Argentina / 14 febrero 2026

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Tucho Fernández, el discípulo de Francisco que es blanco de los ataques conservadores

El cardenal argentino que preside la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio) se ha convertido en el principal blanco de los ataques de los grupos ultraconservadores de la Iglesia. León XIV lo mantiene en su cargo a pesar de la ofensiva y Fernández no resigna las convicciones que hicieron que Francisco lo convocara al Vaticano.

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Víctor Manuel Fernández es un cardenal católico argentino –teólogo y biblista- que desde septiembre de 2023 ocupa el lugar de Prefecto (ministro) de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Vaticano. Para ese cargo lo designó el papa Francisco en base al reconocimiento de sus méritos y a la confianza personal. Fue colaborador directo de Jorge Bergoglio en Buenos Aires y hay quienes aseguran que varios de los textos del papa argentino fallecido tuvieron origen en la pluma y en las ideas de este hombre a quienes todos conocen por el apodo de Tucho. Así lo llamaba también Francisco

Desde su arribo al Vaticano ha sido el blanco de los ataques de los sectores más conservadores de la iglesia. Los motivos son varios. Se lo consideró siempre uno de los principales colaboradores de Bergoglio. Primero en Buenos Aires pero después en Roma. La confianza que depositaba en él Francisco fue lo que hizo que el papa fallecido lo instalara en un puesto clave dentro de la estructura institucional de la Iglesia: el ex Santo Oficio, una butaca que la ortodoxia conservadora siempre consideró como propia. 

El advenimiento de Fernández –un teólogo y biblista dispuesto a traducir en doctrina los acuerdos y enseñanzas del Concilio Vaticano II (1962-65) por indicación de Francisco– fue leída como una agresión por los ultra conservadores y otros que, sin serlo tanto, consideraron el nombramiento como una provocación de Bergoglio.

Máxime cuando, a poco de asumir el cardenal Fernández tuvo la osadía de publicar la Declaración Fiducia supplicans habilitando –entre otros asuntos– la bendición a las parejas de homosexuales o divorciados.  En ese momento volvieron a aparecer falsas acusaciones –que ya se habían conocido en Buenos Aires– que aseguraban que Fernández había incurrido en heterodoxia y hasta en conductas éticamente reprochables. Nada de eso se probó.

Al margen de sus propios “méritos”, los conservadores le asignaron a Tucho toda la responsabilidad sobre hechos y dichos de Francisco. Si no podían atacar al Papa, lo menos era hacerlo con su mano derecha.

Los ultraconservadores no le perdonan a Tucho que haya llegado al lugar en que está y que permanezca allí tras la muerte de Bergoglio. Tampoco que un argentino ocupe un cargo que tradicionalmente estaba reservado a los cardenales europeos, principalmente italianos.

La historia de Tucho

Fernández es cordobés, nacido el 18 de julio de 1962. Su primer título fue el de perito mercantil y su ordenación sacerdotal data de 1986, como sacerdote en la diócesis de Río Cuarto. 

En 2007 participó en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida (Brasil) en su calidad de sacerdote y en representación de Argentina. Dada su trayectoria como asesor en el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en los años precedentes, el entonces cardenal Jorge Bergoglio lo propuso para formar parte del equipo que redactó el documento final de esa conferencia, en la que el ex arzobispo de Buenos Aires tuvo un papel protagónico.

Bergoglio lo designó el 15 de diciembre de 2009 como rector de la Universidad Católica Argentina. El estatuto de la universidad exige que quien ocupa el cargo de rector cuente con el acuerdo de la Congregación para la Educación Católica del Vaticano. Fernández era un hombre resistido en los sectores conservadores de la iglesia y del catolicismo argentino. Muchas cartas llegaron hasta Roma objetando su nombramiento como máxima autoridad de la Universidad Católica. Incluían medias verdades, citas fuera de contexto y mentiras evidentes. Después de muchas idas y vueltas llegó el acuerdo vaticano y el nuevo rector juró su cargo el 20 de mayo de 2011.

En 2013 Fernández fue nombrado obispo auxiliar de Buenos Aires.  El 2 de junio de 2018, cuando Bergoglio ya era Francisco, lo designó arzobispo de La Plata generando un profundo giro en la orientación pastoral de una de las arquidiócesis más conservadoras de la iglesia en Argentina con obispos como Antonio Plaza (1955-1985), Antonio Quarracino (1985-1990), Carlos Galán (1991-2000) y Héctor Aguer (2000-2018). Con el nombramiento de Fernández el papa Francisco asestó uno de los más duros golpes al conservadurismo católico que tenía en la arquidiócesis platense a un bastión de su resistencia al avance de ideas progresistas.

Bergoglio siempre le confió tareas de gran envergadura y riesgo a Tucho Fernández. Por eso, cuando decidió convocarlo al Vaticano para convertirlo en uno de sus asesores principales, lo puso al frente del ex Santo Oficio).  

 

Todos contra Fernández

León XIV llegó al papado prometiendo continuidad con la tarea y el espíritu de Francisco pero con un estilo muy diferente al del  argentino. Sus gestos –incluso el retorno hacia cierta pompa pontificia– fueron leídos por el conservadurismo como una reivindicación. No obstante –teniendo la potestad para hacerlo– Robert Prevost no sustituyó a ninguna de las figuras más encumbradas de la curia romana. Tampoco a Tucho Fernández. Es más. Quienes transitan los pasillos de la Santa Sede aseguran que –sin tener la cercanía ni la amistad que tenía con Francisco– el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe es uno de los más próximos consejeros del papa estadounidense-peruano. 

Los ultraconservadores no le perdonan a Tucho que haya llegado al lugar en que está y que permanezca allí tras la muerte de Bergoglio. Tampoco que un argentino ocupe un cargo que tradicionalmente estuvo reservado a los cardenales europeos, principalmente italianos. Pero si a eso se le suma que en lugar de volver a la idea de la inquisición que entiende las normas eclesiásticas como una suerte de código penal, Fernández prefiere ponderar el discernimiento y la misericordia como parte esencial del anuncio del Evangelio.

Mientras vivió Francisco se encargó de blindar a Tucho y de hacerle de escudo papal ante la ofensiva conservadora. Sus enemigos estuvieron convencidos de que con León esa protección dejaría de existir, pero hoy se sienten decepcionados porque el argentino no solo sigue en su cargo, sino que no cambia ni su perspectiva ni su estilo pastoral. El Papa los respalda.

El efecto contrario es que la permanencia del cardenal Fernández en su cargo se ha vuelto una obsesión para los ultraconservadores. Observan cada movimiento, revisan no solo sus documentos sino hasta sus mínimas declaraciones.

La consigna es “apunten todos contra Fernández”. Mientras tanto, con su estilo y a su manera Tucho, sigue impertérrito y dando continuidad a lo que Francisco le encargó como tarea: renovar la doctrina de la Iglesia para acercarla a la gente en base a la perspectiva del Concilio Vaticano II y sin perder de vista una impronta teológica latinoamericana–que es también pastoral y política– centrada en los pobres y en su dignidad.



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