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“Hay más conciencia de que hay mucha gente en la calle y que eso no está bien”

Horacio Ávila, referente y fundador de Proyecto 7, analiza el cambio en el perfil de quienes duermen a la intemperie: de personas solas a familias enteras y abuelos que ya no pueden pagar el alquiler. Denuncia la crueldad discursiva, la ineficacia de las estadísticas oficiales del Gobierno de Jorge Macri y apunta contra las políticas represivas y la falta de presupuesto.

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Quienes trabajan diariamente con personas en situaciones vulnerables saben que la realidad desborda cualquier estadística oficial. Para Horacio Ávila, director de la organización Proyecto 7 —que gestiona centros de integración donde trabajan más de cuatrocientas personas— la metodología que utiliza el gobierno de Jorge Macri es ineficaz: hacen un relevamiento nocturno, con poca gente, en vehículos y en zonas puntuales. “Todo mal, porque a la noche la gente trata de escabullirse en los lugares más ocultos” explica Ávila en diálogo con 4Palabras. Lo hacen para resguardarse de las luces, de los ruidos, de la represión policial y para tener un poco de intimidad y poder descansar mejor. Dice que “Jorge Macri es mucho peor que su pariente y trata de alinearse con el gobierno nacional para que los apoyen en el 2027” y que “a todos los que están en situación de vulnerabilidad no los quiere en la ciudad”. Pero las críticas no se limitan al oficialismo porteño, destaca que “los que históricamente tuvieron conexión con los sectores populares han perdido la sensibilidad”. Es la sociedad civil, son los argentinos, los que incluso con bajos ingresos, “a veces no llegan a fin de mes pero toman conciencia de que hay otros que están peor”. 

 

¿Cuál es el diagnóstico que tienen de las personas en situación de calle y cómo difiere de los censos oficiales del gobierno de la ciudad?

Lo que vemos es que la ciudad está explotada de gente por todos lados, cada vez más. Y hay una población que se va modificando en estos últimos dos años: hay muchas más familias, más abuelos y abuelas, muchas más mamás con criaturas. Ya no son personas solas, el porcentaje está mucho más repartido. También hay una gran población no binaria que no está teniendo muchos lugares como respuesta. Y la diferencia con los números del gobierno de la ciudad viene de hace muchísimos años, y es en relación a lo metodológico. La metodología que utiliza para nosotros es ineficaz, es incorrecta, porque ellos hacen el relevamiento, o foto -porque no le podemos llamar censo realmente- solamente de manera nocturna, muy pocas horas, de 20:00 a 02:00, en algunas zonas puntuales de la ciudad de Buenos Aires. Y además lo hacen en vehículos y con muy poca gente. Todo mal, porque a la noche la gente trata de escabullirse en los lugares más ocultos, un poco para resguardarse de las luces, de los ruidos, de la represión policial y también para tener un poco de intimidad y poder descansar mejor. Hay un montón de personas que no se ven porque están muy escondidas. En el último censo popular que hicimos el año pasado tomamos tres días en todas las franjas horarias, cerca de mil personas en la calle, recorriendo las 15 comunas divididas en 47 barrios, todo en cuadrículas. Hasta levantamos alguna baldosa por las dudas. 

 

¿Cuáles son los riesgos que corren hoy las familias, los jubilados que están en situación de calle?

El riesgo en sí mismo es la calle. La calle es tan violenta como lo es el resto de la sociedad hoy en día. Pero después, hay mucha gente que no está acostumbrada y no sabe cuál es la forma de sobrevivir, de cobijarse, de resguardarse del frío, de la lluvia, no sabe cómo alimentarse, cómo conseguir ropa. Un montón de cuestiones que hacen a la supervivencia de la calle que quizás algunos que están hace un tiempo ya lo tienen un poco más claro. La misma calle te ayuda con eso, la misma gente te va informando. Pero insisto con que la violencia que se ve en la calle es la misma que cualquiera ve en su barrio. 

 

¿Qué está pasando con las colaboraciones de una clase media que hoy también está muy ajustada, endeudada, empobrecida? 

El argentino en sí es muy solidario. Eso siempre pasó. Más allá de los cuatro centros de integración que tenemos, donde trabajamos 400 personas por día, estamos haciendo desayunos y ollas en distintos puntos de la ciudad. Y ahí la gente acerca ropa, abrigo, calzado. También ponemos nuestro alias donde hay donaciones, por ejemplo, de mil pesos. Una persona que dona mil pesos es una persona que tiene un bajo ingreso, quizás no le alcanza para ella misma, pero toma conciencia de que hay otros que están peor. Esa parte está bastante saldada y de la pandemia para acá hay una conciencia social más clara y más concreta de que hay mucha gente en la calle, y que eso no está bien. Y se nota que lo dicen desde un lugar que les molesta, que les duele, les jode que haya gente en esa situación. Se corren del discurso de que los que están en la calle son todos drogadictos, ladrones o borrachos, la gente sabe que hoy hay mucha gente que se ve forzada a estar en la calle porque no puede pagar el alquiler, porque labura pero es pobre. Ahí se ve una cuestión de espejo, de que quizás mañana a mí me pueda tocar estar en esa situación. 

 

¿Cuál sería la mejor opción que el Estado puede brindar para las personas en situación de calle? 

Dispositivos 24 horas todos los días del año. En el 2022 había 26, hoy ya hay 62 y siguen abriendo más. La cuestión está en la emergencia en sí misma. Las personas no deben estar en la calle, la calle no es un lugar para vivir. Esa es nuestra consigna desde hace más de 20 años, por más que hoy el gobierno la utilice como propia. Después de los dispositivos se debería trabajar sobre la cuestión del subsidio habitacional, algunas personas que puedan acceder a algunos hoteles, a algunas pensiones. Hay una ley de vivienda individual y colectiva a través de cooperativas, que debería implementarse, pero al año o dos años esas personas, esas familias, deberían pasar a la ley 341 y entonces tendría una salida en el mediano plazo de acceso a una vivienda, pero pagándola. No es que estamos pidiendo que se regale. Sería un proceso interesante y posible de hacer, pero hay que adjudicarle presupuesto, y eso se relaciona con los números: si vos tenés 5.000 personas contabilizadas, el presupuesto va a ser uno, y si tenés 15.000, el presupuesto se debe triplicar. Por eso la importancia del número cuantitativo y el cualitativo. No es una cuestión caprichosa. Por ejemplo, a la persona que está descalza hay que darle calzado, sí. Pero después hay que laburar para que esa persona pueda comprarse su propio calzado. No podemos repartir calzado todo el tiempo. La urgencia es una, y después hay un proceso que debe continuar que no es el de la urgencia en sí misma. Cuando el Estado todo el tiempo asiste pero no hace un proceso superador para la gente, comete un error enorme y la gente no avanza. Entonces los fondos siempre van a ser insuficientes, porque cada día, sobre todo en este país y con este gobierno, hay un nuevo pobre.

Jorge Ávila: “Hay muchas organizaciones que dicen “Horacio (Rodriguez Larreta) volvé”. Eso contesta la pregunta. Pero no fue uno de los mejores gobiernos de la ciudad de Buenos Aires tampoco. Hoy al gobierno no sé si llamarlo PRO. Jorge Macri está tratando de alinearse más con el gobierno nacional para que los apoyen en el 2027. Es una ultraderecha que está gobernando”.

Jorge Macri atacó directamente a los sectores populares que pelean por el acceso a la vivienda. El operativo Tormenta Negra es un ejemplo de eso…

Macri es Macri. No podemos pretender que Macri sea otra cosa. Es portación de apellido y se sostiene en su creencia ideológica de derecha, neonazi. Jorge Macri es mucho peor que su pariente. Lo ha demostrado, hay un mensaje claro y concreto: no queremos a los pobres, no queremos a los negros acá en la ciudad, vamos a ir en contra de todo eso. Queremos que esta gente no esté, no exista. Ni barrios populares, vendedores ambulantes, ni personas en situación de calle, ni a los que laburan de trapitos. A todos los que están en situación de vulnerabilidad Macri no los quiere en la ciudad. Por eso hay una confrontación política diciendo que todos vienen de provincia. En realidad lo que no quiere reconocer es que la mayoría de la gente pobre que viene de provincia es la que le sostiene la ciudad de Buenos Aires. Son los que vienen a laburar en los negocios, en los comercios, los que levantan los edificios. Él solamente muestra una parte. Hay un discurso claro, te venden que algo no debe existir, que es malo, que es feo, que es peligroso. Entonces hay un sector de la ciudad de Buenos Aires que lo vota, que votó Adorni también, apoya ese discurso, pero tampoco es la gran mayoría. En este momento eso ha cambiado bastante. 

 

¿Creés que el PRO rompió el vínculo que había logrado establecer con algunos sectores populares? 

Hay muchas organizaciones que dicen “Horacio (Rodriguez Larreta) volvé”. Eso contesta la pregunta. Pero no fue uno de los mejores gobiernos de la ciudad de Buenos Aires tampoco. Hoy al gobierno no sé si llamarlo PRO. Ya llevan cinco gestiones, pero las primeras eran puras, limpias. Hoy hay una mezcolanza bastante rara. Tratan de alinearse más con el gobierno nacional para que los apoyen en el 2027. Es una ultraderecha que está gobernando. Mauricio Macri fue un pelotudo siempre y sigue siendo un pelotudo. Hoy la derecha está creciendo en poder, y el peor de los poderes que puede crecer es la derecha, es el represivo, el expulsivo, el que te corta los recursos para las situaciones más necesarias. Y está creciendo porque está gobernando, y eso solamente había pasado en la dictadura militar. Todo lo que decíamos que no iba a pasar -que nadie iba a reprimir a los jubilados, que no le iban a sacar los recursos a los discapacitados, que no iban a privatizar las universidades- está pasando. Y eso también nos desubica bastante. 

 

¿El progresismo perdió sintonía con las clases populares?

No creo mucho en el progresismo, pero los que históricamente tuvieron conexión con el pueblo, con los sectores populares, con los sectores más vulnerables, con la clase trabajadora, en su conjunto, han perdido la sensibilidad. Están más en una disputa de poder, de cargo, de poder electoral, de poder político, que en una conexión real con la gente. La política debe volver a las bases, y las discusiones deben ser con las bases. Y no solo la clase política, la dirigencia sindical también. Les tiene que volver a doler que haya un pibe en la calle, que haya un abuelo que no coma, pero les tiene que doler desde el alma, les tiene que volver a doler desde adentro. Hoy les duele para las fotos, no les duele de verdad. Eso es lo que distancia a la clase trabajadora, al pueblo, a la gente más humilde de la dirigencia política y sindical hoy, que no se sienten representados porque saben o sienten que no les duele. Y antes sí les dolía. Les dolía y luchaban por eso. 

 

4Palabras

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