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Facundo Nejamkis: “La imagen del gobierno de Milei está en su piso histórico”

El director de Opina Argentina desglosa los motivos detrás del desplome en la aprobación del gobierno nacional. En esta entrevista, explica cómo la persistente crisis económica y el "efecto Adorni" actúan como aceleradores de un descontento social que ya no empieza a distinguir núcleos duros. El crecimiento de figuras opositoras. Un electorado flotante que comienza a dar la espalda al ajuste.

Manuel Barrientos y Washington Uranga

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Imagen ilustrativa de Nejamkis

La última encuesta de la consultora Opina Argentina revela un escenario crítico para el oficialismo: la imagen negativa de Javier Milei alcanzó el 63%, marcando un desplome de 13 puntos desde el inicio del año. En esta entrevista con 4Palabras, Facundo Nejamkis, politólogo y director de la consultora, analiza los factores detrás de esta erosión, señalando que la crisis económica y los escándalos éticos llevaron la credibilidad oficial a un límite peligroso. Según el vicerrector de la Universidad Nacional de Almirante Brown, el gobierno enfrenta un desafío inédito debido a su falta de recursos políticos para contener el daño. También analiza el ascenso en los niveles de imagen de Axel Kicillof, Myriam Bregman y Cristina Kirchner.

 

¿Cuáles son los factores centrales que explican la caída de la imagen del gobierno en la opinión pública? 

Hay una línea de largo plazo que viene afectando la credibilidad del gobierno en términos de su propuesta económica, y ahora se suma el episodio Adorni, que afecta al gobierno en su credibilidad en términos morales. 

El tema económico viene desde mayo del año pasado, cuando la imagen del gobierno y del presidente empezaron a caer. Eso terminó derivando en la derrota electoral en la provincia de Buenos Aires. Después se recuperó, no por un cambio en las condiciones económicas, sino porque el gobierno logró articular el voto antiperonista de la mano de un hecho inédito en la política argentina que fue la intervención del gobierno de los Estados Unidos en el mercado de cambios. Eso generó un reseteo y un cambio en las expectativas, que son centrales para analizar la evolución de la opinión pública.

Ese efecto duró octubre, noviembre, diciembre. Pero a partir de mediados de enero, los valores empezaron a revertirse nuevamente. A eso se agrega el factor de corto plazo: el efecto Adorni. 

La combinación de estos factores genera este nuevo estado de situación que –por lo menos por los datos nuestros y por los que vemos de algunos otros colegas también– el gobierno está en el piso histórico en relación a su imagen, tanto de la gestión como de sus principales figuras, principalmente el presidente.

Por eso afirmás que el escándalo Adorni tiene un efecto acelerador. 

Si hay alguien que está convencido que el camino de la búsqueda de la estabilidad es prioritario y que para eso hay que ajustar el gasto público y pasarla mal un tiempo, se lo banca. Pero si la está pasando mal, y de repente ve al jefe de gabinete irse en avión privado a Punta del Este, el tipo dice “¡no pará, me pedís esfuerzo, y vos no estás dispuesto ni siquiera a viajar en Buquebus!”. Las dos cosas juntas son intolerables.

¿Por qué pensás que el presidente se aferra tanto a Adorni? 

Eso es lo que más me cuesta entender. El análisis siempre tiende a asignarle una racionalidad a los acontecimientos, como si estuviese todo diseñado, pensado, calculado. Pero también puede haber impericia o desconocimiento. Y estamos hablando de un espacio político que tiene poca experiencia en su recorrido en el poder. Entonces puede, en este momento, quizás estar sin recursos o con recursos escasos. Quizás no tienen a quién poner como reemplazante en términos del equilibrio de las distintas fuerzas internas. No lo sé. Algunos plantean que es un escudo para evitar que se discutan otras cosas u otros escándalos. Pero acá lo único relevante es si vos tenés capacidad, con las explicaciones que estás dando, para cortar la crisis o no. Y no se ve que ni el gobierno ni el funcionario involucrado tengan hoy los recursos como para cortar esta situación. Es un embrollo del que no pueden salir. 

¿Por qué las denuncias contra Adorni calaron en la sociedad más que algunos escándalos anteriores?

Salvo el de Libra, que involucra directamente al presidente y, por lo tanto, no puede tener resolución, porque el presidente no puede ser fusible de sí mismo, el escándalo Espert y el caso ANDIS tuvieron un corte, independientemente de que después puedan volver. El gobierno desplazó a Espert y a Spagnuolo. En el caso Adorni, estamos hablando de una primera figura, del jefe de Gabinete. Si no le das una resolución, el tema sigue escalando.

Los expertos en comunicación de crisis indican siempre que uno no puede ser el vocero de su propia crisis y que tampoco puede decidir cuándo se corta la crisis. Son dos errores fundamentales. Es decir, tenés que utilizar recursos suficientes como para que la sociedad determine que la crisis está resuelta o que por lo menos tuvo un corte. Y el gobierno no hace ninguna de las dos cosas. Entonces el tema sigue escalando y no para. Y no va a parar. 

¿Por qué?

Ahora escuché que están hablando de una explicación vinculada con la herencia del padre de Adorni. Pero si es así, ¿por qué no lo dijo antes? Se terminaba la discusión. Pero nadie tarda dos meses, deja que un gobierno caiga 15 puntos en imagen, y después dice “bueno, está bien, voy a decir la verdad, era una herencia de mi papá”. Porque una herencia de un padre no tiene nada de vergonzoso ¿no? Ahora hay un problema de credibilidad. 

¿Hay algunos sectores en los que se registre una caída mayor de la imagen del gobierno? 

