Argentina / 13 marzo 2026

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Colonialismo energético libertario 

El alineamiento argentino con Trump se extiende también al negacionismo climático. Mientras la NASA sostiene que hay pruebas inequívocas de que la Tierra se está calentando a un ritmo sin precedentes, Estados Unidos condena las ideologías del “cambio climático”. El alineamiento argentino sobre el tema encierra negacionismo sin recompensas.

Diego Hurtado *Profesor en UNSAM e investigador principal de CONICET

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La Argentina no está en la lista de los principales países responsables del calentamiento global. Sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) representan el 0,8% del total, mientras que la Unión Europea, Estados Unidos y China superan el 50% del global. Como país “acreedor ambiental”, debe defender su derecho al desarrollo y a un compromiso menos exigente con la reducción de GEI que los países “deudores ambientales”. Sin embargo, no es lo mismo defender el estatus de acreedor ambiental que alinearse dogmáticamente al negacionismo climático de Trump.

En términos históricos acumulativos, EEUU es el principal emisor per cápita de gases de efecto invernadero (GEI). Sin embargo, en el documento Estrategia de Seguridad Nacional de los EEUU (ESN), presentado por la Casa Blanca a fines de noviembre, el rechazo de cualquier compromiso con el combate del calentamiento global fue expresado de forma cruda: “Rechazamos las desastrosas ideologías del ‘cambio climático’ y del ‘cero neto’ que tanto han perjudicado a Europa, amenazan a Estados Unidos y subsidian a nuestros adversarios”. 

Sin embargo, es la propia agencia estadounidense NASA que presenta las evidencias científicas más robustas y que afirma: “Hay pruebas inequívocas de que la Tierra se está calentando a un ritmo sin precedentes. La actividad humana es la principal causa”. El Gráfico 1 –basado en la comparación de muestras atmosféricas contenidas en núcleos de hielo y mediciones directas más recientes– proporciona evidencia de que el dióxido de carbono atmosférico aumenta desde la Revolución Industrial.

 

Gráfico 1. Nivel de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. La línea punteada muestra el nivel de CO2 que hasta 1911 no fue superado en los últimos 800.000 años. Fuente: NASA – Climate Change

¿Cómo explicar esta colisión entre la posición de la NASA y el negacionismo climático radicalizado de la Casa Blanca? La respuesta es fácil: alinearse al combate del calentamiento global colocaría al EEUU de Trump como vagón de cola del liderazgo apabullante de China en las principales industrias para la transición energética.

Gráfico 2: Inversión en energía por país y región durante 2025. Fuente: IEA 2025

Como puede verse en el Gráfico 2, al margen del liderazgo de la inversión china en hidrocarburos –barras anaranjadas–, la inversión china en energías renovables –las barras verdes– también supera a la suma de la inversión de EEUU y Europa. Lo mismo ocurre en energía nuclear –barras amarillas–, mientras que en redes, almacenamiento, eficiencia energética y electrificación las inversiones se emparejan.

Negacionismo sin recompensa

La Argentina presenta un perfil territorial y capacidades tecnológicas e industriales óptimas para impulsar un sendero de transición hacia energías limpias que se transforme en vector dinámico de desarrollo social y económico. En este escenario, Vaca Muerta debería financiar esta reconversión industrializante. Sin embargo, el alineamiento dogmático del gobierno de LLA a los planes de reindustrialización de EEUU se plasma en el mega DNU 70/2023 –fines de diciembre de 2023– y la ley 27.742 de “Bases” –julio de 2024–, que contiene el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). 

La estrategia energética de EEUU es clara: “La energía barata y abundante generará empleos bien remunerados en Estados Unidos, reducirá los costos para los consumidores y las empresas estadounidenses, impulsará la reindustrialización y ayudará a mantener nuestra ventaja en tecnologías de vanguardia como la IA”.

 

Este marco jurídico fue diseñado para la financierización y reprimarización de la economía argentina. Esta inferencia es compatible con el escenario de devastación inédito al cierre de 2025: se cerraron 17.323 firmas durante 2024 y el primer semestre de 2025 (datos de la Secretaría de Trabajo), la inversión pública en investigación y desarrollo pasó de 0,300% del PBI en 2023 a 0,164% en 2025, lo que retrotrae al nivel de 2002 (datos de Grupo EPC).

Mientras que China se proponía invertir en la Argentina en proyectos de infraestructura compatibles con una estrategia nacional de transición energética –la cuarta central nuclear, dos centrales hidroeléctricas, entre los proyectos cruciales–, el alineamiento dogmático al negacionismo de Trump tranforma a los sectores de minería y energía argentinos en vectores de endeudamiento, fuga de excedentes y extractivismo financierizado. Sin embargo, el supuesto incentivo a la inversión extranjera bajo la lógica de reducción del riesgo como único criterio tampoco está funcionando. 

La desvinculación a fines de 2024 de Petronas, la empresa estatal de Malasia, del megaproyecto de Planta de Gas Natural Licuado (GNL) con YPF –que suponía una inversión de USD 30 mil millones–, y la reciente retirada de Shell, del megaproyecto de 30 millones de toneladas al año de gas de Vaca Muerta hasta 2032, deja a uno de los yacimientos gasíferos más importantes del planeta sin proyección de desarrollo. 

En el citado documento ESN, la estrategia energética de EEUU es clara: “La energía barata y abundante generará empleos bien remunerados en Estados Unidos, reducirá los costos para los consumidores y las empresas estadounidenses, impulsará la reindustrialización y ayudará a mantener nuestra ventaja en tecnologías de vanguardia como la IA”.

Esta afirmación parece la perfecta antítesis de lo que impulsa el gobierno libertario en la Argentina: energía cara (dolarizada), extranjerización de capacidades nacionales –la venta de IMPSA a capitales de EEUU y la privatización en ciernes del 44% de Nucleoeléctrica–, desincentivo a la formación de cadenas de proveedores nacionales y a la generación de empleo, y desinversión inédita en ciencia y tecnología.

Este callejón no tiene salida hacia el futuro. Recuperar un destino para la Argentina demanda girar 180 grados, como se hizo en 2003 para salir de las ruinas que dejó la ultraderecha en diciembre de 2001.

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