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Los caminantes de la calle: un thriller basado en hechos reales

La nueva película de Juan Martín Hsu, también director de “La salada” y “La luna representa mi corazón”, se sumerge en una guerra secreta entre mafias chinas en Argentina. Tuvo su premiere en el BAFICI 27, donde formó parte de la sección Noches Especiales. El 4 de junio llega a los cines.

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Imagen ilustrativa de Los Caminantes con Juan Martín Hsu

Inspirada en hechos reales, Los caminantes de la calle, la nueva película de Juan Martín Hsu –también director de La salada y La luna representa mi corazón– entrelaza thriller policial, las lealtades familiares y el drama de los migrantes al seguir a una fiscal y un policía chino que, a través de una serie de escuchas telefónicas en dialecto cantonés, intentan desmantelar una de las mafias más poderosas y sangrientas que controla a la comunidad china en Argentina. 

La película, que se estrenó en el festival Tallinn Black Nights de 2025 y hace un par de semanas en la sección Noches Especiales del BAFICI, con producción de Mariana Luconi y Bárbara Herrera, llegará en junio a los cines comerciales de Argentina. La trama se centra en 2010, cuando las mafias chinas arribaron a Mendoza, el escenario de una guerra silenciosa entre dos facciones que se disputan el control del crimen organizado, operando en las sombras de una comunidad migrante marcada por el silencio, el miedo y la distancia cultural.

Con las actuaciones de Victoria Almeida, Andrés Alberto Tan He, Yuchen Che, Chien Min Lee, Yam Pin Kon y Emilio Chau Chiu, narra cómo los comerciantes de la comunidad son extorsionados y las mujeres –bajo engaño— forzadas a prostituirse, mientras el pequeño restaurante de la familia Dageng se convierte, sin saberlo, en el epicentro de esta lucha. Una denuncia anónima vinculada al local marca también el inicio de una investigación judicial que pondrá en marcha el desmantelamiento de la red a través de escuchas telefónicas.

¿Por qué la película se inspira en hechos reales?

Esta película se inspiró en una causa que arrancó en 2010 en Argentina y fue cubierta por medios de comunicación durante casi cinco años: se trataba de una investigación sobre la mafia china, que tenía la particularidad de haber sido detectada a partir de escuchas telefónicas que se hicieron en el lapso de dos años pero que, como fueron grabadas en dialecto, la fiscalía no daba cuenta de qué se trataba exactamente. Fue muy difícil para los investigadores encontrar traductores, por lo que terminaron pidiendo colaboración a la Embajada de la República de China. El gobierno terminó enviando dos policías encargados de traducir estos mensajes. Me llamó mucha la atención que estos policías estaban especializados en traducción, con una formación muy específica: sus armas –en todo caso—eran las palabras. Eso se sumó a la denuncia de algunos comerciantes de la región.     ¿Fue filmada en Mendoza? ¿Cómo participó la comunidad del rodaje?

Sí, la película fue filmada en Mendoza, en parte porque la productora, Mariana Luconi, es mendocina. Además, se dieron ciertas facilidades para la financiación y también cierta disponibilidad de la comunidad y de la ciudad para poder acceder a locaciones, que en Buenos Aires hubiera sido más complejo o con posibilidad solo con grandes presupuestos. Los actores de Mendoza, por ejemplo, cumplieron roles que eran propios de su vida cotidiana: el comisario, el cabo o el ayudante de la fiscal son todos trabajadores reales. Ese espíritu de la comunidad, al brindar sus conocimientos, poner el cuerpo en el rodaje, nos ayudó mucho para generar cierta verosimilitud del relato: muchos de los diálogos fueron intervenidos por ellos mismos. La jerga policial o judicial, también en el caso de la criminología, la aportaron ellos y eso nos ayudó mucho en la construcción de los diálogos, que quizás en el trabajo mismo del guionista es difícil de recrear.  

¿Por qué la fiscal lleva adelante una investigación inédita en el país? 

La indagación sobre las mafias chinas, por sí solas, son algo poco transitado en la Argentina. La particularidad de esta causa tiene relación además con las escuchas que mencionaba al inicio, en dialecto y casi encriptadas para la mayor parte de los investigadores, que fue lo primero que me llamó la atención del caso. Lo importante también radica en cómo se llevó adelante la misma investigación y la participación de la Embajada de la República Popular de China para realizar las traducciones y comenzar la investigación real de ver cómo funcionaba esta asociación ilícita. 

