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María Migliore: “Desde que Jorge Macri gobierna la ciudad todos los bienes públicos tienen peor calidad”

En diálogo con 4Palabras, la exministra porteña analiza el deterioro social y cuestiona con dureza las gestiones del Ejecutivo nacional y del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. También propone construir una alternativa política innovadora que “recupere el valor de la vida en común”.

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María Migliore 2

“Yo creo que ya estalló, pero estalló para adentro”, dice María Migliore –exministra de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad de Buenos Aires– sobre el complejo escenario social. Actualmente se desempeña como directora de Integración Productiva de Fundar y es cofundadora del espacio político Popurrí. 

En diálogo con 4Palabras, advierte por el deterioro profundo en materia de políticas de Estado que generan los gobiernos de Javier Milei y de Jorge Macri. Ante los discursos de odio que impulsan el enfrentamiento entre las clases medias y los sectores populares, propone disputar el sentido con propuestas innovadoras de integración y educación y construir una alternativa política que “recupere el valor de la vida en común”.

 

Uno de los ejes centrales de su gestión en la Ciudad fue la urbanización de barrios populares, ¿qué aciertos hubo y qué errores no volvería a cometer?

Fue una muy buena decisión política y tiene resultados concretos, medibles, tangibles. Hay muchas evaluaciones que empiezan a mostrar sus resultados positivos. ¿Qué se podría haber hecho distinto? Elegimos cuatro barrios en los que quisimos poner el proceso entero a funcionar, con un nivel de inversión alto. Quizás se podría haber empezado, por más que no estuviera el presupuesto completo para hacerlo completo, en otros barrios también.

Porque hay algunos barrios como la 1-11-14, zonas de la 21-24, donde todavía la deuda es muy grande. Deberíamos haber entrado primero por todo lo que era la revitalización del espacio público.

 

¿Por qué?

Porque la apropiación del espacio público en el corto plazo tiene muchas mejoras positivas en términos sociales. Y en algunos barrios eso se hizo recién al final. Otro tema pendiente tiene que ver con el mejoramiento de las viviendas. En general, en Argentina se trabaja mucho pensando en la construcción de casas nuevas. Muchas veces tenés que hacerlo, no solo por las condiciones críticas en las que viven las familias, sino por una cuestión de espacio. Los barrios populares de la Ciudad son pasillos bien chiquititos, donde no podés tener una buena circulación. Para hacer obras de infraestructura en muchos casos tenías que relocalizar familias y eso explica el por qué se construyeron muchas casas nuevas en cada uno de los proyectos. Pero hay que seguir profundizando cómo mejorar las casas que ya existen, hay mucho para innovar. Desde el financiamiento privado, con créditos a las familias, desde que el Estado no sea quien ejecuta, sino que puedan ejecutar desde empresas privadas chicas hasta cooperativas o los mismos vecinos. 

 

La gestión de Alberto Fernández hizo un trayecto distinto. Se lanzó el plan de urbanización general y luego puso el foco en programas más chicos como Mi Pieza o Mi Baño. ¿Qué balance hacés de esa primera etapa de integración sociourbana que se hizo desde el gobierno nacional con el RENABAP? 

Primero hay que marcar el logro de haberlo puesto en marcha. Tanto en el gobierno de Mauricio Macri, que arma toda la estructura, sale la ley; como en el gobierno de Alberto, que es el primer financiamiento fuerte. Poner en marcha procesos de esa envergadura es un logro gigante. Después, hay que pensar cómo programas como Mi Pieza, que son efectivos, se trabajan mejor vinculados al diseño urbano.

 

¿En qué sentido? 

Que no sea solo entregar plata a una familia para que pueda mejorar una habitación, que sin duda es importante, sino que para hacer que haya también alguna dinámica de aprobación por parte de los municipios, de pensar esa familia cómo va a seguir construyendo, dónde lo está haciendo, cómo lo está haciendo, si hay o no servicios disponibles para que mejore todo lo que está alrededor. En una próxima etapa, hay que darle una vuelta para que esa mejora –que fue muy efectiva, tuvo mucha escala y se hizo en poco tiempo– se combine con herramientas de diseño urbano a nivel municipal para que esa combinación sea más virtuosa y el crecimiento pueda ser más ordenado. Es algo muy importante que tenemos que poner en conversación en el diseño político urbano en Argentina.

 

El trabajo de integración sociourbana que se hizo en la Ciudad fue muy reconocido a nivel internacional. ¿Por qué no se logró una continuidad de esas políticas bajo el gobierno de Jorge Macri? 

Porque hay una mirada ideológica que lo que está poniendo en crisis es que valga la pena llevar adelante este tipo de proyectos. De hecho dijo, textual, que habían fracasado y que le parecía que no era una solución.

Entonces lo que hay es una mirada ideológica de cuál es el rol que tiene que tener el Estado en contextos como un barrio popular. No es una discusión técnica, que sería muy válida, de cómo mejorar las políticas, porque como decía –tanto a nivel nacional como desde la Ciudad de Buenos Aires– hay muchísimo por innovar y por mejorar. Pero la mirada es de corte ideológico, de que esto no vale la pena, que el Estado no tiene que intervenir ahí.

 

En Urbanofilia escribís que toda decisión vinculada a la gestión de la ciudad en algún punto está vinculada a “un modo de concebir la vida en común”. ¿Cómo describirías la concepción que tienen tanto el gobierno de Milei como el de Jorge Macri? 

Desde que Jorge Macri gobierna la ciudad todos los bienes públicos tienen peor calidad. El transporte anda peor, la política de integración urbana está demolida. También lo que tiene que ver con la gestión cotidiana de los residuos, las cosas más básicas del día a día están peor. Hay primero una mala gestión y después no hay una apuesta por mejorarla. Hay un descuido, una desidia. Cuando uno lidera una ciudad, se juega una visión todo el tiempo. Cuando vos estás diciendo, por ejemplo, invertir en un barrio popular, estás planteando que en esa ciudad el lugar donde haces, no te tiene que condenar sino que debe ser una oportunidad. Pero si vas a decir que es un gasto… es lo que está pasando hoy. 

 

¿Qué es lo que ve hoy en los barrios en términos de trabajo, de changas, de niveles de consumo? 

Yo lo que veo es que la guita no alcanza, ni en la clase más baja, ni en la clase media. Milei hizo algo bueno en el primer tiempo de su gobierno: bajar la inflación. Eso hay que reconocerlo y hay que decirlo. Porque cualquier alternativa que se quiera construir tiene que reconocer que tener la inflación controlada es el punto de partida. A quienes más les complica la vida cotidiana la inflación es a los más pobres. Caso contrario, no podés ni proyectar qué vas a poder comprar mañana.

Ahora si eso está controlado, pero después no hay actividad, todos los salarios están para abajo y la plata no te alcanza para cubrir lo básico, tampoco tiene sentido. Le falta algo al modelo. Y es lo que se está viendo hoy: una clase media muy preocupada y angustiada por no poder cubrir tranquila el día a día, resignando un montón de cosas. Las clases populares están en una situación peor todavía, pero comparten las mismas preocupaciones. Obviamente no es lo mismo dejar de consumir algo que compraba todos los meses, a no tener para comer. La gravedad es diferente. Pero la preocupación es la misma: no me alcanza, no tengo un trabajo o tengo dos trabajos y no me alcanza igual. Hay un deterioro de la clase media y de la clase baja. 

 

Algunos describen lo que está sucediendo como un fenómeno de implosión social. ¿Coincide con esa mirada? 

Sí, creo que estaban todos esperando una cosa parecida al 2001. Y te preguntan todo el tiempo si esto va a estallar. Yo creo que esto ya estalló. Mirá lo que es la escuela. La escuela está estallando porque estalló todo el contexto. No porque la escuela como institución falló. No le podemos pedir a un docente que esté tranquilo para enseñar cuando además de ese trabajo tiene uno o más, o tiene que terminar manejando un Uber para llegar a fin de mes. Y además tiene que recibir chicos que tienen problemas, algunos son los más extremos, hasta de hambre, violencia, adicciones. A los docentes los estamos dejando solo con dos alfileres para hacerle frente a esa situación.

Ahí tenés un síntoma de que ya está todo estallado. Pero estalló de una manera distinta, estalló para adentro. La pandemia marcó un quiebre importante en la dinámica social y en cómo estos problemas se están expresando.

 

Además la escuela se supone que es uno de los últimos lugares a los que no había llegado ese nivel de deterioro. 

Todas las personas seguimos creyendo en la escuela. Aún en los contextos más deteriorados, los padres y las madres siguen apostando a que los chicos vayan y hacen lo imposible por sostenerlo. Y los docentes y los directores también: conmueve el esfuerzo que están haciendo. Ahora, eso no se puede solucionar con voluntarismo. Lo que hay que hacer es un rediseño y una apuesta concreta y fuerte del Estado para que la escuela pueda volver a funcionar bien. Es inversión y es también innovación en la gestión. 

 

Hasta ahora la respuesta del gobierno de Jorge Macri a este nivel de deterioro social ha sido por el lado represivo, punitivo, como el Operativo Tormenta Negra. 

Jorge Macri gobierna para las redes sociales, gobierna para TikTok. Ese operativo –que además es muy discriminatorio y violento en los términos en los que se comunicó– es absolutamente ineficiente, ineficaz, no va a cambiar nada. Si me preguntan si hay que combatir el narcotráfico en los barrios populares, por supuesto que sí. Si tiene que haber más presencia policial en los barrios populares, por supuesto que sí. Pero, ¿cómo solucionás estructuralmente los problemas que tenés ahí? Con inversión pública. Con más escuelas, con calles asfaltadas, con iluminación, con presencia estatal. Pero si él no cree que el Estado tenga que estar ahí de esas maneras, no entiendo cómo lo va a solucionar. Es todo show.

 

Hay un doble problema. Por un lado, el deterioro social. Pero después hay otro problema que es que tanto desde el gobierno nacional como desde el gobierno de la Ciudad se instalan políticas de odio entre los sectores populares y las clases medias, o entre los propios sectores populares. ¿Cómo se hace para recomponer el tejido social? 

Lo que hay que hacer es, primero, marcar los límites de lo que está pasando hoy con fuerza y con claridad. Porque además, por ejemplo, el nivel de conversación en las redes sociales es recontra agresivo. Pensar que eso no tiene después consecuencias en la vida real es no entender nada.

Entonces hay que construir una alternativa y proponer una visión. No es solo marcar lo que está mal, hay que proponer otro camino. Si no se propone otra alternativa, que es lo que hoy está faltando, una inspiración nueva, un sueño nuevo, políticas concretas para contraponer a lo que está pasando, va a ser difícil. 

 

Desde el espacio Popurrí una de las cuestiones que están proponiendo es la reconstrucción de “una vida en común”. Muchos hablan de que Milei en realidad es un síntoma de algo más profundo, de la predominancia del individualismo, de lo financiero por sobre el estudio  y el trabajo. ¿Es posible esa reconstrucción de lo común? 

Sí, sí, absolutamente. Estoy convencida de que es posible. Todos necesitamos otra cosa. Y todos somos mejores cuando nos encontramos. Lo veo en cosas recontra concretas, como que seguimos creyendo en la escuela, como la penetración que tienen todos los clubes en la Argentina. Cuando hablás de un club, hay un consenso absoluto de que vale la pena cuidarlo.

Hay que pensar bien cuáles son los lugares desde los cuales vamos a reconstruir eso, y qué forma toma esto en el siglo XXI. ¿Todo el tiempo pasado fue mejor? No. Hay que pensarlo desde los clubes que tenemos hoy, desde las oportunidades también. Pero hay que dar una discusión cultural de cómo queremos vivir, de cuál es el sentido de lo que hacemos, que es más profundo que solo la aplicación de políticas públicas concretas.

 

¿Cómo se expresan estas nuevas formas en términos políticos? Pensando en las elecciones de 2027, ¿cuál es el mejor camino? 

Falta tiempo para el 2027. Nuestra apuesta es construir un lugar nuevo, es volver a encontrarnos, ofrecer propuestas desde lo que creemos que vale la pena. Y lo que vemos es que se puede construir desde ese lugar, que tenemos que reconectar desde ahí. 

 

En ese sentido, algunos plantean la necesidad de grandes frentes, y otros plantean que, en realidad, primero están las ideas y después los frentes. 

Es que es eso. Primero o nos encontramos en la causa compartida, o no me importa el frente. Lo primero que hay que reconstruir es un sentido común. Si hay algo que tuvo Milei fue una propuesta, y con eso convocó. Pudo captar una época y ofrecer una alternativa.

A mí esa alternativa no me gusta, ese sentido común lo quiero disputar, porque creo que no es bueno. Pero hay que pensar cuál es la idea, cuáles son las causas con las que queremos construir la alternativa. Y, sobre eso, todos los que piensen lo mismo, bienvenidos. Pero si eso no está, es agrupar personas sin sentido, y la política necesita volver a recuperar sentido.

 

Señalaste que hay que generar nuevas formas y no intentar volver atrás. En esas nuevas formas, ¿no está la reconstitución del PRO, de Juntos por el Cambio? 

Estoy haciendo una alternativa, estoy construyendo otro lugar con un grupo de compañeros, de amigos que venimos de distintos lugares, porque tenemos la premisa de que los lugares donde estábamos se estallaron y no nos representan.

Entonces, si no nos representan a nosotros, ¿cómo vamos a poder pedirle a alguien que los represente? No tiene ningún sentido. Tenemos muchos desafíos, preguntas, y tal vez sea de mediano plazo, pero estamos abocados a esa tarea. Popurri es un espacio que busca reconstruir lo común, que busca innovar en la manera también de cómo hacer política.

 

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