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“La reforma laboral legaliza el fraude de la empresa con los trabajadores de aplicación”
El Sindicato de Trabajadores de Repartidores de Aplicación (SITRAREPA) es una organización que nació en pandemia y cuenta con 2500 afiliados aunque todavía no tiene reconocimiento oficial. María Belén D’Ambrosio, secretaria general de la entidad sindical, que también es estudiante de comunicación, le responde a 4Palabras sobre el motivo de la organización gremial, los desafíos y las dificultades que se enfrentan.
- abril 30, 2026
- Lectura: 6 minutos
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Nuevos empleos requieren de nuevas agremiaciones. Por eso María Belén D´Ambrosio se propuso crear el Sindicato de Trabajadores de Repartidores de Aplicación (SITRAREPA), que si bien ya cuenta con 2500 afiliados todavía no posee reconocimiento oficial por parte del gobierno. No obstante, la organización participa de congresos internacionales porque tener a un algoritmo como jefe no es una curiosidad argentina sino una tendencia global.
Estudiante avanzada de Ciencias de la Comunicación y militante del Nuevo Más, D´Ambrosio –de 32 años– se sube los fines de semana a la bicicleta con la mochila de Pedidos Ya para completar el salario que obtiene como docente secundaria. “Vivo la precarización laboral desde muy chica –describe-. Estuve en el rubro gastronómico, en los call centers, pero el trabajo por plataformas es el sumun de la explotación. Para nosotros es ultracapitalismo y queremos dar la pelea contra una injusticia muy grande”.
¿Cómo surge el Sindicato de Trabajadores de Repartidores de Aplicaciones?
El SITRAREPA nace en la pandemia, cuando el sector explota en Argentina. Muchos de nosotros empezamos a trabajar en aplicaciones para completar ingresos durante el ASPO porque habíamos perdido nuestros empleos en gastronomía, en hotelería, etc. Comenzamos a organizarnos instalando postas solidarias, porque las empresas no nos garantizaban ni herramientas de sanitización ni lugares donde pudiéramos ir al baño o hidratarnos. En ese momento no había comercios abiertos, estábamos abandonados en la calle. En esas postas, que montábamos en la calle, había alcohol en gel, agua, también alargues conectados a tomas eléctricas que permitían cargar nuestros celulares, que son nuestras herramientas laborales. Teníamos compañeros que perdían la vida en accidentes en la calle o se enfermaban de covid y no podían salir a trabajar; necesitábamos respuestas para nuestros problemas. Como movimiento de repartidores comenzamos a hacer movilizaciones a las empresas, por ejemplo fuimos a Glovo, y nadie salía. Nos dimos cuenta que eran empresas fantasmas. Nos movilizamos, entonces, al Ministerio de Trabajo y nos dijeron que no podíamos hacer nada porque no teníamos representación gremial. En ese momento, empezamos a juntar firmas para armar un sindicato.
¿Y en qué situación están?
Por ahora contamos con 2.500 afiliados a nivel nacional y tenemos frenado un expediente en el Ministerio de Trabajo con cuatro dictámenes favorables. La verdad es que no hubo voluntad de reconocernos ni bajo el gobierno de Alberto Fernández ni bajo el de Javier Milei.
Encima la reforma laboral no los reconoce como empleados…
Reforma suena positivo, para nosotros es una contrarreforma. En términos generales nivela para abajo, degrada las condiciones de los trabajadores que están bajo convenio. A nosotros nos quita directamente la posibilidad de tenerlos. En el artículo 1 dice que los trabajadores por plataformas no somos parte de la ley de Contrato de Trabajo. A su vez, el título 11 dice que legaliza la figura del prestador de servicio independiente. Es una regulación del sector pero a favor de las empresas y en contra del trabajador. Legaliza el fraude laboral de la empresa.
¿Qué tan fácil es armar un gremio de trabajadores que no poseen un espacio de trabajo en común y cuya lógica es competir por quién se queda con los mejores pedidos?
