“Si nos soltamos las manos, nos pasan por encima»: los sellos independientes resisten en la Feria de Editores
Frente a un contexto económico adverso y el ataque estatal a la actividad, la Feria de Editores abrió sus puertas en Buenos Aires. Cómo hacen los sellos independientes para sortear la caída de ventas, mantener viva su bibliodiversidad, y defender el oficio.
- agosto 7, 2026
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Entre el festejo de 15 años de trayectoria y la preocupación por la propuesta de derogación de la ley de Defensa de la Actividad Librera por parte del gobierno, ayer comenzó una nueva edición de la Feria de Editores en el espacio C Art Media de la Ciudad de Buenos Aires (Avenida Corrientes 6271). 4Palabras entrevistó a representantes de las 330 editoriales que participan de esta edición para conocer qué desafíos encuentran y cómo atraviesan una actualidad marcada por las dificultades económicas, pero también por la existencia de una red que se organiza, resiste y sigue creciendo.
La editorial Vinilo edita libros de no ficción en formato portátil. Algunos de sus autores publicados son Santiago Loza, Mauro Libertella, Jazmina Barrera y Camila Fabbri. Para Joanna D’Alessio, su directora, “tenemos un gobierno que literalmente ataca la cultura” y la amenaza a la ley instala una coyuntura compleja, pero, por otro lado, hay un público de “lectores fanáticos”. “En Argentina estamos muy orgullosos de que existan muchas librerías y muchas editoriales y de que haya esa avidez lectora”, remarca.
“Más allá de lo coyuntural, que me parece súper importante mencionar, desde Vinilo siempre intentamos estar al tanto de lo que está pasando y de qué manera podemos hacer libros que despierten interés. Fue una misión desde que creé mi anterior editorial, Ralenti, que es una editorial infantil. Trabajamos fuerte en eso desde todos los lugares, desde lo político, lo ideológico y desde cada día cuando estamos sentados trabajando”, comenta.
De forma similar, Malena Rey, editora de Caja Negra, señala que el “desafío mayor siempre es armar un plan editorial y un catálogo que tenga peso propio, que genere interés, que abra la conversación hacia nuevos temas a partir de los libros. Las mayores dificultades hoy justamente pasan porque nuestros lectores y lectoras cada vez tienen menos dinero para invertir en libros”. En ese punto, la construcción de un catálogo atractivo, que dialogue con la realidad de los lectores es clave para destacarse en el vasto ecosistema editorial argentino. “A nosotras nos gusta mucho arriesgarnos, probar cosas nuevas. Hay momentos más propicios que otros, pero vamos a seguir intentándolo siempre”, afirma.
Desde Fiordo, editorial fundada en 2012, coinciden en que el desafío más grande es encontrar lectores que puedan comprar efectivamente los libros y sostener el vínculo con ese público. “Acá entran muchos temas: que la diversidad de títulos esté representada en librerías y en plataformas de venta de libros, en medios, en programas culturales públicos; pero también que la gente tenga la capacidad de dedicar una cantidad de tiempo y de espacio mental a encontrar esos libros, desearlos y transitarlos”, expresan. En ese sentido, comentan que su abordaje consiste en “dedicar cada vez más recursos a intentar que lo que publicamos se vea, y no solo que se vea sino también que se entienda el trabajo que hay detrás”. Sin embargo, según opinan, esos espacios son cada vez más difíciles de conseguir.
María Staudenmann: “La sobreabundancia de la oferta y la velocidad de circulación de un lanzamiento en el entorno digital hacen que un libro nuevo tenga una vida mucho más corta que antes”.
“La sobreabundancia de la oferta y la velocidad de circulación de un lanzamiento en el entorno digital hacen que un libro nuevo tenga una vida mucho más corta que antes”, expresa María Staudenmann, directora de Esa luna tiene agua y una de las organizadoras de la Feria de Pequeñas Editoriales (FePE). “Las editoriales independientes somos sinónimo de bibliodiversidad. Además de ser semillero de las tendencias del futuro: muchísimos autores y estilos que hoy conforman el canon ‘nacieron’ en una editorial independiente”, agrega.
“Uno de los mayores desafíos es sostener un proyecto editorial en un contexto económico muy inestable, con costos de producción altos, capacidad de compra más limitada y muchas dificultades para que los libros circulen y encuentren visibilidad”, acuerda Corina Materazzi, directora de editorial Enero. “Publicar no es solamente imprimir un libro. Es leer, acompañar, corregir, diseñar, comunicar y construir un recorrido para cada obra. Todo eso requiere mucho trabajo, tiempo y una mirada muy atenta, especialmente cuando no se cuenta con la estructura ni con los recursos de los grandes grupos”, continúa.
