Argentina / 21 julio 2026

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Data Work o el neo esclavismo

Mientras el gobierno intenta meternos en el mapa de la Inteligencia Artificial a costa de desregulación y entrega de datos, un informe sobre el "data work" en Kenia da cuenta de que las grandes tecnológicas avanzan sobre el mercado laboral local exportando un modelo de precarización extrema, falsos emprendedores y salarios que replican jerarquías coloniales.

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La Inteligencia Artificial se metió en nuestra vida cotidiana: le pedimos sugerencias, armamos imágenes chistosas para difundir en redes sociales, la consultamos para resolver problemas profesionales y hasta están quienes la usan para escribir libros o sacarse de encima tareas escolares. El gobierno quiere meternos en el mapa de IA, pero de manera subalterna y ajenos a toda soberanía sobre nuestros datos.  Si dicen que la foto de una fábrica nada dice de las relaciones laborales que se viven dentro de ella; más opaco es aún el algoritmo.

La IA es una industria que precisa que la realidad se digitalice. Esto ha dado origen a nuevos trabajos para alimentarla de información.  Las grandes tecnológicas tercerizan ese servicio en lo que se conoce como BPO (Business Prosess Outsourcing).  Esas empresas se dedican a reclutar un ejército de trabajadores distribuidos por el mundo que introduce, limpia, clasifica, etiqueta y verifica datos y programas. Aunque operan principalmente en países del sudeste asiático y África, el plan del gobierno de colocar Data center en la Patagonia, la destrucción de la regulación laboral y el crecimiento del trabajo por plataforma generan las condiciones para que el trabajo de datos se expanda en nuestro mercado laboral.

En el estudio El plan es simplemente supervivencia: Data Work en Kenia y el régimen de trampa, publicado en abril de este año por un grupo de académicos dedicados al estudio de los factores humanos en relación con los sistemas informáticos, se abordaron las condiciones de trabajo dentro de esta industria. Conviene darle un vistazo a sus hallazgos, porque es el futuro que llegó hace rato para nuestros jóvenes.

En primer lugar, los autores marcan que estos trabajadores son un eslabón dentro de la cadena de suministros de la IA. Un eslabón de poco desarrollo tecnológico y poca creación de valor agregado. La subcontratación de ese servicio a empresas menores desliga a las grandes tecnológicas de cualquier responsabilidad sobre las relaciones laborales.

El informe sostiene que este régimen funciona como una red de control que va desde contratos individuales hasta la política estatal y el arbitraje salarial global. Replica jerarquías coloniales, oculta el valor de los trabajadores detrás del mito de la autonomía de la IA y se basa en mecanismos que continuamente atraen a los trabajadores mientras los mantienen en puestos mal pagados e inestables.

En segundo lugar, esas condiciones son de alta precariedad. Se los clasifica como emprendedores, y se hace una fuerte campaña sobre ‘sé tu propio jefe’. Sin embargo, el trabajo está ajustado a horarios y obligaciones propias de la relación de dependencia.  Los trabajadores son contratados por proyecto, pudiendo pasar tiempo sin tener actividad entre uno y otro, tiempo en que no cobran ningún haber. Antes de acceder al trabajo, además, deben pagar su formación e invertir en computadoras y acceso a internet según las condiciones que se solicitan.

En tercer lugar, se domina a los trabajadores mediante promesas y coerción. Se les promete carrera profesional, pero esta nunca se produce. A lo sumo acceden a ser formadores, una manera de pasarles a ellos la responsabilidad de reclutar personal para los proyectos, teniendo que absorber las relaciones interpersonales de esas contrataciones precarias.  Por otro lado, siempre están amenazados de no ser citados al próximo proyecto y perder el trabajo si no cumplen con las exigencias.

En cuarto lugar, las empresas logran capturar las agencias del Estado encargadas de la regulación laboral para obtener las condiciones más beneficiosas a sus intereses. Como el trabajo es virtual, las empresas pueden fácilmente irse de un país donde se le intente poner condiciones, hacia otro. La cadena de valor globalizada no está presa de fronteras. Las promesas de inversiones y generación de trabajo llevan a que los Estados cedan derechos laborales. Los autores van más allá. No se cobra lo mismo en un país desarrollado que uno que no lo está. Por el mismo trabajo, en Estados Unidos o en Europa se cobra mucho más que en África o en América del Sur. Las empresas saben explotar las relaciones de dominación heredadas de la época colonial, aprovechando la desigualdad y la necesidad de trabajo en los países menos favorecidos.

Como sostienen en el informe, “este régimen funciona como una red de control que va desde contratos individuales hasta la política estatal y el arbitraje salarial global. Replica jerarquías coloniales, oculta el valor de los trabajadores detrás del mito de la autonomía de la IA y se basa en mecanismos que continuamente atraen a los trabajadores mientras los mantienen en puestos mal pagados e inestables”. Así, las condiciones de subempleo se van volviendo una nueva normalidad. Si la IA destruye trabajos para generar otros, dependerá de una organización de los trabajadores, política, democrática y global para que sean mejores de lo que hemos conocido en el pasado.

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