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Lucía Solla Sobral: “No es un libro para mujeres, es para cualquiera que quiera leerlo”
La escritora española pasó por la Feria del Libro para presentar Comerás flores, la novela que se convirtió en un bestseller. En una charla íntima, Solla Sobral analizó el impacto de una historia que le pone nombre a la violencia psicológica. Una crónica sobre el proceso de escritura, la influencia de Cristina Peri Rossi y el poder de la literatura para transformar la realidad de sus lectoras.
- abril 30, 2026
- Lectura: 4 minutos
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La escritora española Lucía Solla Sobral sonríe cuando ve la fila de personas que esperan afuera de la sala Alfonsina Storni de la Feria del Libro para escucharla hablar sobre su primer libro Comerás flores (Libros del Asteroide). En su mirada hay algo de ese asombro que la acompaña desde la publicación de la novela. Y es que, como admite durante su conversación con Eugenia Zicavo, ni siquiera imaginaba que alguien iba a leerla. Mucho menos, que se convertiría en un bestseller, que habría mujeres que iban a cortar con sus novios tóxicos gracias a ella y hombres que se reconocerían con vergüenza, por leerla, como violentos. Tampoco, que iba a cumplir su sueño de viajar a Argentina, invitada por el Centro Cultural de España (CCEBA).
Para evitar el crimen del spoiler y dar contexto, al principio de la charla Zicavo se detiene a hacer una breve encuesta: la mitad de la audiencia todavía no la ha leído, mientras que la otra mitad ya conoce la historia de Marina, esa chica de veinticinco años que, en el medio del duelo por la muerte de su padre, empieza una relación con Jaime, un hombre veinte años mayor que ella. Esa relación idílica en principio pronto muta y revela sus verdaderos colores.
Jaime colma de atenciones a Marina, la escucha, le hace regalos caros, logra caerle bien a su familia. El mismo Jaime, también, deja de hablarle durante días, arroja platos al piso en medio de una discusión, la abandona en un estacionamiento, acelera el auto para intimidarla y finge, al día siguiente, que no ha estado enojado por nada. En Comerás flores no hay golpes ni sangre, pero hay violencia. Ese foco en los mecanismos del abuso psicológico es tal vez lo que hizo destacar a la novela, que ya cuenta con 22 ediciones en España, más de 150 mil ejemplares vendidos, traducciones contratadas a doce lenguas y fue el Libro del Año 2025 del Premio Cálamo.
Antes de su exitoso debut, Solla Sobral cuenta que en su casa la actividad de los domingos era leer. El primer libro que la fascinó fue uno de Gloria Fuertes en los que cada poema trataba sobre un animal. Por eso, cree ahora, se hizo vegana. ¿Quién era esa señora que escribía esos poemas tan bonitos? Cuando se lo preguntó a su hermano, el único que llevaba la contra a la tradición lectora familiar, le dijo solamente que era una señora que fumaba mucho.
“No me hice fumadora para escribir, pero seguí leyendo mucho”, cuenta ante la sala llena que la escucha ese martes a la noche en La Rural. Entre sus lecturas, descubrió a Eloy Tizón y, en la adolescencia, a la uruguaya Cristina Peri Rossi, una escritora que revisita con frecuencia y que cita en su novela. Sin embargo, la escritura demoró un poco más. Fue durante unas vacaciones, las primeras en las que se tomó más de cinco días seguidos, cuando empezó a pensar en la historia de lo que se convirtió en Comerás flores. Luego de trabajar el texto en el taller de Marta Jiménez Serrano, acercó el manuscrito a Libros del Asteroide. La primera respuesta del editor Luis Solano no fue ni un sí ni un no. Le recomendó trabajar en los grises, profundizar especialmente en el personaje de Jaime. “Por suerte, no tengo nada de ego y entonces en ese ‘pero’, yo cogí la libreta y empecé a anotar absolutamente todo lo que me dijo. Y volví a cogerme vacaciones para poder trabajar en esos ‘peros’”, dice Solla Sobral. A los pocos meses, ya tenía lista una nueva versión.
Marina, al igual que la autora, es vegana, fan de Peri Rossi y tiene una perra que se llama Frida. Sin embargo, la entrevistadora evita el cliché de preguntar qué hay de autobiográfico en el libro: es claro que la historia de Marina resuena mucho más allá.