Este es un trabajo ordenado de manera atomizada; las empresas lo piensan así. En la pandemia, por ejemplo, algunas plataformas tenían una alarma que sonaba si te acercabas mucho a un compañero. El argumento era que se trataba de una protección para no contagiarse, pero en realidad era una manera de que no nos reuniéramos para organizarnos. Además, es un sistema competitivo, estamos ordenados en rankings. A veces, algunos están en los rappiturbos –los locales de las propias plataformas que tienen un stock como si fuera un supermercado– y se genera una dinámica de competencia por quién agarra el pedido; se produce una división entre trabajadores que están ahí y los que son itinerantes. Todo el tiempo las empresas promueven una dinámica de competencia entre nosotros.
Para la dirigente de SITRAREPA, “hay un reduccionismo en relación a ese imaginario colectivo en relación a que los trabajadores de plataformas no quieren sindicalizarse. Los trabajadores estamos disconformes con lo que cobramos, con la falta de protección, con que si se nos rompe la moto o el teléfono nos quedamos sin la herramienta de trabajo y tenemos que hacernos cargo con nuestro bolsillo. Hay campañas muy fuertes del gobierno y las empresas que dicen que si se regula la actividad se van del país y nos quedamos sin laburo”.
También debe conspirar contra la organización la estigmatización social que tiene la militancia gremial.
Lamentablemente las direcciones tradicionales no están dando respuesta. Somos parte del 40% de los trabajadores informales o mal llamados cuentapropistas. El sindicalismo tradicional se desentendió de la avanzada de la precarización y lo que sucede es que hay deslegitimación de la organización sindical.
¿Qué estrategia se dan para afiliar y concientizar a los jóvenes repartidores frente a esta atomización de la rutina laboral y a la deslegitimación sindical que mencionás?
Nosotros hablamos de sindicalismo de base, los trabajadores estamos al frente de un sindicato que expresa las necesidades concretas de los trabajadores. Tenemos paradas solidarias en la calle y los representantes estamos ahí. Las hacemos en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires, en provincia y en distintos puntos del interior. Ponemos un banner, una mesita en la calle y mucha buena onda. Nos juntamos, llevamos algo para tomar, algo para arreglar bicicletas, infladores, materiales de la campaña de organización y fichas de afiliación. Ofrecemos información sobre otros conflictos porque hoy los trabajadores de aplicaciones tienen, casi todos, otros trabajos.
¿Cuánto hay de mito y cuánto de verdad que los repartidores de aplicación no quieren sindicalizarse ni que regulen su trabajo porque sienten que pierden la libertad?
Hay un reduccionismo en relación a ese imaginario colectivo. Los trabajadores estamos disconformes con lo que cobramos, con la falta de protección, con que si se nos rompe la moto o el teléfono nos quedamos sin la herramienta de trabajo y tenemos que hacernos cargo con nuestro bolsillo. Hay campañas muy fuertes del gobierno y las empresas que dicen que si se regula la actividad se van del país y nos quedamos sin laburo. Son amenazas y juegan con la necesidad que tenemos de llevar el pan a la mesa. Uno tiene que desarmar ese imaginario, tampoco es cierto que la regulación implicaría necesariamente un horario fijo. Se pueden pensar maneras que se respeten distintos horarios pero con derechos laborales. Además, la realidad es que la flexibilidad horaria no es tal, porque si no laburamos viernes, sábado y domingo nos ponen en un lugar bajo del ranking y los ingresos que generamos son muy bajos. La flexibilidad y la libertad son cada vez más acotadas.
¿Cómo debería ser la normativa que regule la actividad?
Tiene que reconocer una relación laboral -dependemos de las empresas- y tiene que garantizar todos los derechos de la ley de Contrato de Trabajo: ART, seguro de vida, salario básico, paritaria, vacaciones, licencia por enfermedad, por maternidad y paternidad, hay que discutir horas laborales semanales y horas extras, indemnización si la empresa decide desvincularte… Y tienen que reconocer que es un laburo de alto riesgo porque hay muchos accidentes.
Hay un reciente fallo de la Corte Suprema bonaerense en esa dirección: reconoce la existencia de un vínculo laboral y establece sanciones de 16 millones para una de las empresas. ¿Lo consideran un avance?
