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Rosca centrista: el juego de Brito y una nueva apuesta por Massa

El crecimiento de sectores sociales que exigen disciplina fiscal pero sin gritos, abre el juego a operadores políticos que buscan posicionar al empresario Jorge Brito como una alternativa pragmática de centro. Sergio Massa, siempre tiempista, aguarda su momento.

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Algunos diálogos entre los entramados de poder permiten dilucidar cómo se preparan los que siempre están listos ante el desgaste de los extremos y la aparición de nuevos focos de tensión. 

Los estudios de opinión pública que circulan en despachos privados registran que, al medir las preferencias electorales entre el mileísmo, el kirchnerismo, la izquierda, el voto en blanco y la opción de “ninguno/falta de representación”, este último segmento emerge con una potencia singular. Ese universo de desencantados abarca desde la abstención hasta votantes huérfanos del peronismo no kirchnerista, del PRO y del radicalismo, pasando por una franja de independientes. Su reclamo combina dos variables hoy dispersas: exigen la disciplina del equilibrio fiscal y la macroeconomía de Javier Milei, pero rechazan de plano la confrontación, y demandan estabilidad institucional, republicanismo y vocación de diálogo. O de rosca. 

Hoy se observa a distintos operadores políticos trabajando en una estrategia de comunicación enfocada en el posicionamiento del empresario Jorge Brito, afiliado al peronismo salteño en sus años de juventud. El objetivo es instalarlo como una figura de peso en la escena pública: un plan B que se amolde a la demanda social. “El electorado quiere la racionalidad económica de Milei, pero con buen diálogo, con buenas formas. No es Massa, pero es mejor que Milei y que Macri también”, dicen actores claves del monzoísmo, exsocios del PRO. 

El movimiento no responde a un apuro electoral: Brito tiene 47 años y quiere ser un actor de la cosa pública, no está desesperado por ser candidato presidencial. Cuenta con un capital social y político para nada despreciable: controla y participan en un importante conglomerado de empresas en Argentina con inversiones en finanzas, energía, agro y real estate. También fue presidente de River Plate, una plataforma de visibilidad a nivel nacional.

El “planteo Brito” descansa sobre el desgaste acelerado de los liderazgos que dominaron la escena en los últimos años. Por un lado, hay una clase media golpeada por el modelo libertario, deudora, morosa, a la que el gobierno le comió el poder adquisitivo y que “no le echa la culpa al equilibrio fiscal sino a la personalidad del tipo, a lo maleducado que es, a que habla con los perros y no con las personas”. Por otro lado, la erosión del kirchnerismo: creen que Cristina tiene que pagar el costo de que “le erró con Alberto, con Scioli, con Kicillof”. Y argumentan que “si Milei fuera un tipo que con capacidad de diálogo, tendría 60% de votos” y si “Cristina, que maneja el poder, tuviera algunas de las ideas económicas de Milei, tendría 60% de los votos».

Sin embargo, reconocen la complejidad técnica. Una reunión con un especialista en instalar “productos” en el país dejó en claro que volverlo masivo a Brito “es posible en dos días” pero aunque los 45 millones de argentinos lo vieran “lo que tenés que darles es un contenido, un producto bueno”. 

Mientras el centro ensaya nombres nuevos, la figura de Sergio Massa no pierde vigencia ni dentro ni fuera del peronismo. Dirigentes de diálogo fluido con el exministro coinciden en que “es el único, por lejos, que podría gobernar este país”, aunque matizan el impacto de sus gestiones previas: “La sociedad quiere ir para adelante, y es difícil porque Sergio tiene el auto rayado… pero el tipo no para”.

En el tablero del Frente Renovador se evalúan distintos escenarios. Si el desgaste socioeconómico del oficialismo se profundiza, los armadores anticipan una demanda social similar a la de 2003: la búsqueda de un líder de gestión antes que de un candidato de consenso ideal. “Si la casa se quema, la gente busca un bombero. Aunque tenga mala imagen, en una emergencia es él”, argumentan. Por eso dirigentes territoriales apuran encuentros en la provincia de Buenos Aires para unificar estructuras y sumar voluntades antes que firmar acuerdos de sellos vacíos, bajo una máxima compartida: “No es lo mismo sentarse a negociar con dos porotos que con quince”. 

Figuras cercanas a Brito sostienen: “Si nosotros vemos que Massa se recupera, el candidato es Massa de acá a la China. ¿Y cuánto necesita para recuperarse? Que se caigan un poquito más Milei, nada más”. Mientras tanto otros actores intentan transitar la avenida del medio: si los números acompañan, irán solos; si no miden, se integrarán a un esquema mayor para fortalecer, probablemente, el armado de Massa.  

Pero el margen de acción del líder del Frente Renovador enfrenta una encrucijada; la dependencia del piso kirchnerista. Aunque algunas encuestas recientes lo muestran con mejor perspectiva, en escenarios de polarización Massa oscila en márgenes ajustados: 53,5% a 46,5% contra Milei. Por otra parte, para sostener su proyección y competir internamente contra Kicillof requiere del respaldo de Cristina Kirchner, que le garantiza un piso de entre 15 y 20 puntos, pero le impone un techo acotado por su imagen negativa. “Sergio está atrapado en ese piso y techo que le pone Cristina”, explican en su entorno. Algunos le sugieren priorizar la provincia para reconstruir su perfil: ser gobernador y esperar la presidencial. Sugieren que está haciendo política con mala imagen y que puede revertir mostrando otra cara en la provincia. 

La tensión con Kicillof se profundizó en las últimas semanas por las resistencias que genera el gobernador en los no alineados. “Kicillof es candidato siempre y cuando se pierda la elección”, dicen. Cuando el peronismo empezó a sentirse con posibilidades de retorno no duda, “porque Kicillof es ‘yo gano y no sé quién sos vos’. Massa ganó con los votos y dijo ‘ahora somos socios’”.

A esto se suma el riesgo que representa Diego Santilli en la provincia de Buenos Aires, que muestra peso en el gabinete, capacidad negociadora y voluntad de seducir al PRO y otros sectores. Su carrera ya largó. Para los centristas si el candidato no es lo suficientemente fuerte o no los representa “son capaces de cerrar con el Colo (Santilli) y no lo paran más”.

Mientras el centro busca construir una alternativa con nombres nuevos, el peronismo mantiene la urgencia de ordenar su propia interna territorial antes de que el desgaste ajeno se transforme en una oportunidad perdida.

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