Diario de migrañas III
Una “recaída”. Una mudanza que no termina de sangrar. Una nueva entrega de esta serie de crónicas que revisa qué hay detrás del dolor que insiste en brotar.
- mayo 9, 2026
- Lectura: 3 minutos
Compartir:
- mayo 9, 2026
- Lectura: 3 minutos
Compartir:
-Hija, ¿qué me dibujaste en la cabeza?
-Una chimenea, mamá.
Estoy en una recaída. Otros le dicen ataque, pero para mí se siente como caer. Después de algunos días de haber visto un poco de luz –literal y metafóricamente– una recaída se siente atroz. Pero hay parte del camino hecho: el conocimiento. Saber qué hacer. Cómo hacerlo. Qué evitar.
Escribo desde el único lugar que puedo hoy. En un rincón de esta pequeña capilla rodeada de árboles, donde hay silencio, la luz es tenue y puedo pensar. Escribo en papel. En la solapa de un libro con un crayón rosa que apenas deja rastro.
Esta mañana, veinticuatro horas después de tomar un rescate (una droga potente), salí a caminar. Inconscientemente -nunca nada es inconsciente- pasé a pocos metros de la última casa que dejé y pensé en la frase de la escritora Delphine de Vigan que tanto me acompañó en las seis mudanzas que hice en los últimos cinco años: Mudarse de casa es tan triste como haber asesinado a alguien. Hace dos meses dejé ese departamento, antes de tiempo, antes de que terminara el contrato, sin querer hacerlo: el techo del baño llovía a mares, la humedad brotaba en las paredes con rabia, se inundaba la cocina, entre otros episodios agraciados que nadie se ocupaba de resolver. Así que más bien él me abandonó a mí. Entonces estoy parada mirándolo desde abajo, inclinando el cuello, y veo cómo la luz golpea la persiana que hoy está baja. Yo sigo ahí, estancada, en el 5to C. Lo miro fijo por primera vez en dos meses. Pienso en mi hija, que entró siendo bebé y lo dejó siendo niña. En las palabras cuidadas que tuve que elegir para ella. En las que no pude elegir para mí. Porque había que irse rápido, rápido, rápido. Casi sin espacio para respirar. Pienso también, en las comidas para los amigos y en cómo nos hicimos del sonido del tren. Cuando nos mudamos a ese departamento, lo elegimos por su orientación respecto del sol, por los árboles que lo rodeaban, por el silencio, y elegimos un jardín cerca que fuera una extensión de casa y eso nos ancló al barrio y nos abrió la familia. A propósito, el otro día, una mamá me contó que estaba padeciendo que su hijo tuviera algunos problemas de salud y eso me abrió una puerta directa a mi infancia y me hizo pensar en cuánto de lo que no está resuelto busca vía de escape y la encuentra en el dolor.
Yo tenía ocho años y cientos de ampollas en la planta de los pies, que me picaban. Picaban de modo siniestro. De tanto rascarme me lastimaba, y empezaba a sangrar. No podía caminar. Así es como comenzó una larga recorrida por clínicas, hospitales, consultorios chicos donde las secretarias me ofrecían caramelos chiquitos. Aprovechaba estos viajes para tomar jugo de naranja en las confiterías con mi papá. Para tener, por un momento, toda la atención para mí. El resto del tiempo, solo quería estar en el cuarto viendo la planta de mis pies. Me llevaban como a una bolsa de papas hasta el banco de quinto grado de la escuela normal, donde los ventiladores hacían ruido a lata. Mis compañeros salían a jugar al patio y yo esperaba eternamente el sonido del timbre del recreo. Mi mamá me prestaba unas zapatillas sin cordones para que los pies se oxigenaran. Cada noche, cuando terminábamos de cenar, llegaban las risas desde el living. Yo me brotaba otra vez, me rascaba, me lastimaba, dejaba la sangre correr.
Resulta algo pesado ir quitando, escombro por escombro, capa por capa, todas las heridas que nos enterraron en la oscuridad. Escenas que no podemos registrar porque no hay tiempo para detenerse y quizás llorar un montón, llorar a mares, lo que haga falta. O tal vez no. No dejarse apurar. Armar una caja, meter los libros, y decir gracias, qué dolor y qué alegría, qué lindo fue vivir acá. Gracias por el sol. Gracias para siempre.
4Palabras
Compartir:
Temas relacionados
Comentarios Cancelar la respuesta
Más leídas
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad
Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado
Publicidades
Más información
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad



