Argentina / 10 mayo 2026

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Semáforo en amarillo: fin de la resiliencia social e inicio de la fatiga por el ajuste

El “invierno libertario” ya no es solo una cuestión climática, sino un estado de ánimo colectivo marcado por la insatisfacción. Mientras el patrimonio de Manuel Adorni genera sospechas y el gobierno ensaya defensas cerradas, la sociedad argentina transita del miedo a la inflación al temor por el desempleo. Entre encuestas que hablan de fatiga y un “círculo rojo” que busca alternativas, el malestar social enciende luces amarillas de alerta.

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Imagen ilustrativa de semáforo

Hola. ¿Cómo vamos? ¿Llegó el invierno? ¡Ah! Sí, hace frío y se siente. Pero, disculpas. No quiero confundirlo con mi propio desconcierto. Si mi interlocutor fuera Manuel Adorni me recordaría que “apenas sos un periodista”  Y yo tendría que darle la razón pidiéndole que, así sea por cortesía, retire el “apenas”. Porque, en definitiva, siendo él “apenas jefe de Gabinete” logró abultar su patrimonio de una manera que la mayoría de las personas no lo consiguen: deslomándose. Pero bueno… Manuel tiene –podemos imaginar por los resultados– más habilidades que muchos otros que son “apenas” laburantes. Le vuelvo a preguntar desde mi desconcierto: ¿será esto lo que llaman meritocracia? 

Le dejo el tema como una inquietud para la semana. Seguramente tendrá tiempo mientras está incorporado en la larga fila del bondi (¡abríguese que los analgésicos salen cada vez más caros!) que tiene cada vez menos frecuencias o en la cola de una tienda de ropa que vende todo a precio de liquidación (es la única forma de acceder a una pilcha). ¿Por qué liquidación al comienzo de temporada?  Veo que no sigue las intervenciones en streaming del presidente Javier Milei y su ministro “Toto” Caputo. No se confunda. Es liquidación por cierre. 

Como ya nos vamos conociendo en este ida y vuelta dominical, me atrevo a adelantar sus reacciones. Estoy seguro que dirá que la baja de las cortinas se debe a la caída del consumo y a la crisis económica. De ninguna manera. Eso no existe en los indicadores oficiales…. entonces, directamente no existe. Es por el cambio de los hábitos de consumo, dirá el Javo. 

Le traduzco… en el invierno libertario hay  que dejar de usar ropa de lana (¡es incómoda!) y vestirse con esas camisas finitas y livianas que llegan a rolete desde China. Son más elegantes y más baratas. ¿Qué no abrigan? Bueno… ¿no le parece que ya es hora de que comencemos a cambiar hábitos de consumo? ¡Falta que me diga que también quiere seguir comiendo carne! La Argentina cambió. Hay que ponérselo en la cabeza. También esto es parte de la “batalla cultural”. Su falta de comprensión se asemeja a la de los jubilados que dicen no llegar a fin de mes, o a la de los trabajadores que aseguran que –aún con más de un  empleo– tampoco logran cubrir la canasta básica familiar.  ¡Así es difícil!

Pero dejemos estas elucubraciones y volvamos a lo nuestro.

Es cierto que formalmente todavía no estamos en invierno. Sin embargo, las bajas temperaturas y los vientos nos afectan a todas y a todos. Más allá de eso y para ser sincero, yo no me estaba refiriendo al clima meteorológicamente hablando (…quieren cerrar también el Servicio Meteorológico Nacional… siempre queda la posibilidad de abrir la ventana y sacar la mano) sino al clima social. 

En ciencias sociales, el invierno no es solo una estación, no es una época del año: es un estado de ánimo colectivo y hasta un ciclo de poder.

Podríamos decir que no es apenas el mal humor coincidente de una persona o un grupo social, en un día o en un lapso determinado. Es un fenómeno más complejo, que suele acumularse en el tiempo, que expone un estado de ánimo colectivo que se caracteriza por la irritabilidad, el pesimismo y, sobre todo, una profunda insatisfacción con el rumbo de la comunidad, del país o de sus instituciones.