Es difícil pensarlo de esa manera. Pero sí vemos que lo que se ha achicado es el núcleo duro de apoyo al gobierno. 

En el caso Adorni, estamos hablando de una primera figura, del jefe de Gabinete. Si no le das una resolución, el tema sigue escalando. Los expertos en comunicación de crisis indican siempre que uno no puede ser el vocero de su propia crisis y que tampoco puede decidir cuándo se corta la crisis. Son dos errores fundamentales. Es decir, tenés que utilizar recursos suficientes como para que la sociedad determine que la crisis está resuelta o que por lo menos tuvo un corte. Y el gobierno no hace ninguna de las dos cosas. Entonces el tema sigue escalando y no para. Y no va a parar.

¿Ese arrepentimiento significa además un cambio de conducta electoral? Porque también nos encontramos con el arrepentimiento de decir “sí, yo me equivoqué, pero lo voy a seguir votando”. 

Un año y medio antes de las elecciones es difícil plantear qué ocurriría en un hipotético ballotage. Pero hoy no hay ningún dato que señale que en una elección de ballotage entre un candidato como Milei y un candidato del peronismo, necesariamente Milei o el candidato del espacio no peronista tenga que ganar. Si uno mira la historia reciente, el único escenario de un ballotage donde el hemisferio no peronista ganó de manera significativa y contundente fue en 2023. ¿Ese 56% es todo monolíticamente un espacio que quiere que el peronismo nunca más vuelva a gobernar? ¿O parte es eso y parte también son votantes que eventualmente en distintas elecciones van eligiendo distintas opciones y que estaban cansados del gobierno de Alberto Fernández, de su improductividad, su ineficiencia, la falta de coordinación, y eligieron otra opción política para que se vaya Alberto Fernández? Yo tiendo a creer más que hay dos polos configurados en Argentina. Por la positiva, podría verse un polo que es más pro-inclusión, pro-movilidad social, que considera que si lo dejás todo librado a la fuerza de mercado crece la exclusión. Y otro sector más pro-ajuste del Estado, pro-menos impuestos, que considera que si le sacamos esa carga la Argentina se podría desarrollar, podría funcionar mucho mejor y la inclusión podría venir después.

Ahora, eso son 30% y 30%, o 25% y 25%. En el medio hay gente que necesita de las dos cosas y que cuando los programas de ajuste se exceden y generan exclusión, como ocurrió con el menemismo, con Macri, o con Milei ahora, se inclinan por otras propuestas políticas. Y eso te explica que, en esta encuesta, Axel Kicillof, que hace seis meses medía 35 puntos, hoy tiene 45 puntos de imagen positiva. ¿Qué pasó ahí? Hay gente que está en el medio, que no está hiperideologizada ni cargada de miradas sobre la grieta, y simplemente lo que busca es tratar de vivir mejor. Entonces eso las hace inclinarse por distintas opciones políticas en distintos momentos de la historia.

En ese sentido, en el polo hoy opositor, ¿qué es lo que están viendo además de la suba en la imagen de Kicillof? 

También está la imagen de Miriam Bregman. Todavía no tiene un traslado tan significativo en términos electorales, pero evidentemente hay una dirigente que tiene un discurso de izquierda y tiene una mirada positiva por una parte significativa de la sociedad. Después también sigue estando la propia Cristina como un referente que aún estando inhabilitada para la competencia electoral sigue midiendo 39 o 40 puntos de imagen positiva, que es un montón. Después, si todo eso se puede articular y construir un frente electoral más competitivo, o si termina en una competencia electoral que le facilita a Milei un triunfo en primera vuelta por 41 puntos, me excede. Pero entiendo que el peronismo no va a perder su dosis de pragmatismo, su búsqueda permanente de estar en el poder y que va a hacer las cosas que tenga que hacer para tratar de armar un frente lo más competitivo posible y amplio posible como para poder ganar el año que viene.

Si la crisis del gobierno se profundiza, lo más probable es que veamos muchos más movimientos y que veamos formas de resolver eso. También podría pasar, eventualmente, que una fragmentación del espacio de la derecha que, por un Milei poco competitivo, abra el juego a otras candidaturas similares y, al mismo tiempo, habilite la fragmentación del espacio peronista. En 2003, por ejemplo, el peronismo tenía tres opciones.

Todavía es demasiado pronto para hacer ese pronóstico. 

Pero sí veo movimientos y en términos de datos gruesos, hasta el mes de diciembre uno veía que los dirigentes mejor calificados eran los del universo oficialista, y hoy uno ve que los dirigentes mejor calificados son los del universo opositor. Y eso muestra un corrimiento en esa porción grande del electorado flotante, que es el que determina cualquier elección.

En estos últimos dos meses hubo una aceleración de los movimientos políticos, con reuniones que parecían impensadas hasta poco tiempo atrás. En cambio, a nivel social no se ve esa aceleración. En los últimos días, el gobierno cortó 800 mil planes sociales y las movilizaciones fueron casi mínimas. Las universidades hicieron actos y paros, pero no hubo un acompañamiento masivo en las calles. ¿Por qué pasa eso? 

No necesariamente la crisis genera reacción y movilización. La sociedad argentina está muy cansada. Ya lleva casi 15 años de estancamiento, crisis, cepo, inflación creciente. Entonces eso no tiene un efecto necesariamente movilizador. Pero no significa que no pueda castigar políticamente a un gobierno cuando no le gusta.

¿Entonces es más probable que haya una reacción electoral antes que una reacción social? 

Sí, totalmente.

4Palabras

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  • Sonia sanz

    Prudente y realista. Creo importante mantener este perfil como contracara de una política exitista y mediocre

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