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Los “logros” de Estados Unidos en Medio Oriente

Donald Trump frena sus ataques y la República Islámica consolida su control sobre el estrecho de Ormuz imponiendo nuevas reglas de juego: desde un sistema de seguros para embarcaciones en criptomonedas hasta el control de los cables submarinos de fibra óptica. El comercio mundial y potencias como la India ya se adaptan a la nueva geopolítica de Teherán.

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Imagen ilustrativa de barco

Mientras Donald Trump no se atreve por el momento a reanudar los ataques contra la República Islámica de Irán (tenía previsto hacerlo el martes 19), y el jefe del Ejército Pakistaní, el mariscal de campo Syed Asim Munir Ahmed Shah, está en Teherán tratando de que el diálogo entre los Estados Unidos e Irán no se corte, en el estrecho de Ormuz han cambiado las reglas de juego. Y todo gracias a Washington y su gran amigo y aliado, Israel. Alertados los iraníes de la caducidad del Derecho Internacional, han decidido imponer sus propias condiciones para administrar el estratégico paso marítimo, demostrando que pese a las bravuconadas expresadas por el titular de la Casa Blanca, los persas tienen intacto el control de su zona de influencia.

Según reportó PressTV este jueves, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán confirmó que durante esa jornada 31 buques mercantes atravesaron de forma segura el estrecho de Ormuz bajo su supervisión.

«Durante las últimas 24 horas, 31 buques —entre ellos petroleros, portacontenedores y otros navíos comerciales— atravesaron el estrecho de Ormuz con la coordinación y la protección de seguridad de la Armada del IRGC», dice el comunicado citado por el medio.

Y agrega: «a pesar de la agresión del ejército terrorista estadounidense y de la creación de una inseguridad sin precedentes en el Golfo Pérsico, en particular en el estrecho de Ormuz, la Armada del CGRI se esforzó por establecer una ruta clara y segura para el paso y la continuidad del comercio mundial». 

De esta manera, y aún en condiciones precarias, el tránsito marítimo por ese sitio se ha incrementado. Según el portal británico especializado en comercio internacional Lloyd’s List, durante la semana pasada al menos 54 buques, 10 de ellos relacionados con China, atravesaron el paso en cuestión. Ese flujo duplica el registrado hace quince días. De todas formas, los envíos siguen estando muy por debajo de los existentes antes del ataque estadounidense-israelí, cuando cruzaban alrededor de tres mil buques al mes. Durante el pasado mes de abril apenas lo hicieron 191.

En este marco, Teherán habilitó una zona de vigilancia en Ormuz, detallando los límites por donde los buques pueden avanzar. El tránsito por esa vía marítima debe coordinarse con la Autoridad de Gestión de Vías Navegables del Golfo Pérsico para obtener una autorización. Asimismo, tras el pago de una especie de “tasa de seguridad” Irán acompaña a las embarcaciones garantizando su custodia.

Esta es la opción que ofrece la República Islámica ante la negativa de las aseguradoras convencionales a cubrir operaciones en la región. Así, Irán desarrolló un mecanismo alternativo de seguro de transporte, denominado Hormuz Safe, que ofrece seguros para las cargas que atraviesan el estrecho y un sistema de «verificación encriptada» para los buques que operan en la región. Este servicio se paga con criptomonedas, incluido el bitcóin. Según estimaciones iraníes, el programa podría generar más de 10.000 millones de dólares al año. 

Al margen de las protestas teatralizadas de Washington y de la UE, parece que el resto del mundo está dispuesto a aceptar las nuevas reglas de juego antes que quedarse sin suministros: Bloomberg informó que la India, que importa desde el Golfo Pérsico alrededor del 55% del petróleo que consume, ha decidido enviar sus buques al estrecho para cargar crudo.

Otro elemento de presión que han encontrado los iraníes para hacer valer su postura son los cables submarinos de fibra óptica que atraviesan el fondo del estrecho de Ormuz. Por esos cables toda la región se conecta a la infraestructura digital global y también circula por allí una parte importante de las operaciones financieras internacionales.

Otro elemento de presión que han encontrado los iraníes para hacer valer su postura son los cables submarinos de fibra óptica que atraviesan el fondo del estrecho de Ormuz. Por esos cables toda la región se conecta a la infraestructura digital global y también circula por allí una parte importante de las operaciones financieras internacionales. Hace tres semanas, en una publicación de la agencia iraní Tasnim, invocando al portavoz del Ejército iraní, Ebrahim Zolfaghari, se hablaba de «tres pasos prácticos» para aplicar con el cableado: cobrar derechos de licencia a las empresas extranjeras por el uso de los cables; obligar a gigantes tecnológicos como Meta, Google, Amazon y Microsoft a operar según las leyes de Irán; y monopolizar la reparación y el mantenimiento de esa infraestructura.

Ante esta nueva situación, Alan Mauldin, director de investigación de TeleGeography, advirtió que Teherán cuenta con los medios necesarios para hacerlo: buzos de combate, drones subacuáticos y pequeños sumergibles, con los que podría desencadenar una «catástrofe digital» en cadena que afectaría a varios continentes. El daño podría amplificarse si los hutíes de Yemen, aliados de Irán, decidieran tomar una medida similar con el cableado que atraviesa por el fondo del mar Rojo.

En las últimas horas, el portavoz de la Cancillería de Irán, Esmaeil Baghaei, aseguró: “No queremos ninguna concesión de Estados Unidos; simplemente queremos nuestros derechos. Queremos que se nos restituyan nuestros derechos. Durante las últimas cinco décadas, hemos estado sometidos a lo que ellos mismos denominan ‘sanciones paralizantes'». Baghaei reiteró: «Lo que exigimos es el fin de las acciones criminales de Estados Unidos contra la nación iraní; deben levantarse las sanciones y deben liberarse los activos congelados de Irán y ponerse a disposición del país». Las declaraciones del funcionario no dejan margen para la duda: los persas no se correrán un milímetro de su posición.

Trump, Netanyahu, y sus aliados en Oriente Medio dilapidaron vidas humanas y recursos y no han podido lograr absolutamente nada. Ahora no pueden admitir la derrota y retirarse. No pueden aceptar que gracias a su intervención el estrecho de Ormuz pasó a estar totalmente controlado por Teherán, y no pueden exhibir beneficio alguno como resultado de esta aventura bélica. 

 

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