El “caso Adorni” se instaló como una bomba de fragmentación en el seno del propio gobierno. Porque el desmesurado enriquecimiento patrimonial del jefe de gabinete contrasta con lo que le sucede al trabajador que se “desloma” en extensas jornadas laborales que le generan ingresos insuficientes para cubrir sus magras expectativas de calidad de vida.

En la Argentina actual ese malhumor puede entenderse como una “temperatura emocional”,  expresa el cansancio de la ciudadanía –que incluye también a parte de quienes respaldaron a Milei en las elecciones y después– porque las promesas de un futuro mejor no se están cumpliendo. No alcanza entonces con decir que “lo peor ya pasó” o que “Toto” Caputo prometa que “los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en décadas”. A diferencia de lo que ocurría al comienzo del gobierno mileista, la inflación dejó de estar en el centro de las preocupaciones y en la agenda ingresó con fuerza el tema del desempleo y la pérdida de la calidad de vida, en particular en sectores de clase media que comienzan a percibir que lo que antes era “normal” (cultura, recreaciones, vacaciones y algo más) ha dejado de serlo. A tal punto que –a pesar de que el discurso oficial siga machacando en la misma línea– la pregunta que se instala es: ¿más sacrificio para qué?

En medio de esta realidad, el “caso Adorni” se instaló como una bomba de fragmentación en el seno del propio gobierno. Porque el desmesurado enriquecimiento patrimonial del jefe de gabinete contrasta con lo que le sucede al trabajador que se “desloma” en extensas jornadas laborales que le generan ingresos insuficientes para cubrir sus magras expectativas de calidad de vida y porque, al mismo tiempo, el presidente Milei se aferra a su ministro diciendo que “ni en pedo se va” y el propio Adorni  sostiene, en defensa propia, que “soy una parte de Milei. Si me pegan a mí, le pegan a Milei”.

Quienes mejor conocen la interna libertaria no dudan en que “el jefe Karina” –que manejó hasta hoy con mano firme las disputas del poder en el oficialismo– ya no controla todos los hilos aunque obligue a los ministros a sacarse fotos junto a Adorni, o les dicte forzadas declaraciones de respaldo incondicional. El mejor ejemplo de ello es la senadora Patricia Bullrich que, pensando ya en la campaña electoral 2027, comenzó a jugar su propio partido intentando despegarse del escándalo. Es una toma de distancia que no pueden disimular ni Milei diciendo que “Patricia spoileó” a Manuel, ni el propio Adorni afirmando que “Patricia es una fenómena”. Para peor, siguen sin aparecer los datos que expliquen el patrimonio del deslomado Manuel.

Pero tampoco Caputo es creíble cuando, ante la pregunta acerca de cuánto afecta el escándalo Adorni al plan económico responde: “En nada. No afecta en absolutamente nada». O cuando relata que, en diálogo con un inversor en Washington, fue consultado acerca de si: “‘¿Esto de Adorni o lo de los senadores no les complica el programa económico?’. Y yo le digo: ‘¿A vos te complica?’. Me dice: ‘No’. ‘Bueno, a nosotros tampoco’ «. Y remató: “Si al que pone la plata no le importa, a mí (que cuido la caja) tampoco”. Pregunta: ¿la caja de quién cuida Toto?

Caputo sabe que esto no es cierto y que hasta los inversores ven con desconfianza lo que está sucediendo en la cúpula del gobierno. El titular de Economía fue uno de los que reclamó decisiones que cierren este capítulo. Idéntico pedido formulan en voz baja, por miedo a represalias de “el Jefe”, la mayoría de los ministros. Todos temen que este episodio –convertido ya en una larga historia– sea apenas la punta de un ovillo de corrupción que acabe develando una práctica del oficialismo que no pueda despegarse de los sobornos en la ANDIS, el dinero en negro del profesor Espert, los préstamos del Banco Nación a los funcionarios, el uso abusivo de tarjetas corporativas de Nucleoeléctrica, el caso $Libra y, quizás, el pago de sobresueldos a la “nueva casta libertaria” con dineros derivados o “prestados” de los fondos reservados asignados a los organismos de inteligencia. 

