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Simplemente Sócrates: el capitán de la democracia que jugaba de taquito

Médico, militante y artista del balón, Sócrates desafiaba al poder. En plena dictadura, convirtió al Corinthians en una asamblea y a la cancha en un grito de libertad. “El Doctor” demostró que se puede ser un crack sin perder la conciencia. Un recorrido por la vida de futbolista que eligió la democracia como la mejor jugada.

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Imagen ilustrativa de Socrates

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira era el nombre completo de Sócrates, o el “El Doctor”. Un pibe que jugaba como quería. Esos que ves y decís: “Qué fácil todo, ¿por qué yo no puedo hacer eso?” Desplegaba todo su cuerpo fino y largo en cada jugada. Era la encarnación del futbolista elegante, habilidoso e irreverente. Pero también un intelectual que trascendió la alienación mercantil del deporte para convertir la pelotita en un instrumento de lucha política y cultural durante la dictadura militar brasileña. Como nos gusta a los cuatropalabristas.

Nació el 19 de febrero de 1954 en Belém do Pará, en una familia de clase media con inclinaciones intelectuales. Como muchos de ustedes. Su padre, funcionario público, lo nombró así por el filósofo griego y la república platónica, mientras que sus hermanos recibieron nombres como Sófocles y Sóstenes. 

La familia tuvo que emigrar a San Pablo por motivos laborales, instalándose en Ribeirão Preto. De niño fue al colegio de los Hermanos Maristas (también como algunos de ustedes) y descubrió el fútbol en el patio de la escuela. Obviamente sus mapadres priorizaban los estudios sobre el “juego de los pobres”. 

Cuando tenía 10 años, irrumpió el golpe de la dictadura en su hogar. Sus padres quemaron la biblioteca familiar que contenía textos socialistas para eludir la persecución del régimen, sembrando en el niño una conciencia temprana de la contradicción entre la labor de la intelectualidad crítica y la represión estatal en un Brasil con una estructura económica y política dependiente de los centros de poder, como todos los países de la región.

En su adolescencia y juventud le tocó compatibilizar sus estudios de medicina con la pelota. Estudió en la Universidad de San Pablo donde se recibió en 1977 y llegó, paralelamente, al ascenso futbolístico en juveniles del Botafogo de Ribeirão Preto.

Debutó de forma profesional en 1974 como enganche y fue máximo goleador paulista en 1976, pese a entrenar de vez en cuando, por su poca afición a la parte física y por sus clases universitarias. Pero en 1978 fichó por el Corinthians, club de tradición obrera y del que era hincha. Ahí cambió todo. Encontró su hogar. Al verlo jugar parecía que algo andaba mal. Su físico alto (1.93 cm) y ser muy delgado (“magrao”) contrastaba con una gambeta elegante, pases de taquito, goles con toques suaves a ángulos imposibles. 

Además, era capitán porque llevaba la cinta y hablaba con los árbitros, pero también porque guiaba a sus compañeros en la cancha y en el vestuario. Dicen que hizo 172 goles en 297 partidos. Fue como una síntesis entre artista del fútbol y profesional médico con ideología de izquierda. Algo prácticamente inexistente en el fútbol actual y porqué no decirlo en el de antes también. 

Imagen ilustrativa de Socrates

Sócrates con el Corinthians lo dio todo. Encontró la gloria deportiva con tres campeonatos paulistas en 1979, 1982 y 1983. Y lo que resulta aún más interesante es que lideró la Democracia Corinthiana. Bajo el lema “Ganar o perder, pero siempre con democracia” votaban todo. Y lo hacían en plena dictadura.

Fue también capitán de la selección de Brasil en los Mundiales de España 1982 y México 1986. No era fácil ser capitán en esos equipos plagados de figuras como Zico, Falcao, Eder, Toninho Cerezo, etcétera. Tuvieron actuaciones inolvidables, pero que no llegaron a las finales. 

Difícil olvidar el Brasil 3 – Argentina 1 de 1982 con la expulsión de Diego Maradona incluida. Y el posterior partido donde perdieron con Italia. Después de ese encuentro, Sócrates les diría a sus compañeros: “No pasa nada. Perdimos nada más. Pero del baile que les dimos no se olvidarán nunca”.

