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Modelos en disputa: por qué no hay que subestimar a Milei y los desafíos de la oposición

El oficialismo controla la agenda política y rearma sus fuerzas para una segunda etapa de consolidación de su modelo basado en el individualismo. La oposición aparece desconcertada y sin agenda: no hay una propuesta que aglutine al peronismo, ni tampoco al resto de las fuerzas. El debate central es sobre el modelo de país y de sociedad.

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rompecabezas

En la Argentina actual resulta difícil establecer una agenda de debate político que interese de manera sustancial a la ciudadanía, la invite a participar y se comprometa en la búsqueda de alternativas. El verdadero triunfo -si es que hay tal- de la “batalla cultural” planteada por la derecha consiste en que cada quien tiene que salvarse como pueda, de manera individual y con los recursos a la mano. Es el individualismo contra cualquier pacto solidario. Con la advertencia de que no se trata apenas de un virus político-cultural inoculado en nuestro país, sino que avanza mundialmente transfronteras y en esta parte del mundo liderado por Donald Trump como gran mandamás regional.

La ciencia -también la ciencia política- se apoya en evidencias. Los datos son el necesario sostén para obtener conclusiones y encuadrar estrategias que gobiernan las acciones colectivas y personales. El virus individualista que se extiende como una pandemia en la sociedad descree de los datos -hasta de los económicos que impactan en la vida cotidiana- y desestima toda valoración ética. Así se puede entender que, aún aceptando las dificultades que tanto los asalariados formales como los cuentapropistas tienen para llegar a fin de mes, unos y otros sigan alentando contra toda evidencia la “esperanza” de un futuro más próspero que los impulsa a seguirle dando chances a Javier Milei y Donald Trump para que continúen avanzando con su propuesta económica, política y cultural.

Eso es lo que configura la coyuntura política: un gobierno que está a la ofensiva, consolidando posiciones, frente a una oposición que retrocede desconcertada.

 

El escenario

Las elecciones intermedias del 26 de octubre le dieron al oficialismo una victoria electoral que fue escasa en los números pero más que suficiente en términos simbólicos. Milei y los suyos cosecharon el 41% de los votos en una sociedad donde aproximadamente el 70% atraviesa problemas económicos. Todos -también el 30% que resulta más favorecido en esta situación- reconoce que las estadísticas oficiales no representan la realidad de los bolsillos y las necesidades. Pero eso no alcanza. Las evidencias no juegan en este caso.

Lo que configura la coyuntura política hoy: un gobierno que está a la ofensiva, consolidando posiciones, frente a una oposición que retrocede desconcertada.

Tampoco que la “motosierra” haya dejado sin empleo a miles de trabajadores. Según un estudio del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la cantidad de trabajadores registrados en unidades productivas cayó en 276.624 puestos entre noviembre de 2023 y agosto de 2025. La misma fuente señala que hay 86.982 trabajadores menos en los primeros 21 meses de gestión en “Administración pública, defensa y seguridad social obligatoria”. Es el rubro con mayor pérdida de puestos de trabajo seguido de la “Construcción” (76.292), “Transporte y almacenamiento” (59.838) e “Industria manufacturera” (55.941). Vamos hacia una economía primarizada, financiera, con menos ofertas de empleo y Estado mínimo porque recorta políticas que atendían a derechos sociales.

Hay muchos más datos, pero no tiene sentido seguir agregando porque aún todos ellos sumados no inciden en la mal llamada “opinión pública” que sigue sosteniendo al gobierno. De la misma manera que tampoco inclinan la balanza los casos que involucran a personajes del oficialismo como José Luis Espert y Lorena Villaverde con el narcotráfico, o la corrupción a cielo abierto en la ANDIS mientras se niega la asistencia obligatoria del Estado a las personas con discapacidad.

El oficialismo se rearma y avanza usando el impulso electoral que le dieron los resultados de las elecciones intermedias de octubre último, el poder y los recursos que le otorga el manejo de la gestión del Estado. A la vista está que la LLA sigue sumando a sus filas legislativas a “conversos” del PRO, del radicalismo y también del peronismo. Junta votos y fuerzas para la segunda etapa de su gestión en la pretende erradicar de raíz la sociedad tal cual la hemos conocido hasta ahora.

Sin que ello pueda considerarse como el principal factor de poder, el aparato y la estrategia comunicacional del oficialismo funciona como soporte político clave para el gobierno y sus aliados del poder económico.

El cambio de modelo

A Milei se lo subestimó: no es un improvisado. Tampoco sus mandantes empresarios del poder o sus apoyos internacionales. Aunque se acumulen errores, hay un modelo detrás de cada medida. El debate que enfrenta la Argentina -también otros países de la región- tiene que ver con el modelo de país.

Si bien esa es una advertencia que suele aparecer en algunos grupos y sectores críticos a la LLA, la mayoría de la oposición -en particular el peronismo- continúa con sus devaneos y tironeos internos sin definir a qué proyecto está apostando. Es decir, sin generar un horizonte político social para el futuro -próximo y al menos de mediano plazo-, sin proponer pasos y una estrategia para alcanzarlo.

Lo único que se puede leer desde la periferia política es que las diferencias son siempre personales, por el liderazgo (¿de qué?) y sin discusiones de fondo por lo menos a la vista.

El individualismo que inocula a gran parte de la sociedad afecta gravemente a todas las formas institucionales que le han servido de sostén. En el sindicalismo -en particular en la CGT- es escasa la renovación de figuras y no aparecen nuevas formas de lucha. El peronismo -que hoy sigue siendo la principal fuerza de la oposición- no logra recomponerse en su conducción, en su forma de funcionamiento y en sus propuestas. Más allá de las diferencias políticas en las provincias hay dirigentes peronistas que reclaman cambios institucionales y de organicidad para participar en la toma de decisiones políticas. Esa es la condición fundamental para sentarse a la mesa de negociaciones.

Sin negar el valor estratégico político evidente que tiene la provincia de Buenos Aires -en todos los sentidos y como caudal electoral-, tampoco existen propuestas de un modelo de país que contemple de manera adecuada y con una mirada federal los problemas, las necesidades y las aspiraciones -también la utilización adecuada de los recursos- de las provincias más alejadas de la centralidad porteña y bonaerense. Este es un punto central respecto de la discusión sobre el modelo de país.

La LLA apoya su propuesta política en una estrategia comunicacional sostenida además por el poder económico financiero, nacional e internacional. La oposición -el peronismo en particular- carece de un mensaje político que le permita incidir en la ciudadanía que le viene negando su voto. Seguramente esto ocurre porque las propuestas que antes fueron triunfantes entraron en crisis y ahora no se logran ajustar las piezas del modelo que hay que volver a armar. Lo que sea tendrá también que implementarse sobre la base de una estrategia comunicacional de la que la política actual hoy no puede prescindir.

 

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