Desde la editorial Marciana, que trabaja ininterrumpidamente desde hace 10 años, también subrayan el rol de los editores como comunicadores y gestores culturales. “En un momento en que la cultura, la academia, la ciencia y la educación están siendo atacadas con la clara intención de destruirlas, debemos seguir estando a la altura y mantenernos productivos, sin relajarnos”, sostienen. “Las ventas caen, los números no cierran, pero no nos vamos a caer. No lo digo solo por nuestra editorial, lo digo por toda la comunidad literaria. Todos sabemos que si nos soltamos las manos, nos pasan por encima”, enfatizan.
La editorial Amauta&Yaguar, que publica poesía de autores de pueblos originarios y afrodescendientes, define su trabajo como principalmente político. Según comentan, como medida para hacer los libros más asequibles y llegar a bibliotecas populares, decidieron lanzar una línea de libros industriales. “La nueva línea pretende redirigir la relación que tenemos con el mercado y la sociedad. Aquí la imprenta no es una necesidad, sino una herramienta para llegar más lejos, pero nunca vamos a negociar la autonomía de la edición artesanal”, aseguran.
Mientras tanto, Gustavo Gottfried de Mágicas naranjas cuenta que incorporaron la preventa como modo de promoción y recurso para afrontar los gastos de impresión. La reducción de tiradas y el mantenimiento de mínimos gastos fijos es otro de los modos en los que afrontan la crisis editoriales como Selva Canela, especializada en literatura de “países no tan leídos” o Winograd, editorial familiar que combina ediciones bilingües de textos de filosofía con textos vinculados al patrimonio cultural de la Argentina y del Atlántico Sur.
Julia Sabena, editora de Serapis, añade que además de los bajos ingresos de los lectores, también hay una carencia de fomento a la lectura desde programas estatales que puedan ampliar el público. “Los costos de producción son elevados y se intenta sostener un precio accesible, entonces se hace difícil. Por otro lado, hay muchos menos programas de subsidios o están empobrecidos. La manera es trabajar el triple, achicar gastos concentrando el trabajo en una persona, y sumarse a estrategias colectivas de encuentros y otros, que a veces ayudan a vender y otras no, pero siempre nos recuerdan por qué estamos en este oficio con mucho amor”, comenta.
Para Federico García de Hasta Trilce, lo colectivo es también fundamental en el contexto actual. “Este año debimos frenar un poco la producción editorial, pero la única forma que vemos posible encarar estas dificultades es a partir del trabajo colectivo, la unión, la agrupación. Hace varios años formamos parte de la cooperativa de servicios para la producción editorial TyPEO Ltda. junto con otras 9 editoriales independientes argentinas. Es a partir de la unión de esfuerzos que logramos conseguir mejores precios de impresión, garantizar espacios en ferias, y consolidar circuitos de distribución factibles a nivel nacional e internacional”, explica.
Federico García de Hasta Trilce: “Lo colectivo es también fundamental en el contexto actual. “Este año debimos frenar un poco la producción editorial, pero la única forma que vemos posible encarar estas dificultades es a partir del trabajo colectivo, la unión, la agrupación. Es a partir de ahí que logramos conseguir mejores precios de impresión, garantizar espacios en ferias, y consolidar circuitos de distribución factibles a nivel nacional e internacional”.
Aunque valora la FED como un espacio de reunión y difusión de los títulos de editoriales independientes, García se muestra crítico con la organización de la feria y sostiene que las condiciones de participación son contradictorias con “las lógicas de trabajo independiente, autónomo y colectivo que las editoriales encuentran como escape o solución a las problemáticas del mercado del libro”.
Sin embargo, para todos los entrevistados el consenso es que la FED es un espacio fundamental para las editoriales independientes, un espacio privilegiado para desplegar los catálogos y sintonizar con los intereses del público. “Nos permite encontrarnos cara a cara con los lectores, dar a conocer nuestro catálogo y compartir el trabajo que hacemos durante todo el año. Es una oportunidad de visibilización, de intercambio y también de fortalecimiento de la comunidad editorial”, resume Francisca Mauas, de Azul Francia.
“El público de la FED, a diferencia de los visitantes de la feria ‘grande’, es un público lector, que sabe lo que quiere, que está interesado en descubrir autores, que no se guía por la lista de ‘los 10 más vendidos del mes’”, valora Marcela Carbajo de Empatía, una editorial especializada en literatura africana.
Desde el punto de vista comercial, además del espacio de visibilización de sus propuestas, las editoriales destacan que la FED permite una recuperación directa de la inversión al acortar los intermediarios y reducir los tiempos de la cadena de pagos.
Las puertas de la Feria estarán abiertas hasta el domingo 9 de agosto, con una programación que incluye la presencia de figuras nacionales e internacionales.
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