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La visita del papa y la aprobación del gobierno, asuntos separados

Un análisis del vínculo entre religión y política en el marco de la visita pontificia enfocada en la relación entre iglesia y gobierno. Los documentos de la iglesia desde que asumió Milei hasta hoy. Distinguir entre el papa como figura global y la iglesia argentina como actor político local. La historia de la iglesia, de sus movimientos y sus disputas se hace presente más allá de una foto o de un reel de tik tok.

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La imagen muestra una recreación o diseño conceptual sobre una supuesta visita del papa León XIV a la Argentina, un acontecimiento programado de forma tentativa para noviembre de 2026.

Entre el 8 y el 11 de noviembre, León XIV visitará Buenos Aires, Luján y Córdoba. Es la primera visita de un papa a la Argentina en casi cuatro décadas, y el gobierno la quiere capitalizar como un triunfo propio: el canciller entregó personalmente la invitación de Milei y el presidente tuiteó «se viene» con emojis de leones.

Una visita de este tipo tiene muchas facetas: están las imágenes e ideas que el país quiere proyectar hacia el mundo y hacia sí mismo; por otro lado todo aquello que tiene que ver simplemente con la ocurrencia de un hecho multitudinario y las ganas de ser parte; y el hecho carismático dado por la forma de vivir el encuentro de muchos católicos y católicas con la máxima autoridad de su Iglesia luego de la partida de Francisco, entre otras muchas cuestiones.

Lo que nos convoca en este caso es el análisis del vínculo entre religión y política en el marco de la visita, prestando especial atención a la relación entre el Gobierno y la Iglesia como institución. Para entender qué puede significar esta visita desde el punto de vista local, se relevó el conjunto de documentos que la Conferencia Episcopal Argentina fue publicando desde que asumió Milei: cartas abiertas, comunicados, declaraciones, homilías y mensajes de sus distintos organismos (Comisiones Episcopales, Comisión Ejecutiva, Asamblea Plenaria, Comisión Permanente). Ese relevamiento —119 documentos entre enero de 2024 y septiembre de 2026, de los cuales quedaron afuera solo aquellos a cuyo texto completo no se pudo acceder— es el corpus que sostiene el análisis que sigue.

La necesidad de mostrarse cerca del papa llega en un momento particular para el gobierno. Cada vez más gente necesita un segundo o tercer trabajo para llegar a fin de mes. Las deudas de las familias con bancos y tarjetas no paran de crecer, y ya no alcanzan sólo a los sectores más golpeados: llegaron a la clase media. El malestar social se cuela incluso en indicadores extremos, como el aumento sostenido de los suicidios, que este año ya superan a los homicidios. Y en el propio corpus de pronunciamientos de la CEA aparecen, una y otra vez, los mismos sectores que la pasan mal: los jubilados que el año pasado tuvieron que elegir “entre comer y comprar remedios” y que en mayo de 2025 fueron reprimidos por la policía en su reclamo semanal frente al Congreso; las personas con discapacidad, que según la Comisión Ejecutiva «no pueden esperar» ante el desamparo en salud, rehabilitación y educación, con instituciones como el Cottolengo Don Orione al borde del cierre por atrasos en los aportes estatales; los chicos, invocados tanto en los documentos sobre pobreza infantil como en las cartas contra la baja de la edad de imputabilidad. Milei necesita una foto de unidad nacional precisamente en un momento en que la vida cotidiana se volvió más difícil para amplios segmentos del país.

La apuesta de traccionar legitimidad de la cercanía con una figura religiosa no es nueva, y su historial reciente es de fracaso. En 2013, apenas conocida la noticia de que Bergoglio sería papa, el gobierno de Cristina Kirchner activó una reapropiación simbólica: La Cámpora y el Movimiento Evita organizaron vigilias en la villa 21-24, territorio de la pastoral social de Bergoglio; aparecieron afiches con la leyenda «Francisco: argentino y peronista» (atribuidos, extraoficialmente, al entonces secretario de Comercio Guillermo Moreno); Cristina le pidió personalmente que mediara en la disputa por Malvinas. El intento no fue lineal ni sin fricciones: buena parte del propio arco kirchnerista con trayectoria en derechos humanos desconfiaba de Bergoglio por su rol ambiguo durante la dictadura, y esa tensión recién se saldó en parte con gestos posteriores, como la desclasificación de archivos eclesiásticos en 2015. Del otro lado de la polarización de entonces, Mauricio Macri —entonces jefe de gobierno porteño— resignificó el propio «hagan lío» de Francisco como consigna de protesta callejera contra el kirchnerismo, y Elisa Carrió, cercana a Bergoglio desde su época de arzobispo, construyó una identidad de denuncia anticorrupción apoyada en esa cercanía. Ninguno de los dos intentos cuajó en algo significativo para la sociedad: según la Encuesta de Creencias y Actitudes Religiosas del CEIL-CONICET, en 2019, apenas el 7,1% pensaba que el Estado debía apoyarse en la Iglesia para políticas sociales. La legitimidad religiosa resultó, otra vez, no transferible.