“Mis películas anteriores se relacionan con este tema, porque el documental La Luna representa mi corazón narra un viaje a Taiwán para buscar respuestas sobre el asesinato de mi padre (que presencié). Por eso la escena donde muere el padre quizás también fue una especie de recreación ficcional de ese momento o, lo que me dijo un amigo, en algún momento, como una forma de justicia poética”, explica el cineasta Juan Martín Hsu.

¿Cómo podrías explicar el funcionamiento interno de la mafia, sus códigos y jerarquías?  La película narra la historia de una pequeña estructura, que se articula después en problemáticas más grandes. Sin embargo, lo que me interesaba narrar era ‘la cabeza del dragón’, que es una suerte de líder, donde después se suman las figuras de los tenientes y soldados que están, de alguna manera, ligados por un lazo familiar o de amistad con ese “líder”. Lo que buscábamos también era dar cuenta de una historia de ficción que cruce las problemáticas de las migraciones. Las charlas que tienen entre ellos, de hecho, están ligadas a esa cuestión sobre todo en Lima, Perú, donde hay una comunidad china muy grande. 

¿Los actores son de ese origen?

Sí, la mayor parte son de Lima, en la mayor parte además migrantes o hijos de migrantes. Se trata, además, de actores no profesionales, por eso es interesante ver cómo fueron incorporándose sus propias historias en el relato. Fue interesante que pudieran interpretarse a sí mismos y cuenten sus propias experiencias de vida: creo que le da verosimilitud, realismo, que afecta a la propia actuación y se refleja en sus emociones.    

¿En qué medida la trama familiar (el duelo entre hermanos), la migración y esta red de extorsiones dan cuenta en la película?

El trabajo con los actores, sus propias historias migrantes, fue embebiendo el guion de la película, como fue el caso del dueño del restaurante que no para de trabajar, el hijo que mira a su propio padre, con el que tiene muy poca comunicación pero al mismo tiempo siente mucho amor (reflejan su propia historia porque también son padre e hijo en la vida, reales, tienen un supermercado juntos). Los chicos que actúan como “soldados” de la mafia también cuentan historias reales, propias, que enmarcan un poco de qué se trata la migración asiática en Argentina, o también en América latina: ese no-lugar o los lugares grises, donde uno no pertenece a ningún sitio, porque no se siente argentino o peruano pero tampoco chino. El retrato de las mujeres, la red de trata, también está ligado a esa partida con esperanza, donde eso claramente no termina sucediendo pero que se ve reflejado en sus personajes.

¿Cuáles fueron tus principales influencias para componer las imágenes? ¿Y en qué medida el cine de John Woo, Takeshi Kitano o Quentin Tarantino te inspiró para algunas escenas?

El cine policial de Kitano o, creo, en nuestro caso de Johnnie To, y algunos películas del cine hongkonés de los 90 o parte del 2000, tenía que ver con una manera de cómo contar ciertos casos policiales, con presupuestos bajos, donde la ciudad –repleta de luces de neón—marcaba también la propuesta estética de esos filmes. Me interesó también la manera de plasmar ciertas escenas de acción, su ingenio de producción y narrativo donde se corre del lugar común de la muerte. Por ejemplo, en Los caminantes fue importante trabajar el fuera de campo de la muerte, desde el lugar de las propias víctimas. Ese espíritu, esa economía de recursos, quizás fue la inspiración. La idea era correrse de la escena de acción, pura y dura, embeberla del cine de artes marciales, donde los personajes vuelan, con esa exageración del recurso, para poder contar y traerla a Los caminantes de la calle. 

¿Cómo impacta esta historia en tus propios orígenes? ¿Y cuáles fueron las repercusiones en ese entorno?

Mis películas anteriores se relacionan con este tema, porque el documental La Luna representa mi corazón narra un viaje a Taiwán para buscar respuestas sobre el asesinato de mi padre (que también presencié). Por eso la escena donde muere el padre quizás también fue una especie de recreación ficcional de ese momento o, lo que me dijo un amigo –que también es el sonidista en el filme—, en algún momento, como una forma de justicia poética. Ese fue el puntapié inicial para comenzar a contar esta historia: me inspiré en esos hechos para llevar adelante una nueva película. Yo la vuelvo a ver en cada proyección y la reinterpreto a medida que se va mostrando, siempre de manera diferente, siempre reactualizando la mirada: aprendiendo a verla con el tiempo. 

¿Nunca supieron exactamente qué es lo que pasó?

No, nunca lo supimos. Fue en 1985 y, claro, tiene que ver con mis orígenes, donde nace esta pregunta, pero también con una duda que creo que recorre todas mis películas de algún modo. El por qué hago estas películas está ligado a ese origen: siempre será un momento clave. 

4Palabras

Imagen de los ojos de Los Caminantes

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