El fallo judicial es progresivo, da cuenta de que hay una relación laboral. Es una buena noticia pero con eso no alcanza, son fallos y multas aisladas. Además, 16 millones de multa para estas empresas es un vuelto. En Argentina se llenan los bolsillos con miles de millones de dólares anuales. Este fallo dice que no se cumple con la registración en ARCA, pero no avanza con las cuestiones de fondo. Es más declamativo que resolutorio.
El gremialismo, las motos y la calle son ámbitos muy masculinizados. Sin embargo es una mujer la que se puso al hombro la organización de SITRAREPA… ¿La cuestión de género es una dificultad extra para la organización?
Tiene su complejidad, pero vengo de la conquista del derecho al aborto en la Argentina, del niunamenos. Soy consciente que el patriarcado no se terminó, como había creído Alberto Fernández. Mucho menos con Milei en el gobierno. Y se replica su lógica en la organización sindical. Pero hay una forma de hacer política que viene de la lucha feminista que nos da una impronta diferente a la de los varones. En SITRARPA las mujeres tenemos mucho protagonismo, no solo estoy yo, está por ejemplo Leila Argüello como secretaria de Acción Social… El hecho de ser mujeres lo vivimos desde una perspectiva diferente, no lo vemos como una dificultad, sino como la potencia que tenemos en la forma de construir novedosa. Es la fuerza que nos da ser pibas.
“Es perfil de trabajador de plataforma es muy heterogéneo, hay compañeros universitarios, otros secundarios... Algunos son pluriempleados, para otros es su único ingreso. Tenemos jóvenes y personas muy grandes. Por la pérdida de puestos de trabajo que vive el país y por la necesidad de conseguir un mango más cada vez es una experiencia más universal”, sostiene María Belén D´Ambrosio.
Desde sus comienzos, el dirigente sindical negoció con una patronal física, ¿cómo se negocia con una empresa de plataformas, a quien no se conoce la cara ni el nombre, ni la sede?
Ponemos por delante la lucha por el reconocimiento del sindicato porque eso es lo que nos va a permitir sentarnos a negociar con estas empresas. Por más que parezcan fantasmas, las empresas existen. Además, por las características que tienen, también nos organizamos en un congreso internacional de trabajadores por plataformas. La primera edición fue en mayo de 2023, y en ese momento nos permitió movilizarnos a la sede de Uber, en San Francisco, con delegaciones de 17 países de tres continentes. El mes que viene vamos a participar de la segunda edición del congreso, entre el 10 y el 14 de mayo, en California.
¿Cómo es el perfil del trabajador de plataformas?
Es muy heterogéneo, hay compañeros universitarios, otros secundarios… Algunos son pluriempleados, para otros es su único ingreso. Tenemos jóvenes y personas muy grandes. Por la pérdida de puestos de trabajo que vive el país y por la necesidad de conseguir un mango más cada vez es una experiencia más universal. Cada vez son más las personas que saben qué es descargarse una aplicación y que un algoritmo regimente tu trabajo.
¿Cuánto impacta en la tarea del repartidor que haya cada vez más gente que se dedica al reparto para completar sus ingresos y que, a su vez, cada mes caiga el consumo masivo?
Algunos calculan entre 500.000 y un millón las personas que se dedican al reparto por plataformas. Hace seis meses el promedio que recibíamos por llevar un pedido era 2.500 pesos, hoy cobramos 1.500. Un chofer de Uber por un trayecto de trece kilómetro cobra 6.000 pesos. Bajó mucho el pago por tarea realizada. Para nosotros, un buen día es el que llegás a juntar entre 40.000 y 50.000 pesos. Y para llegar a eso tenés que estar de 10 a 12 horas diarias por lo menos seis días a la semana. Para juntar 50.000 pesos diarios tenés que estar por lo menos 70 horas semanales arriba de la bicicleta.
¿Qué tan cierta es la etiqueta de mileístas que llevan los repartidores?
El mileísmo se quiso apropiar del sector y no lo logró. En ninguno de los actos que realizaron hubo repartidores… Sí hubo, a veces, alguna prebenda para convocar. Por otro lado, hay sectores del peronismo que buscaron un chivo expiatorio para explicar el fracaso electoral y uno de ellos fue el trabajador de reparto por aplicación.
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