Si así fuera, se podría comenzar a escuchar en voz alta otra premisa que poco a poco toma cuerpo en el poder real (léase “círculo rojo”): “Milei ya cumplió, hizo lo que tenía que hacer. Ahora hay que encontrar a alguien ‘razonable’ que consolide lo hecho y que encamine todo dentro de la institucionalidad”.

A  los oídos de Milei, que está obsesionado con reelegir en 2027, también llegan estas noticias. Por eso necesita blindar a Adorni quien, de la mano de Karina, es parte de la sociedad del poder libertario.  

Con el valor relativo que siempre hay que dar a las encuestas, no menos cierto es que el “mal humor social” se expresa también en los estudios de opinión. Según Zuban Córdoba y Asociados (informe de mayo 2026) se produjo un quiebre en la “expectativa de futuro”, que solía ser el principal activo del gobierno y el sentimiento es de “agotamiento” y “agobio” frente a la pérdida del poder adquisitivo de los salarios.

Desde la Rosada observan con preocupación los movimientos de dirigentes políticos que antes fueron aliados y que ahora comienzan a posicionarse “en el centro” para tomar distancia  del gobierno y no quedar empantanados en una eventual debacle. Por eso, con la billetera en mano que le otorga el manejo discrecional de fondos del Estado, Karina salió a asegurar la fidelidad de gobernadores angustiados por sus arcas vacías. Esta semana estuvo en San Juan con Martín Llaryora (Córdoba), Marcelo Orrego (San Juan), Alfredo Cornejo (Mendoza), Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Raúl Jalil (Catamarca) y Carlos Sadir (Jujuy). ¿La excusa? El lanzamiento de la Mesa Federal Minera.

Con el valor relativo que siempre hay que dar a las encuestas, no menos cierto es que el “mal humor social” se expresa también en los estudios de opinión. Según Zuban Córdoba y Asociados (informe de mayo 2026) se produjo un quiebre en la “expectativa de futuro”, que solía ser el principal activo del gobierno y el sentimiento es de “agotamiento” y “agobio” frente a la pérdida del poder adquisitivo de los salarios. El 62% de los encuestados califica la situación económica del país como “mala” o “muy mala”. El Índice de Confianza del Consumidor (Universidad Torcuato Di Tella) muestra una meseta en niveles históricamente bajos. “La confianza de los consumidores se mantiene en zona de pesimismo. La brecha entre la macroeconomía estabilizada y el consumo doméstico sigue ensanchándose, lo que genera una percepción de desconexión entre los indicadores oficiales y la realidad del bolsillo», dice el informe. Para Synopsis por primera vez desde 2023 la desocupación y la pobreza (sumadas con un 48%) superan a la inflación como principal preocupación. El informe consigna que “el malhumor hoy no es por la velocidad de los precios, sino por la precariedad del ingreso. El ciudadano ya no teme que las cosas aumenten mañana, sino que teme no tener trabajo para pagarlas”. Y para Poliarquía hay “un fenómeno de ‘fatiga de ajuste’. La resiliencia social que caracterizó el 2024 y 2025 está siendo reemplazada por un malestar reactivo ante la falta de una recuperación en V que todavía no llega a los sectores medios y bajos».

Más allá de estos datos, las alarmas se encienden en el territorio tal como lo consignó Manuel Barrientos en 4Palabras. Porque, como bien lo dice el colega: “Hay un sonido que no se escucha en las oficinas de Balcarce 50, pero que aturde en las barriadas del Conurbano y en los pueblos del interior bonaerense: es el ruido seco del quiebre de las expectativas que había generado la asunción de Javier Milei”. Lo dicen los intendentes y lo escuchó de la boca de ellos el arzobispo Marcelo Colombo, presidente de los obispos, quienes también observan con preocupación la realidad que se presenta en las diócesis y en los barrios de todo el país.

Como en ciertos cruces nocturnos, el semáforo del malestar social dejó de estar en verde. Y la luz amarilla titilante alerta y obliga, a todos, a avanzar con máxima precaución.

4Palabras

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