Argentina / 12 marzo 2026

temperature icon 26°C
Edit Template
  • Inicio
  • /
  • Política
  • /
  • Alfonsín y Chascomús: la identidad de un pueblo y el pueblo como identidad

Alfonsín y Chascomús: la identidad de un pueblo y el pueblo como identidad

Alfonsín siempre estaba volviendo a Chascomús, el pueblo en el que nació hace 99 años y al que le cambió la identidad. Yo lo vi algunas veces, pero quizás su regreso más llamativo fue el que concretó el día que dejó la presidencia.

Compartir:

Compartir:

Alfonsín y Chascomús: la identidad de un pueblo y el pueblo como identidad

Mis papás escucharon los resultados de las elecciones de 1983 en la radio de un auto, en las puertas del comité radical de Chascomús. Dicen que mientras iban dando los números, se miraban entre ellos con caras de desconcierto. No podían entender que un vecino del pueblo, uno de los 30 mil habitantes que tenía en ese entonces, iba a ser presidente. Ese hecho fundamental para la Argentina actual también cambió la identidad chascomunense.

Como la laguna del pueblo, Alfonsín se transformó desde su presidencia en una referencia ineludible de Chascomús; referencia que, después de su muerte en 2009, se acrecentó y manifestó con monumentos y reconocimientos. En la zona ribereña hoy está Monumento a la Democracia diseñado por Clorindo Testa; una estatua de bronce, ubicada en el Parque Libres del Sur; y una escultura en el sector de Punta Norte. También, en la zona del casco histórico, se erigen las construcciones que fueron sus hogares, uno de los cuales hoy está transformado en un hotel-museo. Y en el Concejo Deliberante local, donde se desempeñó como edil desde mayo de 1954 hasta el golpe de 1955, su banca lo reconoce con una placa. 

Crecí en pleno menemato, pero en la casa de mi infancia siempre se habló de Alfonsín como alguien importante, pero cercano a la vez. Además de expresidente, Alfonsín era chascomunense, como nosotros. “Vino Raúl”, podía decir alguien para sugerir que estaba en la ciudad, en el comité de la UCR de la calle Mazzini. Así lo nombraban en el pueblo, “Raúl”, como dejando en claro que con eso alcanzaba y que, como a cualquier otro vecino, uno se lo podía cruzar por la calle, saludarlo y mantener una conversación. Eso, de alguna manera, era así.

En el transcurso de mi infancia, lo vi algunas veces. Cuando tenía unos 12 o 13 años lo crucé entrando a su casa que quedaba en la esquina de Mitre y Cramer, frente a la Municipalidad. Era una noche calurosa y con unos amigos habíamos salido a comer una pizza. Después de dar una vuelta por la zona de la laguna, estábamos volviendo hacia El Reloj del centro, cuando lo vimos bajar de un auto negro con dos hombres. Entonces, me salió saludarlo: “¿Qué tal, Raúl?”, le dije. Y su respuesta fue inmediata: “Viento en popa. ¿Cómo anda la juventud chascomunense?”.

Cuando tenía unos 12 o 13 años lo crucé entrando a su casa que quedaba en la esquina de Mitre y Cramer, frente a la Municipalidad. Era una noche calurosa y con unos amigos habíamos salido a comer una pizza. Después de dar una vuelta por la zona de la laguna, estábamos volviendo hacia El Reloj del centro, cuando lo vimos bajar de un auto negro con dos hombres. Entonces, me salió saludarlo: “¿Qué tal, Raúl?”, le dije. Y su respuesta fue inmediata: “Viento en popa. ¿Cómo anda la juventud chascomunense?”.

Ahora que pienso el diálogo, con la posibilidad de reflexión que da la distancia temporal y la edad que tengo, encuentro en sus escasas palabras algunas definiciones: la sencillez en una expresión popular para decir que estaba bien y una repregunta en la que ubicaba a sus interlocutores como lejanos en edad, pero cercanos en la identidad local; una frase sintética, pero de puro carisma político.

En esa misma época, creo que un poco antes, mi papá me llevó a recibirlo a una caravana que se realizó en el Acceso Norte de la ciudad. Esto fue en su primer regreso a Chascomús tras el accidente en Río Negro de 1999, un vuelco en medio de la nieve que lo dejó en estado crítico durante más de un mes. De aquella caravana, hay un video en YouTube: la cámara va siguiendo el auto en el que el expresidente saluda a una hilera de personas paradas al costado de la calle. En un momento, pasa delante de nosotros y mi viejo, con una pinta parecida a la que tengo hoy, alcanza a estrechar una mano por la ventanilla.

Un regreso particular

Alfonsín siempre estaba volviendo al pueblo. Hace poco, a través de otro archivo de video, supe algo que desconocía totalmente y que grafica de la mejor manera su relación cercana con su ciudad: el 8 de julio de 1989, el día en que hizo el traspaso presidencial con Carlos Menem, el ya expresidente se subió a un avión que lo llevó hasta Chascomús y, en el aeródromo local, fue recibido por vecinos que lo acompañaron en caravana hasta el comité de la UCR donde habló ante una multitud. 

En ese entonces era muy chico y no tengo recuerdo alguno del hecho. Por eso, toparme con el video me sorprendió y decidí consultar los diarios locales de la época. El Cronista tituló con un “emotivo reencuentro con su pueblo” y El Imparcial destacó que unas “diez mil” personas lo recibieron (un número altísimo en relación a la población de Chascomús de ese momento). Al bajar del avión, pasadas las 15 horas, el expresidente le dijo a la prensa: “Este es un gran día por muchas noticias, y por la posibilidad de este reencuentro con mis amigos, con todos ustedes, que son mi gente para la que guardé tanto agradecimiento”. 

Sin embargo, no todo Chascomús estaba ahí y, de hecho, hay un titular que refleja un recibimiento más hostil. El diario El Argentino (de línea conservadora y de derecha) publicó solamente una columna de la llegada del expresidente titulada: “Ni la humildad de un retiro discreto”. En ese artículo se hablaba de un “acto sectario” y de los militantes como “caras extrañas” que habían poblado las calles del pueblo y que por sus “banderas, bombos y tamboriles” se hacían “fácilmente identificables”. Asimismo, refería a “fanáticos” de una ideología de los que “existen demasiados en nuestra ciudad”.

En aquella jornada de traspaso presidencial, también llegaron a Chascomús otros funcionarios salientes y referentes del radicalismo como Juan Manuel Casella, Leopoldo Moreau, Enrique Nosiglia y Federico Storani. Ante los amigos del pueblo y las “caras extrañas”, Alfonsín habló desde una tarima ubicada en las puertas del comité de calle Mazzini frente a la entonces estación de trenes (hoy trasladada a las afueras de la ciudad). Sus palabras no parecieron ni sectarias ni fanáticas. El flamante expresidente dejó un mensaje sobre su legado democrático. 

“Siempre pensé que hacían falta dos condiciones para consolidar el sistema: una es que todos, sin excepción, tenemos que perderle el miedo al peronismo; y otra es que la sociedad sepa lo que es una oposición constructiva”, dijo esa tarde. Habían pasado cinco años y medio desde su asunción; cuatro años de su famoso discurso de respuesta a Ronald Reagan en los jardines de la Casa Blanca, y poco más de dos años de los levantamientos de Semana Santa. Alfonsín estaba otra vez en Chascomús; el pueblo que lo había visto nacer el 12 de marzo de 1927.

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: