El gobierno perdió también la reforma de la ley de fuego: un modelo que no cierra sin represión
El oficialismo sufrió un duro revés en el Senado tras aprobar un proyecto desfigurado. Por la presión social y la falta de votos aliados, debió retirar los capítulos clave sobre venta de tierras a extranjeros y manejo del fuego. La media sanción quedó reducida a desalojos exprés y expropiaciones, en una jornada atravesada por la improvisación en el recinto y la represión policial afuera del Congreso.
- agosto 7, 2026
- Lectura: 3 minutos
Compartir:
- agosto 7, 2026
- Lectura: 3 minutos
Compartir:
El oficialismo sufrió este jueves una dura derrota parlamentaria, aunque lo quiera dibujar de victoria por la media sanción lograda. Había llegado al Senado con un proyecto que avanzaba fuertemente sobre la tierra y los bosques —la extranjerización de tierras rurales primero, la desregulación de la ley de manejo del fuego después— y terminó la sesión, ya de madrugada, con apenas dos de sus tres capítulos en pie: desalojos exprés y límites a las expropiaciones. Un modelo ultraliberal no cierra con votaciones a la luz del día y sin represión. Lo que este jueves atravesó el Senado y las calles que lo rodean funcionó como una postal exacta de esa lógica: mientras adentro del recinto los bloques discutían artículo por artículo un proyecto cada vez más desfigurado, afuera la policía reprimía a los manifestantes con camiones hidrantes, gas pimienta y balas de goma en pleno debate legislativo.
La caída de los dos capítulos más resistidos no fue una concesión táctica del gobierno, sino la consecuencia de una presión social sostenida durante semanas, que mantuvo la calle movilizada contra el proyecto y terminó arrastrando a sus propios aliados legislativos. Primero fue la venta de tierras a extranjeros, bajada el martes por falta de votos entre radicales y bloques provinciales que no querían llegar a la sesión con ese costo político. Después, ya en el recinto y bajo la misma lógica, cayó también el capítulo sobre manejo del fuego. El oficialismo evitó una derrota formal en el tablero, pero no evitó el resultado político: la ley que buscaba imponerse llegó desarmada a la sesión y salió todavía más chica.
La sesión arrancó a las 14.15, presidida por el titular provisional de la Cámara alta, Bartolomé Abdala, en reemplazo de una Victoria Villarruel que quedó a cargo del Ejecutivo por el viaje de Javier Milei. Ya sin el capítulo que habilitaba la venta de tierras rurales a extranjeros —retirado un día antes por falta de votos—, el oficialismo obtuvo su primera señal de que podía tener los números para la media sanción: el jefe del bloque de Unión por la Patria, José Mayans, pidió que el proyecto volviera íntegramente a comisión tras la sucesión de cambios que sufrió el dictamen, y perdió esa moción por 38 votos contra 31.
El resultado de esa votación dejó, además, una lectura fina sobre quiénes estaban dispuestos a resistir el proyecto en su conjunto y quiénes solo objetaban el capítulo de tierras ya caído. Varios de los senadores que habían resistido la extranjerización –el bonaerense Maximiliano Abad, la neuquina Julieta Corroza, los misioneros Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, y el radical Daniel Kroneberger– votaron en contra de que el proyecto volviera a cero. Es decir: pelearon una batalla puntual y ganada, pero no estaban dispuestos a tumbar el resto de la reforma.
Ese resto, sin embargo, no llegó al recinto sin sobresaltos propios. El dictamen final, que se conoció una hora antes de que inicie la sesión, sumó sin aviso previo la derogación del artículo 22 ter de la ley de Manejo del Fuego, además del artículo 22 quater que ya figuraba en versiones anteriores. La diferencia no era menor: mientras el 22 quater prohíbe por 30 años emprendimientos inmobiliarios o cambios de uso del suelo en pastizales y zonas agropecuarias quemadas, el 22 ter —incorporado en 2020 bajo el impulso de Máximo Kirchner— era el que permitía a cada provincia extender esa restricción más allá de los 60 años en el caso de bosques nativos incendiados. Con ambas derogaciones, el proyecto dejaba sin ese resguardo tanto a las tierras no boscosas como a los bosques nativos, en un país donde los incendios reabren cada año la discusión sobre la especulación inmobiliaria posterior al fuego. «Nos mandaron la última versión por WhatsApp. Esto no es serio, tiene que volver a comisión», se quejó el senador Daniel Bensusán (PJ-La Pampa).