La necesidad de mostrarse cerca del papa llega en un momento particular para el gobierno. Cada vez más gente necesita un segundo o tercer trabajo para llegar a fin de mes. Las deudas de las familias con bancos y tarjetas no paran de crecer, y ya no alcanzan sólo a los sectores más golpeados: llegaron a la clase media. El malestar social se cuela incluso en indicadores extremos, como el aumento sostenido de los suicidios, que este año ya superan a los homicidios.

Lo que dice el corpus de la CEA

La agenda de la Conferencia Episcopal Argentina durante el gobierno de Milei es, en aspectos centrales, crítica. Sobre los 113 documentos analizables, 42 —el 37%— toman posición crítica frente al Gobierno, la mayoría desde las Comisiones Episcopales (30 de 42). Los ejes temáticos son relevantes para comprender la deriva de los posicionamientos del Episcopado en estos años. Ya en enero de 2024, ante el DNU 70 y el proyecto de Ley de Bases, la Comisión Nacional de Justicia y Paz advirtió que las modificaciones al orden jurídico —incluida la derogación de la Ley de Tierras 26.737, que afecta a los pueblos indígenas— contrariaban la Constitución, y pidió que no se desprotegiera a jubilados, personas con discapacidad e infancias; meses después, otro documento insistió en que «el territorio es vida, no mercancía» y cuestionó que la derogación saltara la división de poderes. Sobre la situación social, un informe de febrero de 2024 mostró, con series 2004-2023, una fuerte tendencia creciente de la pobreza y la indigencia; otro, de marzo, describió la pérdida de empleo y la caída del consumo en los primeros meses de gestión.

El proyecto de bajar la edad de imputabilidad de 16 a 13 años concentró varios de los documentos más extensos: un análisis técnico-jurídico de julio de 2024 lo enfrentó citando la Convención de Derechos del Niño y estándares de la ONU; en marzo de 2025, otro documento usó datos oficiales del SNIC-SAT para mostrar que los menores representan una porción baja de los delitos; en febrero de 2026, una carta abierta a legisladores —con el respaldo de UNICEF, la Sociedad Argentina de Pediatría y la Asociación de Psiquiatras Argentinos— argumentó con evidencia neurocientífica contra el nuevo Régimen Penal Juvenil.

El DNU 366/2025, que modificó el régimen migratorio, generó al menos cuatro pronunciamientos entre junio de 2025 y agosto de 2026: cuestionan que afecte principios constitucionales, que estigmatice a los migrantes y que habilite rechazos arbitrarios en frontera, y piden sostener la Ley de Migraciones vigente.

La situación de discapacidad aparece en tres documentos de 2025 y 2026: uno denuncia el «desconcierto y desamparo» ante el acceso limitado a salud y rehabilitación; otro expresa adhesión al reclamo salarial de los médicos del Hospital Garrahan; el tercero es una carta directa al ministro de Salud, Mario Lugones, por la crisis de instituciones como el Cottolengo Don Orione, donde 1.200 personas quedaron con aportes estatales retrasados desde fines de 2025.

El ambiente sumó otro frente: ante los incendios que en enero de 2026 alcanzaron Esquel y la cordillera, la CEA pidió al Gobierno declarar la emergencia; contra la reforma de la Ley de Glaciares, dos cartas abiertas a legisladores citaron Laudato si’, Caritas in veritate, Laudate Deum y palabras propias de León XIV para llamar a los glaciares «catedrales» a proteger. Y el proyecto de «inviolabilidad de la propiedad privada» recibió al menos tres pronunciamientos que citan directamente la encíclica Magnifica Humanitas de León XIV, alertan sobre la eliminación de límites a la extranjerización de tierras (hoy 15% jurisdiccional y 1.000 hectáreas) y reclaman una lectura de la propiedad centrada en su función social.