En 1986 venían comiéndose a todos los equipos que se enfrentaban. Les tocó cuartos de final con Francia, que también tenía un cuadrazo. Jugaron un partido memorable que terminó 1 a 1. Fueron a los penales y para ironía del destino Michel Platini y Sócrates erraron los que le tocó patear. Fue triunfo francés.

Comentan que en el seleccionado hizo 22 goles en 60 partidos y participó además en las Copas América de 1979, donde llegó a semifinales y perdió con Paraguay; y de 1983, donde llegó a la final y cayó ante Uruguay.

Pero con el Corinthians lo dio todo, como se dice ahora. Encontró la gloria deportiva ganando tres campeonatos paulistas en 1979, 1982 y 1983. Y lo que resulta aún más interesante es que lideró la Democracia Corinthiana junto a Wladimir y Casagrande. Un movimiento revolucionario que tuvo lugar entre 1982 y 1984.

Fue una experiencia inédita en el fútbol mundial. Un experimento de autogestión que igualaba “un hombre, un voto”. En este esquema entraron jugadores, técnicos, trabajadores y dirigentes que, de manera conjunta y democrática, tomaron decisiones sobre concentraciones, ropa, estrategias de juego, bonos, comidas, participación de los jugadores en la distribución de los premios y los ingresos del club, etc. Bajo el lema “Ganar o perder, pero siempre con democracia” votaban todo.

Un dato no menor es que llevaron adelante esta experiencia en plena dictadura. Además usaban sus camisetas como herramienta de comunicación exigiendo “Elecciones directas ya” (Diretas Já), politizando el estadio como arena de resistencia contra los militares. Sócrates entraba a la cancha con vinchas que tenían mensajes como “Justicia” o “Democracia”. Años después dijo: “Cuando entrábamos a la cancha, invertíamos en mucho más que un simple partido. Luchábamos por la libertad en nuestro país”.

La Democracia Corinthiana trascendió el fútbol. Inspiraron movilizaciones sindicales y callejeras que aceleraron la vuelta de la democracia en 1985. Después llegaron intelectuales, artistas y millones de hinchas que la festejaron y la adoptaron, pero solo como metáfora de autogestión. Otra cosa es ponerla en práctica, ¿no?

 La experiencia subvirtió el orden establecido del fútbol donde la pasión, la identidad y el amor a los colores suelen ser explotados por los grandes grupos económicos, sujetos políticos y arribistas de ocasión.

Pero la pasión de Sócrates por la política iba más allá de su club. Durante el movimiento Diretas Já, Sócrates prometió ante un millón y medio de personas en San Pablo que, si el Congreso brasileño no aprobaba la enmienda para permitir elecciones presidenciales directas, él se marcharía del país. Como la propuesta fue rechazada por falta de votos, el futbolista cumplió su palabra y se fue a la Fiorentina.

Estuvo en Italia entre 1984 y 1985. Un paso efímero y consciente.  Criticó la “alta burguesía” florentina y el ritmo explotador de la Serie A, declarando ante periodistas: «Non li conosco [a Mazzola o Rivera]. Sono qui per leggere Gramsci nella sua lingua originale e per studiare la storia del movimento operaio» (“No los conozco. Estoy aquí para leer a Gramsci en su lengua original y estudiar la historia del movimiento obrero”).

Hasta se murió cumpliendo un sueño. “Quiero morir un domingo y con el Corinthians campeón”, había dicho en una entrevista. Y efectivamente un domingo 4 de diciembre de 2011 por la tarde falleció al mismo tiempo que su histórico club se consagró campeón del Brasileirao tras empatar contra Palmeiras.

El propio Sócrates había admitido públicamente tener una larga dependencia del alcohol, factor que deterioró su salud hepática a lo largo de los años. Se definía como un “antiatleta” que priorizaba el pensamiento y la libertad por sobre el rigor físico. El parte médico dijo que la causa oficial de su muerte fue un choque séptico de origen intestinal. 

La revista especializada France Football otorga el “Premio Sócrates” en la gala del Balón de Oro para reconocer a futbolistas destacados por su compromiso con causas sociales, humanitarias y la construcción de una sociedad más justa e inclusiva, inspirándose en el legado de este muchacho.

En fin, chikles. Sócrates representó la unión entre el talento deportivo y el compromiso social, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia contra la dictadura militar en Brasil. Fue un puente entre la cancha y las calles (linda frase para un libro, ¿no?), demostrando que el fútbol es un lugar hermoso para luchar por el cambio social. Futboloides del 4palabrismo, uníos.

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