Ese agregado de último momento era uno de los puntos más frágiles del oficialismo de cara a la votación en particular. “Algunos dicen que no tienen cerrados los votos para manejo del fuego. Y que podría haber alguna sorpresa”, admitió pasadas las 21 una fuente de La Libertad Avanza. La incertidumbre contrastaba con el clima de la tarde, cuando el oficialismo festejaba haber sobrevivido a la moción de Mayans –y también desalojar durante horas la plaza, con el saldo de una decena de heridos y detenidos–.
La derrota en el capítulo de tierras dejó, además, una crisis de relato hacia adentro del propio oficialismo. Pero el quiebre había empezado mucho antes, cuando el ministro Federico Sturzenegger tuvo que defender esa reforma “con uñas y dientes” ante la comisión del Senado sin lograr convencer ni a sus propios aliados. Este jueves, antes de que arrancara la sesión, el cordobés Luis Juez funcionó como una suerte de alter ego de Patricia Bullrich en los pasillos y en los micrófonos de varios medios, diciendo en público lo que la jefa del bloque libertario no podía decir por su rol de espada oficialista en el recinto: “No tuvimos picardía, perdimos el relato”, admitió Juez, en la misma línea que el jefe del bloque PRO, Martín Goerling, quien cuestionó que el gobierno “lo manejó desde el inicio muy mal” en materia comunicacional y no explicó a tiempo los cambios de dictamen.
El modelo ultraliberal no cierra con votaciones a la luz del día. Pasada la medianoche, el Senado aprobó en general el proyecto por 37 votos contra 33, ya reducido a dos de sus tres capítulos originales: los cambios al régimen de expropiaciones –que fija topes a las indemnizaciones, descarta valores afectivos o ganancias hipotéticas y limita el lucro cesante al 30% del daño emergente, salvo prueba en contrario– y los desalojos exprés, que habilitan juicios sumarísimos por falta de pago o usurpación. La ley pasa ahora a Diputados con dos de los tres ejes que le dieron nombre al proyecto –tierras y fuego– fuera del texto.
La sesión tuvo, también, un capítulo aparte con la senadora mendocina Anabel Fernández Sagasti, que había pedido votar de forma virtual por una restricción médica derivada de su embarazo, y con el radical catamarqueño Flavio Fama, que solicitó lo mismo tras una cirugía de rodilla. Pese al aval inicial de Villarruel, el pleno terminó enviando a comisión el debate sobre el voto no presencial, lo que en los hechos bloqueó la participación remota de ambos legisladores. La lectura política de ese desenlace es que el peronismo, que ya había capitalizado la caída del capítulo de tierras, prefirió no forzar un precedente de voto virtual que en el futuro también podrían reclamar los propios libertarios.
Mientras adentro se descontaban los votos, afuera del Congreso la policía inició la represión pasadas las 17, justo cuando se esperaba el pico de concurrencia de la movilización de autoconvocados, más la UTEP, organizaciones piqueteras, las dos CTA, gremios de la CGT —con una presencia reducida, calificada de “testimonial” por sus propios dirigentes— y columnas del peronismo bonaerense y de partidos de izquierda. Resulta imposible determinar con precisión quiénes derribaron las primeras vallas frente al Palacio Legislativo, si manifestantes o infiltrados, pero a partir de ese momento las fuerzas de seguridad desplegaron camiones hidrantes, gas pimienta y balas de goma durante al menos cuatro horas, con un costo operativo estatal sideral.
