Los obispos católicos reiteran “nunca más a la violencia de la dictadura” y piden “siempre más a una democracia justa”
Un documento de la Comisión Permanente del episcopado católico rescata la importancia de la memoria, denuncia una situación de creciente autoritarismo y reclama el diálogo social para construir nuevos espacios de la política. “Una democracia justa no puede ser indiferente a las necesidades básicas de la canasta familiar y al deterioro creciente del trabajo digno”, expresan.
- marzo 19, 2026
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Con la firma de la Comisión Permanente del episcopado la Iglesia católica argentina difundió un documento en el que hace memoria del 24 de marzo de 1976 “que marcó en un ambiente general de violencia, el inicio de esa oscura noche en nuestra historia: la tragedia del terrorismo de Estado”. “Hoy decimos de manera rotunda: ‘nunca más’ a la violencia de la dictadura y ‘siempre más’ a una democracia justa”, sostienen los obispos.
El documento, de aproximadamente tres páginas, no se refiere solo al acontecimiento de los 50 años del comienzo de la dictadura militar, sino que contiene una serie de consideraciones generales sobre la política, la economía, la cultura y la situación general que vive la Argentina hoy. Si bien no incluye referencias directas y específicas respecto de situaciones o personas, abre una agenda de debate sobre problemas actuales y el proyecto de país.
La declaración –que incorpora múltiples referencias a las enseñanzas del fallecido papa Francisco— hace también hincapié en la cuestión de la memoria. “Reconocemos la gravedad de lo acontecido en estos años violentos y comprendemos que la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia presente en ella, que ayude a redescubrir y reconstruir el sentido de la fraternidad entre los argentinos” señalan los obispos en su documento.
Para calibrar la importancia que la jerarquía de la Iglesia le asigna a este pronunciamiento –además de los temas que incluye— se debe tomar en cuenta también que el texto fue aprobado por aproximadamente cuarenta obispos que integran la llamada Comisión Permanente, uno de los órganos más representativos del episcopado católico, que tiene como presidente al arzobispo mendocino Marcelo Colombo y al cardenal cordobés Ángel Rossi en la vicepresidencia.
Hacer memoria, política y “amistad social”
Con respecto a la memoria, que los obispos piden que sea “íntegra y luminosa”, los firmantes recogen palabras del papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti. Decía Bergoglio en este texto que los obispos hacen suyo que “es fácil hoy caer en la tentación de dar vuelta la página diciendo que ya hace tiempo que sucedió y hay que mirar hacia adelante”. Por el contrario, el pontífice dijo sobre el tema que “nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”. Porque, agregaba, “necesitamos mantener viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió que despierta y preserva de esta manera el recuerdo de las víctimas, para que la conciencia humana se fortalezca cada vez más contra todo deseo de dominación y destrucción”.
Al respecto la jerarquía católica solicita ahora que “tengamos bien presente que mutilar la historia abre la puerta a la posibilidad de repetir los mismos errores” y que “hacer memoria, en cambio, nos permite comprometernos con los desafíos del presente y orientarnos hacia un futuro mejor”. Y pide no olvidar “el dolor de los familiares que enfrentan la muerte violenta de un hijo o pariente, sabiendo que ese dolor se multiplica si se trata de un ‘desaparecido’, al no poder tocar su cuerpo, ni llorar ante él”.
El texto también recupera la categoría de “amistad social” reiteradamente aplicada por Francisco para el campo de la política. Retomando palabras del papa argentino los obispos recuerdan ahora que esta tarea “no solo exige el acercamiento entre grupos que tomaron posiciones diferentes en algún período histórico difícil, sino también un renovado encuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables de la sociedad”. Porque “la democracia –dicen—tiene que acertar con su finalidad última que es el bien común”, dado que “el desarrollo humano integral es, hoy, el nuevo nombre de los derechos humanos”. Y advierten también los obispos que “la democracia se envilece cuando deja a alguien afuera, cuando no protege a niñas, niños, adolescentes y jóvenes de la amenaza del consumo problemático y el tráfico de personas”. Porque, se subraya, “una democracia justa no puede ser indiferente a las necesidades básicas de la canasta familiar y al deterioro creciente del trabajo digno”.
Teniendo en cuenta que los obispos se opusieron firmemente a la reforma de la ley penal que bajó la edad de imputabilidad de niños y jóvenes acusados de delitos violentos, adquiere importancia la afirmación de que “cuando las instituciones democráticas favorecen la creación del trabajo digno para los adultos y aseguran una educación de calidad para niños, niñas, adolescentes y jóvenes, están llevando adelante, en definitiva, la mejor política de seguridad”.
El diálogo, los conflictos y la libertad
Los obispos hacen una caracterización de la situación actual afirmando que “vivimos una época con una tendencia creciente al autoritarismo; un tiempo en que los populismos de distinto signo explotan la angustia de los ciudadanos, pero no representan el remedio de una vida buena”. Subrayando que se trata de un tiempo “en que va predominando una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil, cuando la fortaleza de la democracia debería manifestarse en el cuidado a los más frágiles”.
En su texto la jerarquía católica reclama “rehabilitar una política que ponga la economía al servicio de la dignidad humana, que promueva la paz y que cuide nuestra casa común, empezando por preservar el aire puro y las fuentes de agua dulce y potable”. Sobre este punto vale recordar que los obispos católicos han expresado su rechazo a las modificaciones a la ley de protección de glaciares que actualmente se discute en el Congreso por el impulso del gobierno nacional y varias provincias interesadas en la explotación de minerales.
En cuanto a la política la declaración apela a rescatar “un diálogo que sabe respetar, no excluye a nadie y que, por ser cultural, no puede dejar de ser político y social”. Se pide, en consecuencia, dejar de lado “el insulto de cada día al que piensa distinto” y “renunciar a todo tipo de violencia, sabiendo que su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción”. Por eso, se sostiene, “no podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación”.
Recuerdan finalmente los obispos católicos que “la democracia prohíbe rotundamente la eliminación del adversario, no admite el derramamiento de sangre y sustituye la lucha cuerpo a cuerpo por el debate cívico” por lo que es “clave” una “presencia inteligente del Estado que vele por la dignidad de las personas, la igualdad de todos los ciudadanos y garantice la participación plena en la vida de la comunidad”.
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