Por último, en marzo de 2026, al cumplirse 50 años del golpe de 1976, un documento de la Comisión Permanente advirtió sobre «tendencias autoritarias» citando a Fratelli tutti, y en agosto una homilía por el 50° aniversario del martirio de monseñor Angelelli recuperó memoria y compromiso con los sectores populares.

CitaLeón XIV llegará en noviembre a un país donde la vida cotidiana se volvió más dura para sectores cada vez más amplios de la población, y a una jerarquía eclesial que, durante casi tres años, no dejó de cuestionar los pilares del programa de Milei. Ese contraste, más que la foto de la llegada, es la historia real de la visita.

La muerte de Francisco no alteró esta línea. Bajo su papado (hasta abril de 2025), la CEA emitió en promedio 1,15 pronunciamientos críticos por mes; bajo León XIV, 1,44. Y los documentos más recientes —contra la reforma de Glaciares y contra la ley de propiedad privada— citan textualmente a León XIV.

 

Coordinar la visita no es acercarse

De ahí la necesidad de distinguir dos planos que por momentos se tienden a mezclar: el papa como figura global y la Iglesia argentina como actor político local, en continuidad pero no en fusión. Que Karina Milei se reúna con la CEA para coordinar logística, seguridad y feriados de cara a noviembre no es un gesto de acercamiento, aunque todos salgan contentos de las reuniones. Horas antes de uno de esos encuentros, el propio Marcelo Colombo, presidente de la CEA, había reclamado públicamente al Gobierno una respuesta sobre el endeudamiento de las familias.

León XIV llegará en noviembre a un país donde la vida cotidiana se volvió más dura para sectores cada vez más amplios de la población, y a una jerarquía que, durante casi tres años, no dejó de cuestionar los pilares del programa de Milei. Ese contraste, más que la foto de la llegada, es la historia real de la visita.

Que la CEA sostenga esta agenda no es un rasgo local ni una rareza doméstica: coincide con lo que el propio León XIV viene diciendo y haciendo fuera de la Argentina. En junio de 2026, en su primer viaje a España, eligió Canarias como escenario y allí, ante quienes llegan cruzando el Atlántico, pidió que las políticas migratorias no se limiten a controlar flujos y reforzar fronteras, sino que atiendan las causas que empujan a la gente a partir. Semanas después, en el V Encuentro Mundial de Movimientos Populares, sostuvo que tratar a los migrantes vulnerables como «basura» o «indeseables» no es ejercicio legítimo de soberanía estatal, sino un delito tolerado por el Estado. Y en Dilexi te, su primera exhortación centrada en el amor a los pobres, retomó de manera explícita el vínculo entre la pobreza estructural y los movimientos sociales que la enfrentan, la misma tradición que la CEA invoca cuando defiende a jubilados, personas con discapacidad y migrantes frente a las políticas del Gobierno argentino. En mayo de 2026, al cumplirse 135 años de la Rerum novarum de León XIII, León XIV firmó su primera encíclica, Magnifica Humanitas —el mismo documento que citan los obispos argentinos contra la ley de propiedad privada—, dedicada centralmente a la inteligencia artificial y donde el papa  pide regulación estatal de la IA, recalificación de los trabajadores frente a la automatización y advierte contra algoritmos que deciden quién es visible y quién queda invisible, plataformas que moldean el discurso público sin rendir cuentas, y una dignidad del trabajador subordinada a la optimización de los sistemas. Meses después, ante una red de legisladores católicos, insistió en que el control de estas tecnologías no puede quedar en manos de unos pocos. El contraste con la desregulación que guía al Gobierno de Milei —en el trabajo, en la economía, y también en su discurso sobre la tecnología— no es casual: la misma encíclica que la CEA usa para defender límites a la extranjerización de tierras es un gran llamado contra el liberalismo de mercado y la desregulación total.

Las cartas de los obispos contra el DNU migratorio, contra la reforma de la Ley de Glaciares o contra el proyecto de propiedad privada vuelven sobre la encíclica de León XIV, sobre su exhortación apostólica, y repiten sus mismos ejes: sobre migrantes, sobre bienes comunes, sobre los límites que el Estado debe poner al poder concentrado. Es porque son parte de la Iglesia católica, con su historia, sus movimientos y sus disputas que no se ven en una foto o un reel de tik tok.

 

*Sol Prieto es investigadora y coordinadora del Programa de Sociedad, Cultura y Religión (CEIL-CONICET)

 

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