La protesta no fue solo porteña. Con lluvia y bajo la consigna de que “la tierra no se vende, no se quema ni se desaloja”, hubo réplicas en La Plata, Mar del Plata, Rosario, Córdoba, Santa Fe, Salta, Jujuy, Tucumán, Mendoza, Bariloche, Comodoro Rivadavia, Ushuaia y Posadas, entre otras ciudades, en una jornada que las organizaciones convocantes definieron como «federal».
Tras la represión, la sospecha que un dirigente libertario había deslizado a las 21 se confirmó horas después: La Libertad Avanza no llegó a los votos para sostener los cambios a la ley de Manejo del Fuego y, ya entrada la madrugada, resolvió bajar también ese capítulo antes de la votación en general. Los primeros rumores sobre la caída habían aparecido entre las 19 y las 20; pasadas las 23.30 los senadores con más oficio ya daban por perdido el tema. Con esa baja, el oficialismo evitó una derrota en el recinto, pero sumó la segunda marcha atrás en menos de 48 horas. Siguen vigentes, así, los bloqueos de 30 y 60 años que impulsó en 2020 Máximo Kirchner.
Antes de esa definición, el debate en el recinto había expuesto las costuras del proyecto. El miembro informante, Agustín Coto (LLA-Tierra del Fuego), defendió los desalojos exprés equiparándolos a mecanismos ya vigentes en varias provincias, pero el peronista Pablo Bensusán le retrucó: “Otra vez estamos debatiendo sobre un dictamen que no sabemos de qué se trata ya que, una hora antes de empezar esta sesión, recibimos un archivo sin membrete, sin firma, con decenas de modificaciones que hicieron desde mayo y a escondidas, en lugar de plantearlas públicamente en comisiones”.
El radical Maximiliano Abad, que sí había acompañado los capítulos de expropiaciones y desalojos, fue el primero en encender la alarma sobre el fuego: “La jurisprudencia ha consolidado el principio de no regresión ambiental. Estamos frente a una reforma que seguramente será judicializada”, advirtió. Horas más tarde, la chubutense Edith Terenzi anticipó su abstención en desalojos y su rechazo al capítulo de incendios: “Vamos a dejar sin protección nuestros ecosistemas, sin vallas ni límites para su protección”. La riojana Florencia López resumió el clima con una frase que corrió rápido entre los bloques: “Gobierno chapucero, desorganizado, que se encuentra totalmente improvisado, que inventa e hizo alarde del ‘si pasa, pasa’”.
Pasada la medianoche, el Senado aprobó en general el proyecto por 37 votos contra 33, ya reducido a dos de sus tres capítulos originales: los cambios al régimen de expropiaciones –que fija topes a las indemnizaciones, descarta valores afectivos o ganancias hipotéticas y limita el lucro cesante al 30% del daño emergente, salvo prueba en contrario– y los desalojos exprés, que habilitan juicios sumarísimos por falta de pago o usurpación. La ley pasa ahora a Diputados con dos de los tres ejes que le dieron nombre al proyecto –tierras y fuego– fuera del texto.
En su cierre, Bullrich intentó capitalizar lo que quedaba en pie: “Pareciera que la propiedad privada es una mala palabra”, dijo, y apuntó contra dirigentes de movimientos sociales con causas penales y contra el kirchnerismo, al que acusó de haber convertido «la Constitución en un papel muerto». Citó, sin precisar la fuente, que el promedio para cobrar una indemnización tras una expropiación es de 18 años, y volvió sobre YPF y la instalación de una base china en Neuquén como ejemplos de lo que definió como pérdida de soberanía. El final de la sesión dejó, además, una escena que resumió el clima de la jornada: apenas terminada la votación, Bullrich se acercó a una banca de la oposición y le sacó una bandera wiphala que estaba exhibida allí. Ya afuera del Senado, ante las cámaras de TN, la jefa del bloque libertario admitió el costo del año que pasó: “Tuvimos el problema de Adorni y del Mundial. Si lo votábamos hace meses, se aprobaba todo”.
4Palabras
Compartir:
Temas relacionados
Comentarios Cancelar la respuesta
Más leídas
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad
Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado
Publicidades
Más información
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad



