Argentina / 14 febrero 2026

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2026 es el año de la Mujer Agricultora  

Declarado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), busca reducir la brecha de género en el campo y los sistemas agroalimentarios. En Argentina la situación de las trabajadoras de la tierra dista de ser ideal. El país no cuenta con datos y estadísticas oficiales que grafiquen la desigualdad.

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Con año de la mujer agricultora

La Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Asamblea General de la entidad declararon 2026 como Año Internacional de la Mujer Agricultora. Fue en diciembre pasado, en una ceremonia en la que colaboraron conjuntamente los países de Irlanda y Jordania, en la que quedó evidenciado no solo el liderazgo de la mujer en las actividades del campo sino la profunda desigualdad existente entre hombres y mujeres en los sistemas agroalimentarios y el desarrollo rural a escala global. La campaña apunta a que se reconozca el aporte indispensable (y por lo general invisibilizado) de la mujer que trabaja la tierra y se avance en la propuesta de campañas para subsanarlo, especialmente las referidas al acceso al crédito, la tierra y las oportunidades económicas. 

Cultivan la tierra, crían el ganado, pescan, gestionan los bosques; desde la elaboración y la producción de alimentos hasta la comercialización y el cuidado de los sistemas agroalimentarios, las mujeres representan la columna vertebral del universo rural. Según el organismo, alcanzan el 41 por ciento de la fuerza de trabajo mundial y aun así, el progreso en el empoderamiento de género se estancó durante la última década. Beth Bechdol, directora general adjunta de la FAO remarcó que “invertir en la mujer rural no es solo una cuestión de derechos humanos, sino una estrategia para erradicar el hambre y la pobreza extrema. Cuando una mujer rural tiene acceso a los mismos recursos y oportunidades que un hombre, los rendimientos de sus cultivos aumentan significativamente, mejorando la nutrición de toda su familia y comunidad”. 

Para la FAO, el término “agricultora” abarca a toda mujer que trabaja en los sistemas agroalimentarios, en diferentes capacidades y en todos los segmentos de las cadenas de valor. Esto incluye a productoras, campesinas, agricultoras familiares y pequeñas, trabajadoras estacionales, pescadoras, trabajadoras de la industria pesquera, apicultoras, pastoras, silvicultoras, elaboradoras, comerciantes, poseedoras de conocimientos tradicionales, mujeres que se desempeñan en el ámbito de las ciencias agrícolas, trabajadoras formales e informales y empresarias rurales. 

 

Cultivan la tierra, crían el ganado, pescan, gestionan los bosques; desde la elaboración y la producción de alimentos hasta la comercialización y el cuidado de los sistemas agroalimentarios, las mujeres representan la columna vertebral del universo rural. Según el organismo, alcanzan el 41 por ciento de la fuerza de trabajo mundial y aun así, el progreso en el empoderamiento de género se estancó durante la última década.

A su vez, engloba a las mujeres en su diversidad: jóvenes y mayores, indígenas y de las comunidades locales, con discapacidad, y refugiadas y desplazadas y comprende a las que trabajan tanto en el sector formal como en el informal, reconociendo su contribución independientemente de la propiedad de la tierra o su situación laboral. Desde la Asociación Civil Mujeres de la Ruralidad Argentina (MRA) en tanto, amplían el abanico definitorio e incluyen en la terminología no solo a las productoras agropecuarias; “La docente, la bombera, la médica o enfermera de la sala de salud, la periodista, la referente gremial, la empleada rural o profesional asesora son mujeres de la ruralidad en la medida en que la habitan, la co-crean, interactúan con ella y conforman los escenarios sociales del ámbito rural”, señalan desde la entidad. 

¿Qué ocurre en Argentina?

Según un estudio realizado por ActionAid América, -organización de desarrollo internacional con sede en el Reino Unido-, las mujeres campesinas son la porción de población más perjudicada. En el trabajo de la Red Internacional de Género y Comercio, dedicado a poner de relieve la situación de la mujer agricultora en Argentina, Paraguay y Uruguay, el organismo plantea que tanto la diversidad como la fragmentación del trabajo productivo (que debe ser alternado con el trabajo doméstico) contribuyen a la subvaloración de la mujer en los espacios rurales. En muchos casos, además, la falta de remuneración o la escasa paga amplía la brecha existente entre hombres y mujeres. En América Latina el porcentaje de mujeres campesinas y agricultoras que no accede a la tierra propia es mayor que el de los hombres y solo el 18 por ciento de la tierra agrícola –según la FAO-, está en manos de mujeres. 

En nuestro país la situación de las trabajadoras de la tierra dista de ser, por lejos, ideal. Más allá de los avances del movimiento feminista, que, cual marea irrumpió un escenario social adormecido, lo cierto es que mayormente se perpetúa una línea de continuidad histórica respecto a cuestiones de desigualdad intrínsecas referidas a las condiciones de trabajo, el empleo no remunerado o precarizado y la falta de acceso a los sistemas de salud, entre otras. Argentina no cuenta con datos y estadísticas oficiales que grafiquen la desigualdad. Pero desde los colectivos rurales denuncian un contexto adverso y de exclusión para la mujer rural que, en líneas generales se enfrenta a jornadas laborales de hasta dieciséis horas bajo esquemas productivistas que requieren altos rendimientos merced al empobrecimiento de las familias campesinas que viven en los cordones fruti hortícolas de las grandes ciudades o en el campo.  

En la web de la organización (www.fao.org) lanzaron la invitación: “Si la interesada representa a una ONG, un medio de comunicación, un gobierno, una organización de agricultoras, universidad, empresa o sindicato, como si es una deseosa de participar del Año Internacional de la Agricultora, esta es su oportunidad de involucrarse”. 

 

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