar detenciones arbitrarias en manifestaciones. A esto se le suma la preocupante violencia social a la que están expuestas las personas en situación de calle: los informes hospitalarios demuestran que las personas llegan golpeadas, quemadas o acuchilladas a las guardias, “y no necesariamente porque hubo una pelea entre personas en situación de calle, que puede pasar, sino porque otra persona le revienta patadas o la quema”. En ese sentido, insiste en “complejizar la lectura y dejar de culpabilizar a las personas para exponer una trama mucho más compleja”. 

 

La investigadora de la UBA explica que en este escenario social, institucional, político, hay quienes no pueden sostenerse, otras personas que cobran un subsidio que es la tercera parte de lo que cuesta una habitación y una gran masa -que son los sectores populares- que padece los aumentos indiscriminados. Para Di Iorio, “eso también es una forma de violencia”, porque “no tenés una changa, porque no podés vender, porque en la calle no hay un mango, y con ese subsidio no te alcanza”. Entonces, agrega, “parte de la violencia es creer que la gente no quiere trabajar”. 

Frente a esos discursos, los datos recolectados por el equipo de investigación muestran una realidad completamente opuesta, ya que el 90% de las personas en situación de calle reportan realizar algún tipo de actividad para sobrevivir. 

Mientras el gobierno celebra los datos macroeconómicos, el modelo impacta directamente en la composición de la población que queda desamparada, y se modifica el perfil de los sectores que ingresan en la extrema vulnerabilidad. La coordinadora del equipo de investigación remarca el impacto en las jubilaciones “que están por el piso” y que no logran cubrir los medicamentos, sumado al desfinanciamiento de obras sociales como el PAMI. “Son el sector al que vemos que sistemáticamente reprimen y revientan a palos en la calle. No están pudiendo pagar el alojamiento. Otros están en la calle o no tienen para comer. Lo mismo le pasa a las familias”. Para Di Iorio “es la consecuencia de las desigualdades estructurales, porque en la medida en que cambian y tenemos un endurecimiento de una lógica regresiva de las políticas económicas y sociales, cambia el perfil de la población”.

Como contrapartida, la solidaridad emerge desde el sector civil y cultural. Este 9 de julio se llevará a cabo una nueva edición del festival solidario Que no Calle, un homenaje a Mercedes Sosa en el que diversos centros culturales de la Ciudad de Buenos Aires abrirán sus puertas de forma simultánea. El evento contará con más de 100 propuestas culturales que incluirán música, poesía, juegos y arte. Durante la jornada, los espacios funcionarán como centros de recepción para recolectar abrigos, frazadas, calzado, ropa de invierno y medias para acompañar a quienes sufren las inclemencias del tiempo, la lluvia y la humedad. 

«Las personas son muy solidarias. Hay mucho registro de que queremos una vida más justa, más equitativa, donde lo que le pasa al otro también nos preocupa y nos afecta, y la muestra de eso es el festival. Cómo que el mundo de la cultura se encuentra con las organizaciones que venimos asistiendo y acompañando a personas en situación de calle para decir una vez más, por quinta vez, Que no calle«.

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