Argentina / 15 febrero 2026

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Toda esa tarde de gente: ecos del primer Encuentro “Lengua y Literaturas Délticas”

En la Casa Museo Haroldo Conti se llevó adelante una jornada colectiva de crónicas, música y editoriales que reafirmó la cultura isleña como espacio de resistencia. Un encuentro frente al individualismo. La memoria y el paisaje se unieron para pensar otros mundos.

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Una tarde de lecturas, músicas, comidas compartidas, intervenciones, con decenas de personas en una isla, bajo un sol tremebundo, no es algo ni habitual ni se gesta solo. Hace poco más de una semana que pasó el primer Encuentro “Lengua y Literaturas Délticas” y aún rebota en nuestros cuerpos, en nuestras conversaciones, en los mensajes y comentarios que siguen llegando, agradeciendo, rememorando alguna escena, alguna charla. 

Nos propusimos presentar una primera selección de las crónicas “Gente de Isla”, del Taller Conti y para el que invitamos a amigxs escritorxs, editorxs de libros y revistas, músicxs y quien quisiera sumarse. Anduvimos reuniéndonos en la casa que habitó Haroldo Conti en el Delta, durante el año. Allí leímos, conversamos, nos escuchamos. Escribimos sobre los devenires islerxs de cada quien y de otrxs que quisimos rescatar/homenajear. Y queríamos compartir parte de lo hecho con/junto a otrxs, en un encuentro donde poder intercambiar experiencias escriturales/impresas con La Delta como espacio de vivencia, paisaje vivo.

Lo iniciamos nominando las reverberancias haroldianas que nos sostenían e impulsaban.

Hablamos por un lado del “mandato” de la hija de Haroldo, Alejandra, que siempre nos repite que la Casa Museo no debe ser solo un “museo”, bajo la concepción de algo estático, vinculado estrictamente con el pasado, sino un espacio vivo, poblado, de cara a lo que vendrá.

También mencionamos al Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, cerrado por el actual gobierno, y la conversación que tenemos con parte de sus ex-trabajadorxs que se niegan a pensarlo cerrado y que al charlar sobre la Casa Museo nos ilusionamos en pensar juntxs que de “el Conti” surge/se deriva “la Conti”, como persistencia superviviente.

También dijimos que lxs vecinxs del Conti, del arroyo Conti, del vecindario islero en general, encuentran/encontramos aquí un espacio de reunión y sostenimiento de las memorias populares que tienen en uno de sus decidores, Haroldo, y en su casa déltica, una referencia/una trinchera de resistencia, reflexión y enunciación.

La presentación de las crónicas délticas “Gente de Isla”, del Taller Conti – Reparación y Construcción de Memorias, atravesó toda la jornada. En tres intervenciones leyeron Nahuel Carmona, Sofía Astelarra, Alejo Juan, Gisel Cáceres, Lucía Andreotti, Ana Péres y Sebastián Russo Bautista.

En el encuentro se habló del “mandato” de la hija de Haroldo Conti, Alejandra, que siempre sostiene que la Casa Museo no debe ser solo un “museo”, bajo la concepción de algo estático, vinculado estrictamente con el pasado, sino un espacio vivo, poblado, de cara a lo que vendrá.

Primeramente había cantado, recibiendo a lxs primerxs visitantes Lucía Andreotti, cantautora, sobrina de un militante desaparecido, guitarra en mano, caminando por las pasarelas. Continuó una mesa que reunió al proyecto La Residuoteca, presentando el Manual Gros de reciclado; y el Taller de Ecología Política en Humedales presentando sus actividades pasadas, presentes y futuras.

La editorial Milena Caserola presentó los libros Mirar el río. Pensar la ciudad, de Nathalie Goldwaser Yankelevich y otrxs. Y el poemario El resplandor rojizo del faro, de la autora islandesa Linda Vilhjálmsdóttir. Se presentaron también el poemario Heurísitca. Laberintos del acontecer, de Victoria Godoy; y Ahora después, de Guido Zappacosta. Y estaba para ser visto/tocado/habitado el libro Inundar, de Emiliana Cienfuegos.

El predio se vio “embanderado” primero con las obras de Fabiana Di Luca y su taller Benteveos, con dibujos en telas sobre aves de lugar hecho por/con niñxs de la zona. Y hacia el final con la intervención de Violeta Cincioni y Lorena Cacceffo, con un entramado de banderas que fueron desde la casa a la pasarela, con consignas que entramando luchas (socio político ambiental) devinieron una performance colectiva.

Hubo dos mesas de revistas, en la primera compartieron espacio la revista Donde el barro se subleva, editada por la Licenciatura en Comunicación de la UNGS; y la revista Cítrica, que ya lleva 15 años de gestión común. La siguiente mesa de revistas la conformaron Caudal. Sedimento Literario, revista compuesta por narraciones breves y poesías de islerxs; y Aquí no ha pasado Rana, editada por quienes fundaron la revista Timbó.

La música también atravesó todo el encuentro, desde la apertura de Lucía Andreotti. Luego siguieron el Dúo Gatos Patos-Juan Piva y Facundo Guerreschi, el colectivo de sikuris Jamani, cerrando la Escuela de Música para Instrumentos de Viento.

En toda esta conjunción de relaciones y evocaciones surgió lo colectivo, menos como un latiguillo repetido que como una expresión vital, necesaria, salvífica para afrontar las tempestades que azotan estos tiempos y todos los tiempos. Lo colectivo como un modo de hacer que existe en presencia, en tanto se pone en práctica, que se aprende en acto y que configura un estar en el mundo, casi a contrapelo de las formas dominantes/destructivas de hoy día: el individualismo y la interrelación mediada por pantallas.

Allí estuvimos pues entrelazando experiencias, producciones, historias, un “mero” estar isleño amparadxs del calor bajo los mismos árboles que hicieron lo propio con Haroldo, Eduardo Galeano, Mario Benedetti, Rodolfo Walsh, sus hijos, sus compañeras y lxs vecinxs islerxs con los que compartía comidas, tiempo, isla.

Uno de los asistentes, días después, nos decía que si esa tarde, ese terreno se desprendía con quienes estábamos allí reunidos, una otra forma de pensar las cosas, el mundo, él creía se engendraba. La metáfora de la isla Utopía de Tomás Moro (y tantxs otrxs) revoloteaba en sus palabras. Una palabra, un modo de estar con/junto a otrxs, el ambiente, el/lo porvenir, que no debemos dejar de evocar, en/soñar, poner en práctica.

Agradecemos a todxs lxs que participaron, se acercaron y a quienes colaboraron, desde quienes acarrearon equipos de sonido por los hondos bajos fondos isleños a lxs que cocinaron desde días antes y se pusieron al hombro alimentar al casi centenar de personas que yendo y viniendo acudieron a la cita. Nada de esto hubiera sido posible sin la gesta organizativa del Taller Conti, el Clú de lectura de Casa Puente y la revista Caudal y los apoyos de Editorial Milena Caserola y Cultura Tigre, Municipio de Tigre.

 

Más información: @lenguasyliteraturasdéltica

Fotos: Gisel Cáceres y Sebastián Bautista Russo

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