Súper cosecha de trigo: mucha cantidad, poca calidad
La campaña 2025/2026 de trigo quedará como una de las mejores en la historia agrícola argentina. Sin embargo, la calidad del cereal no está a la altura de la cantidad. La industria panadera alertó sobre la cuestión que plantea un desafío importante a la hora de hacer pan. En este contexto, aparece una provincia con resultados distintos: Río Negro.
- febrero 9, 2026
- Lectura: 3 minutos
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La Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM), a través de su presidente, Diego Cifarelli, ha manifestado su satisfacción con la cosecha récord de trigo lograda en la campaña 2025/2026, pero según indicó, “en todas las zonas productivas los molinos están enfrentando importantes dificultades para proveerse de cereal con condiciones mínimas adecuadas para panificación”. Y dando la dimensión al problema, “no existe un solo molino que forme parte de FAIM que no haya tenido que cambiar los procesos productivos ante la falta generalizada de oferta de trigo apto para panificación”.
El dirigente explicó que mientras que en otras campañas la pérdida de calidad panadera registrada en una zona en particular podía ser compensada con la oferta disponible en otra, la particularidad de la presente campaña es que el problema es de orden nacional.
El mínimo de gluten requerido para alcanzar una calidad panadera adecuada es del 26%, sin embargo, y según los informes de las Cámaras Arbitrales de las Bolsas de Cereales de Buenos Aires y de Bahía Blanca, solo el 3,5% de las partidas analizadas supera ese porcentaje. Por ejemplo, análisis realizados sobre 3.170 muestras de trigo pan provenientes de la provincia de Buenos Aires -que representan más de cien mil toneladas- muestran un nivel de gluten promedio ponderado de apenas 20,7%.
El ingeniero agrónomo Alfonso Cerrotta, responsable técnico de la Chacra de Valles Irrigados Norpatagónicos (VINPA) de Aapresid, que opera en los valles rionegrinos, citado por el portal Río Negro Rural, explicó la raíz del problema: “Se fertilizó poco, rindió mucho y se diluyó la proteína, lo que hizo que hoy haya poca calidad panadera disponible”.
El desafío de un trigo con baja aptitud panadera se traslada a las panaderías. En las “cuadras”, trabajar con una harina de bajo nivel de gluten (“harina floja”) se traduce en una masa débil y poco resistente a la fermentación. El resultado serán panes “chatos”, con escaso volúmen. Ante esto, FAIM expresó que los molinos deben ajustar sus parámetros industriales y “modificar muchos de los procesos habitualmente instrumentados para poder elaborar harinas”. El presidente de esta cámara sostuvo que “el sector molinero cuenta con los conocimientos y el personal técnico calificado para poder hacer frente a la actual coyuntura. Pero es importante entender que el trigo, si bien puede ser exportado como un commodity, en el ámbito industrial es empleado como una especialidad para elaborar múltiples alimentos que forman parte de la dieta cotidiana de los argentinos”. Cifarelli agregó que “esto impacta de forma transversal a toda la industria molinera argentina”.
Ante este panorama generalizado a nivel nacional, surge un ejemplo que nos muestra que cantidad y calidad pueden ir de la mano. En la provincia de Río Negro la producción de trigo es aún marginal: en la última campaña triguera se sembraron 3.950 hectáreas, según datos de la Secretaría de Agricultura provincial. Sin embargo, se han logrado altísimos rendimientos de cereal combinados con altos estándares de calidad panadera.
Un ejemplo de lo que se debe hacer
Ante este panorama generalizado a nivel nacional, surge un ejemplo que nos muestra que cantidad y calidad pueden ir de la mano. En la provincia de Río Negro la producción de trigo es aún marginal: en la última campaña triguera se sembraron 3.950 hectáreas, según datos de la Secretaría de Agricultura provincial. Sin embargo, se han logrado altísimos rendimientos de cereal combinados con altos estándares de calidad panadera.
Por ejemplo, el trigo cosechado en Negro Muerto -un enclave agrícola ubicado en el Valle Medio de la provincia, entre las localidades de Choele Choel y General Conesa- arrojó un contenido de gluten de 32,1%. Ese es el botón de muestra, pero el resto del cereal recolectado en esa provincia también tiene muy buena calidad panadera.
Nuevamente, el ingeniero Cerrotta pone el asunto en su lugar: la clave de esta gran diferencia se asocia a los planes de fertilización que se llevan adelante en aquel estado patagónico. En la producción agrícola de toda la Patagonia la fertilización es intensiva y no conservadora como en las grandes extensiones de la llanura pampeana. “En Río Negro ya estamos acostumbrados a estos altos rendimientos, por eso los planes de fertilización del trigo están más adaptados y la calidad no suele caerse tanto”, expresó Cerrotta.
Al respecto, Lucio Reinoso, secretario de Agricultura de Río Negro, explicó que la fertilización es un pilar central. “Aplicamos fósforo a la siembra, principalmente fosfato monoamónico, tratamiento de semillas con insecticidas, fungicidas y micronutrientes, y luego fertilización foliar con zinc, porque la alcalinidad de nuestros suelos limita la absorción de este elemento. El nitrógeno se aplica en dosis elevadas, entre 400 y 450 kilos de urea por hectárea”, detalló el funcionario.
En el resto del país suele argumentarse que la inversión en fertilizantes compromete la rentabilidad. El caso de Río Negro abre una ventana al debate.
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