“Creo que por desgracia nos acostumbramos mucho a la violencia física a través de películas, series, incluso de alguna novela. Como que nos da mucho morbo y nos atrae lo explícito y eso le resta gravedad a lo psicológico y parece que no es tan grave porque no acaba en un asesinato, en una paliza”, opina Solla Sobral. Según la encuesta de Prevalencia de Violencia contra las Mujeres realizada durante el gobierno de Alberto Fernández, en Argentina el tipo de violencia más frecuente en situaciones de pareja es la psicológica, con un porcentaje del 42%. No es sorprendente que muchas lectoras se hayan reconocido en Marina, una chica, como dice la autora, común y corriente, con estudios, amigos y familia. Incluso, con lecturas feministas.
Escribirla de esa manera, dice, fue una decisión. “Al final los datos son como como la punta, pero hay toda una base de silencio, porque se normaliza, porque porque se calla, da vergüenza, porque sentimos culpa. Gracias o por culpa del libro estamos viendo que efectivamente hay muchos más casos de los que creemos”, continúa Solla Sobral. “Cuando empecé a recibir los primeros mensajes aluciné mucho, me entristecí mucho. Ahora a veces me alegro porque pues si causa rupturas y algún que otro divorcio, pues bienvenido sea”, dice sobre la repercusión de su obra.
“Cuando empecé a recibir los primeros mensajes aluciné mucho, me entristecí mucho. Ahora a veces me alegro porque pues si causa rupturas y algún que otro divorcio, pues bienvenido sea”, dice Solla Sobral sobre la repercusión de su obra.
La audiencia ríe con Solla Sobral. Pese a la seriedad del tema de fondo, no es el único momento de humor durante el encuentro. Cuando la escritora cuenta que consultó con un psicólogo para poder construir los perfiles de sus personajes, Zicavo le preguntó cuánto le había cobrado la sesión. Se escucharon risas cómplices cuando la entrevistadora cambió, sin querer, la frase de la francesa Gisèle Pelicot “que la vergüenza cambie de bando” a “que la violencia cambie de bando”. También, cuando se dijo que los lectores argentinos ahora podíamos decir que estábamos leyendo a una gallega sin incurrir en el error. “Tengo alguna lectora que me dice, ‘¿de dónde eres?’ Le digo: «soy gallega”. Y me dice: “ya, ¿pero de dónde?» dijo, divertida, Solla Sobral.
Justamente, parte de la charla también se centró en decisiones de escritura como la inclusión de la lengua gallega. “Los que no hablamos en gallego desde siempre, lo tenemos igualmente incorporado, nos salen frases, expresiones, sobre todo cuando reñimos, o sea, cuando viene como mucho de la emoción. Mis padres, por ejemplo, vivieron en la época en la que se les castigaba por hablar gallego. Entonces, ellos ya no lo hablaban. A mí sí me lo enseñaron ya en el cole”, cuenta Solla Sobral. De la misma forma, también se habló de la inclusión de formatos como los mensajes de redes sociales en el libro, como marcas de contexto y subjetividad de época.
Ya acostumbrada a que las entrevistas se enfoquen exclusivamente sobre el tema de fondo de la novela, Solla Sobral le agradeció a Zicavo sus preguntas acerca de la forma del texto. “Como los hombres no se sienten identificados, o la mayoría no se sienten identificados ni con una ni con otro, ellos sí me hablan de la forma en la que está escrito. Entonces, lo agradezco mucho porque por lo menos, pues alguien me dice qué le parece la forma en la que está escrita. También, por suerte, cada vez vienen más a las presentaciones y a los clubes de lectura. Y eso me alegra muchísimo porque no es un libro para mujeres, o sea, es para cualquiera que quiera leerlo”, comenta.
Después de una hora intensa de conversación en la que se habló del papel de la mirada ajena, lo erótico y lo sensorial en la novela, además de un repaso por diversos personajes, llegan los últimos minutos del encuentro.
Solla Sobral dice que prefiere no pensar en sí misma y el éxito de su libro, que busca desconectarse. “Llego al hotel y le escribo a mi madre, le digo que estoy bien y veo una película o me duermo. Ayer me puse a ver programas de chimentos, como lo llamáis aquí”, contó. Aunque eso, más que relajarla, la “alucinó”. “Lo que encontré fue programas bastante agresivos. O sea, yo pensaba, ‘este programa en España no se podría hacer’», comentó con asombro.
Sobre el futuro, por el momento, no habrá preguntas: “Ahora pienso que yo tardé dos años en escribirlo y la gente me dice, ‘lo leí en una noche.’ Pues allá va mi trabajo. Sé que es un halago, pero… Luego la gente que lo lee en un día me dice, ‘¿Y el siguiente?’” Hasta entonces, Comerás flores continuará abriendo una conversación necesaria y cumpliéndole sueños a su autora.
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